Mark Steyn: «En una clase política saneada, los legisladores tienen que pagarse su propio porno»

Mark Steyn: "En una clase política saneada, los legisladores tienen que pagarse su propio porno"

(Mark Steyn).- Bien, dimitió el presidente de la Cámara. No, no me refiero a Nancy Pelosi sino a Michael Martin, el presidente de la Cámara de los Comunes en Westminster. Han transcurrido siete siglos y medio desde que Sir Peter de Montfort ocupase el puesto de «portavoz» del «Parlamento de Oxford,» y cualquier instancia que perviva durante tanto tiempo está obligada a atraer su buena dosis de impresentables. Aún así, Mr. Martin es el primer presidente de la Cámara en ser expulsado del puesto desde que se diera la patada a Sir John Trevor en 1695 tras aceptar un soborno de 21.000 chelines.

¿21.000 chelines? ¡Y qué más! Vaya perdedor sin blanca (o sin una libra). Mr. Martin presidía un sistema que eliminó de raíz la necesidad de sobornos a base de permitir que los Miembros del Parlamento gastaran la cantidad que quisieran en cualquier necesidad concebible que pudieran tener — y algunas cosillas que no tenían: se supone que sólo puedes cargar unos cuantos objetos de uso personal, pero Phil Woolas, Ministro de Inmigración de Gran Bretaña, logró que el estado le devolviera el importe de una compra de lencería femenina y tampones. Quizá se le haya ocurrido algún tipo de juego malabar con el fin de entretener a los dignatarios en visita oficial.

Aquellos parlamentarios menos imaginativos que Mr. Woolas la cuelan «rentabilizando» (que es como se llama) sus residencias principal y secundaria, y haciendo que el contribuyente pague el mantenimiento de la más cara. Ni siquiera tiene que ser propietario de los dos inmuebles para hacer que el estado pague «la segunda”: la Ministra de interior, Jacqui Smith, designa la residencia de su hermana en Londres como su residencia principal, y el estado le devuelve los gastos de «su segunda residencia» y los de su única residencia real en Worcestershire. El Vizconde Hailsham, como sugiere su título, tiene necesidades características en materia de mantenimiento de propiedades: se le abonaron 2.115 libras en concepto de dragado del foso de su castillo.

Bueno, antes de fijarse en el foso del ojo ajeno, ponga sus ojos en el foso del propio. Seamos bipartidistas. En la Cámara de los Comunes, todo el mundo chupa: los viejos guerreros socialistas de la lucha de clases, los timadores del Nuevo Laborismo Blairita, los sentimentales frescos conservadores Tory sin ningún principio claro, los radicales de la derecha. John Prescott, ex Primer Ministro en funciones, presentó facturas por valor de 112,52 libras en concepto de reparaciones de su taza del baño. A Sian James le devolvieron 52 peniques en concepto de chocolate, y a Andrew Rosindell 1,31 libras por un pedido de pastel de anguilas. Gerry Adams, del Sinn Fein, junto a cuatro de sus correligionarios republicanos irlandeses, se niega a realizar el juramento de investidura en la Cámara porque rechazan jurar lealtad a una Reina a la que no reconocen. Pero aun así, han logrado reclamar más de medio millón de libras en dietas. ¿No es el trabajo ideal? No tiene usted que hacer acto de presencia nunca, pero van a seguir haciéndose cargo de sus gastos.

Y por lo menos Gerry Adams & Compañía tienen como objetivo declarado la destrucción del Reino Unido en su forma actual. ¿Cuál es la excusa de los Tories, los liberales y los socialistas?

Para sus electorados, el escándalo es una infrecuente muestra de una verdad central en torno a la política en una democracia occidental avanzada: una vida dedicada «a atender las necesidades de la nación» es una vida de que se atiendan tus necesidades a expensas de la nación. Los sueldos son bajos pero las gratificaciones no tienen límite. Hace algunas semanas, mientras la Secretario de Interior estaba de viaje y su pobre marido estaba buscando la forma de echar la tarde, adquirió dos películas pornográficas en el cable — «A petición expresa» y «Carne al punto 3» — que, a la vuelta de ella, su parienta cargó puntualmente al erario público. La mayoría de nosotros, tanto si logramos un trabajo en el ultramarinos, la consulta del dentista o National Review, contamos con tener que pagar nuestros propios fosos, tazas del baño, bombones y pases de «Carne al punto 3.» Pero estar «al servicio de la nación» significa no tener que decir nunca «oye, esto corre de mi cuenta.”

Existen variaciones locales, por supuesto. En Estados Unidos no creo que pueda reclamar el importe de la reparación de la taza del baño de su segunda residencia, pero a cambio su segunda residencia puede venirle rodada, como la «cabaña irlandesa” de Chris Dodd, a un precio excepcionalmente competitivo. Un Senador recibe entre 2,3 y 3,7 millones de dólares en concepto de gastos menores de su oficina. La sentencia de conformidad de Tom Daschle por sus irregularidades fiscales puede ejemplificar una cultura política entera: nunca se le ocurrió, volviendo de pronto a la vida privada y revisando su agenda en busca de algún posible empleo de consultoría menor y alguna conferencia, que las cosas como los chóferes o las limusinas fueran prestaciones fiscalizables que se supone que los miembros de la clase no legisladora deben declarar a Hacienda. Después de todo, en el Congreso, las cosas van de esta forma: declarar el gasto de tu conductor sería igual de estúpido que declarar el aire o el césped.

¿Recuerda usted la histeria del ántrax justo después del 11 de Septiembre? ¿Se acuerda de lo sorprendido que estaba cuando supe por la radio que 34 miembros de la plantilla del Senador Daschle habían causado baja por envenenamiento con ántrax? No me sorprendió que hubieran sido envenenados, pero me dejó de piedra que el Senador Daschle tuviera 34 empleados en plantilla. ¿Para qué?

Puede usted decir que bueno, ahora las cosas son mucho más complejas de lo que eran en el siglo XVIII. ¿Pero no es ese uno de esos acertijos como el del huevo y la gallina? ¿Necesitan ahora los legisladores una cuenta ilimitada de gastos porque el gobierno se ha vuelto tan gigantesco y complejo? ¿O el gobierno se ha vuelto tan gigantesco y complejo porque los legisladores tienen cuentas de gasto ilimitado? O dicho de otra forma: cuando un «legislador civil» se pone al mando de un presupuesto para gastos menores de 3,7 millones de dólares, ¿es muy probable que usted tenga un gobierno pequeño?

Se dice que la opinión pública británica está que trina y amenaza con presentarse como independiente por todo el país, lo que en un sistema parlamentario podría causar verdaderos estragos. Veremos si aprenden la verdadera lección – que una clase legislativa permanente, profesional y de carrera no es ningún amigo de la democracia. En una clase política saneada, nuestros legisladores lo deben ser a tiempo parcial, deben estar mal remunerados, no deben tener ninguna dieta y tienen que pagarse su propio porno.

© 2009, Mark Steyn

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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