LA GUERRA ECONÓMICA ENTRE ESTADOS UNIDOS Y CHINA SE AGRAVA

Trump espera una llamada de Xi Jinping que podría no llegar

Las tensiones comerciales entre Washington y Pekín alcanzan un punto crítico mientras Donald Trump confía en que Xi Jinping ceda, pero las señales desde China indican lo contrario

Trump espera una llamada de Xi Jinping que podría no llegar

Hoy, 11 de abril de 2025, las relaciones entre Estados Unidos y China atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas. El presidente Donald Trump, confiado en su estrategia de presionar a través de aranceles históricos, espera que su homólogo chino, Xi Jinping, se comunique para negociar. Sin embargo, desde Pekín, las señales apuntan a que esa llamada podría no producirse. Este enfrentamiento comercial, que algunos ya catalogan como una «guerra económica», tiene implicaciones profundas no solo para ambas potencias, sino para la economía global.

Con aranceles estadounidenses sobre productos chinos incrementados hasta el 125 %, y contramedidas chinas que llegan al 84 %, el comercio bilateral ha caído drásticamente. A pesar de los costos económicos evidentes, ambas naciones parecen decididas a mantener su postura. Trump insiste en que su estrategia forzará a Xi a negociar, pero desde China prevalece una narrativa de resistencia y autodependencia.

Contexto y raíces del conflicto

El conflicto comercial entre las dos mayores economías del mundo comenzó durante el primer mandato de Trump en 2018, cuando el presidente estadounidense acusó a China de prácticas comerciales desleales y robo de propiedad intelectual. Desde entonces, las tensiones han escalado en oleadas sucesivas de aranceles y represalias. La situación actual marca un punto álgido: mientras Trump endurece sus medidas con la esperanza de obtener concesiones, Xi Jinping refuerza su discurso nacionalista y su estrategia de «resistencia económica».

En términos históricos, China ha adoptado un enfoque conocido como chiku o «comer amargura», que refleja su capacidad para soportar dificultades económicas en pos de objetivos mayores. Este enfoque ha sido clave en momentos críticos como la era del Gran Salto Adelante o la respuesta inicial a la pandemia de COVID-19. En este caso, Pekín busca reducir su dependencia del mercado estadounidense y fortalecer su consumo interno.

Consecuencias económicas globales

El impacto económico del conflicto es significativo y va más allá de Estados Unidos y China. Según analistas internacionales:

  • Inflación global: Los aranceles han incrementado los costos para los consumidores estadounidenses, mientras que la reducción en el comercio bilateral afecta cadenas de suministro globales.
  • Reconfiguración comercial: Países como Japón y Corea del Sur buscan proteger sus economías mediante acuerdos regionales o nuevas alianzas comerciales.
  • Desaceleración económica: Tanto Estados Unidos como China enfrentan riesgos internos; en el caso estadounidense, el aumento de precios podría erosionar el apoyo político a Trump, mientras que en China la desaceleración del crecimiento económico podría generar tensiones internas.

Además, los sectores más afectados incluyen la tecnología (donde los materiales raros juegan un rol crucial), la agricultura (con exportaciones estadounidenses como la soja bloqueadas por aranceles chinos) y el comercio minorista global.

Estrategias divergentes

Mientras Trump apuesta por una postura agresiva basada en su percepción de superioridad económica («tenemos todas las cartas», ha afirmado), Xi Jinping parece jugar una estrategia a largo plazo. Pekín ha implementado restricciones adicionales a empresas estadounidenses operando en China y limitado exportaciones clave como minerales raros. Estas medidas buscan tanto dañar sectores estratégicos estadounidenses como reforzar su narrativa interna de autosuficiencia.

Por otro lado, expertos advierten que ni Estados Unidos ni China están completamente preparados para las consecuencias de este enfrentamiento prolongado. Las tensiones podrían derivar en una ruptura más amplia del sistema comercial internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial.

¿Qué esperar?

La posibilidad de una resolución rápida parece remota. Ambas partes están atrapadas por dinámicas políticas internas: Trump necesita mostrar fuerza ante sus votantes en un año electoral, mientras que Xi no puede permitirse aparentar debilidad frente al Partido Comunista Chino. Además, los efectos secundarios del conflicto ya comienzan a sentirse en terceros países y podrían intensificarse si no se logra desescalar.

Sin embargo, como señalan algunos analistas políticos, «las guerras de desgaste eventualmente terminan». La pregunta es cuánto daño estarán dispuestos a soportar ambos países antes de buscar una salida negociada. En cualquier caso, el panorama actual deja claro que tanto Estados Unidos como China saldrán debilitados si persisten en este rumbo.

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