Australia ha anunciado que Melbourne, la segunda ciudad mayor del país, impondrá durante seis semanas un confinamiento a sus casi cinco millones de habitantes después de sufrir un rebrote de coronavirus.
Así lo ha anunciado el primer ministro del estado Victoria, Daniel Andrews, con el objetivo de controlar la expansión del virus, ya que este martes 7 de julio registraron allí 191 casos, gran parte de ellos, de contagios locales y al menos 37 vinculados a focos desconocidos. Las autoridades han alertado que hay al menos 772 casos activos.
Andrews ha reconocido que, con estos datos, «es simplemente imposible» poder rastrear los contactos de todos los contagios para contener posibles focos. «Estamos en el inicio de algo muy, muy malo si no tomamos medidas ahora», ha advertido el dirigente.
«No es donde queríamos estar»
De esta forma, los habitantes de Melbourne -y de la comarca de Mitchell- no podrán salir de casa salvo para trabajar, hacer la compra, practicar ejercicio o acudir al médico.
«No es donde queríamos estar, pero tenemos que enfrentar la realidad de nuestra situación. No hacer nada tenía consecuencias mortales», ha dicho Andrews en un comunicado, en el que ha admitido que «no habrá algo parecido a la ‘normalidad'» hasta que no haya una vacuna o un tratamiento efectivo frente a la COVID-19. «Por cada restricción que te saltes o recomendación médica que ignores, la consecuencia puede ser la vida de alguien», ha añadido.

