Panzuto conoció a la Camorra a través de una tía que se había casado dentro de la mafia

Gennaro Panzuto, el jefe de la mafia italiana que esquivó a la justicia entre caravanas de Inglaterra

En Inglaterra ganó dinero intercambiando los productos de una compañía a otra esquivando el 20% de IVA que otros comerciantes tenían que pagar legítimamente

Gennaro Panzuto, el jefe de la mafia italiana que esquivó a la justicia entre caravanas de Inglaterra
Gennaro Panzuto PD

Gennaro Panzuto escogió un aparcamiento de caravanas para escapar de su historial delictivo. Ese escrito con sangre en las calles de Nápoles.

«Mis delitos van desde asesinato, intento de asesinato y crimen organizado, extorsión, tráfico de drogas, tráfico de armas y lavado de dinero», admite el mafioso italiano en 2019 y desde la prisión.

Gennaro Panzuto, que nació en la caótica ciudad de Nápoles en 1974, comenzó su camino en el mundo criminal con solo 14 años, cuando descubrió que era un ladrón eficiente.

Panzuto era tan bueno haciendo eso que las personas a las que les vendía le pidieron que se mudara a España, donde podía obtener mayores ganancias. De lunes a viernes estaría robando relojes. Luego, el sábado, llevaría a casa su botín.

Panzuto conoció a la Camorra a través de una tía que se había casado dentro de la mafia.

Su esposo, Rosario Piccirillo, encabezaba uno de los clanes en su pobre distrito y administraba el contrabando de cigarrillos exento de impuestos que generó enormes ganancias para su alianza en la ciudad.

Pero Rosario no era un líder brillante, y tenía pocos soldados de a pie para hacer su voluntad. Se dio cuenta de que necesitaba entrenar a un aprendiz en quien pudiera confiar con su vida, para ayudar al clan a sobrevivir.

Panzuto fue llamado a Nápoles desde España para lo que se convertiría en una reunión que cambiaría su vida.

Conoció a su tío Rosario en Mergelina Marina, un patio de recreo de ricos en el límite del territorio del clan.

Allí, a Panzuto le presentaron a un mafioso «senior» de la Camorra, un hombre que había resuelto los problemas de su clan.

La sangre

Este hombre tenía una propuesta para el entonces ladrón de la calle. Los rivales planeaban dispararle a Rosario en una creciente batalla de ojo por ojo por el control de esa parte de la ciudad.

«Mata a la persona que quiere matarlo», le dijeron a Panzuto. «Tienes que hacerlo porque eres su familia». Panzuto, entonces, aceptó convertirse en un asesino.

Cuando me contó su decisión, lo hizo de una manera tan real que no tenía ningún sentido para mí.

Después de 12 años en prisión, Panzuto insiste en que finalmente se dio cuenta del horror de lo que hizo. Ha pasado por varios períodos de psicoterapia diseñados para hacer que los delincuentes violentos se hagan responsables de sus acciones.

Dice que también ha hecho frente a su propia inhumanidad, pero hay recuerdos de los que nunca puede escapar.

«No recuerdo las caras», dice. «Recuerdo el ruido sordo de los cuerpos cayendo después de dispararles. Recuerdo los gritos de los niños, las mujeres, resonando en mis oídos».

Durante la siguiente década, Panzuto llegó a desempeñar un papel principal tanto en la extorsión como en el envío de drogas a su territorio, La Torretta.

Y en 2005, el tío Rosario estaba tan metido en problemas policiales que el aprendiz tuvo que hacerse cargo, para detener el colapso del clan.

Nueva etapa

«Panzuto necesitaba afirmar su propio carácter criminal: su peso criminal», dice: «Como asesino, pero también como alguien que quería reemplazar a su tío como gerente». Quería encabezar un clan que pudiera extenderse a otras áreas de la ciudad.

Durante el invierno de 2005, hubo una serie de tiroteos y asesinatos, mientras las pandillas se mataban entre sí.

Finalmente, uno de estos asesinatos, de un gángster llamado Graziano Borelli, iba a ser vinculado directamente con Panzuto.

La policía había interceptado una conversación en la que Panzuto le había dicho a sus pistoleros que llevaran a cabo el asesinato, y tenían pruebas suficientes para hacer los arrestos.

Pero Panzuto no se veía por ninguna parte. Había huido del país.

Vida en el parque

La temperatura media en pleno verano en Nápoles es de 24 grados.  En Lancashire es 16. Y si hay algo de lo que se quejan los italianos cuando van a Inglaterra, aparte de la comida, es el clima.

Pero Preston, en Lancashire, fue el lugar al que huyó Panzuto en los primeros meses de 2006. ¿Por qué a este rincón improbable de Inglaterra? Panzuto me lo explicó durante nuestro encuentro en la prisión.

La Camorra tiene enlaces en toda Europa para hacer negocios. Algunas de sus ganancias provienen del movimiento ilegal de bienes libres de impuestos dentro y fuera de Nápoles, y los clanes lo hacen con la ayuda de socios extranjeros.

Uno de los socios más cercanos de Panzuto en Nápoles había hecho profundas conexiones con una pandilla del crimen organizado en el noroeste de Inglaterra.

Cuando la policía lo acechó después del asesinato de Borelli, los amigos británicos de Panzuto le ofrecieron refugio en Lancashire. Esto le dio dos oportunidades: esconderse por un tiempo y aprender sobre un negocio lucrativo.

Una vez allí, se encontró con el círculo más amplio que rodeaba al hombre de negocios y recibió importantes ideas para sus operaciones. Panzuto les dijo que su prioridad era permanecer bajo perfil, y el empresario británico dijo que podía resolverlo de inmediato.

Panzuto, entonces, alquiló una unidad en el parking de caravanas, y su esposa e hijos llegaron de Nápoles.

Era un lugar acogedor, y los vecinos felizmente le prestaban a la familia un teléfono para llamar a Nápoles. A nadie se le ocurrió en ese momento que esto era un poco extraño, dado que claramente tenía dinero.

Uno de los vecinos que ayudó a los Panzuto a establecerse fue Mick Bury.

Al poco tiempo se hicieron amigos. Durante las finales de la Copa del Mundo de ese verano en Alemania, compartieron risas y cervezas mientras veían a Italia ganar el torneo por cuarta vez.

«Mis amigos me bromeaban: ‘oye, debes tener cuidado, podría ser un hombre de la mafia…'», me decían.

La gente en el aparcamiento amaba a este extravagante nuevo residente.

Nuevos delitos

A los pocos meses de llegar a Reino Unido, el empresario le mostró a Panzuto lo fácil que era abrir compañías falsas, a diferencia de Italia. Eso hizo que el delito de «cuello y corbata», ocultando ganancias criminales en transacciones aparentemente honestas, fuera muy fácil.

A diferencia de la Camorra, el jefe británico no necesitaba vender drogas ni extorsionar a las empresas locales. Simplemente intercambiaba los productos de una compañía a otra esquivando el 20% de IVA que otros comerciantes tenían que pagar legítimamente.

Panzuto me dice que nunca entendió por completo lo que estaba sucediendo, pero equivalía a un fraude carrusel, un crimen que le cuesta a los gobiernos miles de millones cada año.

Las estafas demostraron ser lucrativas, y el jefe de negocios británico dijo que podía ayudar a mover más zapatos, piezas de baño y automóviles, para cubrir los gastos de Panzuto.

El italiano dijo que el plan ayudaría a su gente, y sabía que apuntalaría su propia posición en la Camorra. Comenzó a investigar la creación de una red de tiendas y almacenes en las cercanías de Preston, y posiblemente de Manchester, para generar aún más efectivo para enviar a Nápoles.

Pero el joven y ambicioso jefe, arrullado en una falsa sensación de seguridad por la arrogancia de sus asociados británicos, ya estaba cometiendo errores.

Los detectives necesitaban saber con certeza si Panzuto estaba en Inglaterra. Pidieron ayuda a la policía inglesa, la Scotland Yard, y a la Agencia contra la Delincuencia Organizada.

Y fue entonces cuando su presa cometió errores al exponer movimientos que revelarían su ubicación.

En 2007 Panzuto se había mudado del aparcamiento de caravanas a una casa adosada en Cock Robin Lane, Garstang, un pueblo encantador y tranquilo al norte de Preston.

Para reforzar su creciente poder, Panzuto fue lo suficientemente valiente como para invitar a todos sus aliados a una cumbre de la mafia en Cock Robin Lane. Alrededor de una docena de líderes de toda su alianza hicieron el viaje, incluidos los jefes de tres de los mayores clanes de Nápoles.

Sin embargo, gracias a una serie de pericias de la policía, su negocio llegó a su fin.

El 16 de mayo de 2007, llamaron a la puerta.

Los oficiales británicos preguntaron si había armas en la casa. Panzuto confirmó que no había ninguna y se rindió en silencio. Ninguno de sus vecinos se dio cuenta de lo que había sucedido, o de quién era él, hasta que se fue.

En medio del frenesí mediático que siguió, un tribunal británico escuchó que era buscado por el asesinato de Borelli y estaba vinculado a muchos otros.

Gennaro Panzuto no luchó contra la extradición.

El jefe de la mafia estaba acusado de asesinato y enfrentaba cadena perpetua hasta que le ofrecieron la posibilidad de una nueva vida, después de salir de prisión.

Pero eso significaría romper el código de silencio de la mafia, llamada «u Omertá».

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