RUSIA MANTIENE SUS EXIGENCIAS TERRITORIALES ANTE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ

Putin juega a dos bandas: acepta el plan de Trump como ‘base’ pero amenaza a Zelenski con conquistar por la fuerza lo que quiere

El líder ruso reitera sus demandas maximalistas sobre territorios ocupados mientras negocia con enviados estadounidenses. Amenaza con continuar la guerra si Ucrania no cede tierra.

Putin juega a dos bandas: acepta el plan de Trump como 'base' pero amenaza a Zelenski con conquistar por la fuerza lo que quiere
La guerra de Ucrania. PD

Al cruel zar del Kremlin no le tiembla el pulso.

Vladimir Putin ha endurecido, todavía más, su postura respecto a la guerra en Ucrania.

Durante una reciente intervención en Kirguistán, el presidente ruso manifestó su disposición a considerar el plan de paz de 28 puntos propuesto por la administración Trump como un punto de partida para futuras negociaciones.

Sin embargo, rápidamente cerró las puertas a un verdadero acuerdo al insistir en que las fuerzas ucranianas deben retirarse de los territorios que controlan o, de lo contrario, Moscú tomará acciones militares.

Esta declaración de Putin se produce en un momento clave. El enviado especial estadounidense Steve Witkoff tiene programado un viaje a Moscú la próxima semana para entablar conversaciones directas con el Kremlin, en lo que representa un nuevo intento por parte de la administración Trump de reactivar las negociaciones de paz.

No obstante, las palabras del líder ruso sugieren que cualquier avance será muy limitado. «Las tropas ucranianas se retirarán de los territorios que ocupan y entonces cesará la lucha. Si no se retiran, lo lograremos por la fuerza», afirmó Putin ante los medios.

Su mensaje fue inequívoco: no hay espacio para compromisos reales; solo se trata de que Ucrania acepte las condiciones impuestas por Rusia o, en su defecto, continuar el conflicto.

La posición maximalista de Moscú

Para Putin, lo que considera «territorios ocupados por Ucrania» incluye las regiones de Donetsk y Luhansk, parte del Donbás, así como Crimea, que Rusia anexionó ilegalmente en 2014. Además, Moscú reclama control total sobre Zaporizhzhia y Kherson, donde actualmente mantiene una ocupación parcial. Estas exigencias abarcan aproximadamente el 20% del territorio ucraniano. Para Kiev, aceptar estas condiciones significaría recompensar la agresión rusa, algo que han rechazado rotundamente.

El mandatario ruso ha mantenido sus exigencias sin cambios durante meses. En encuentros previos con representantes de la administración Trump, Putin dejó claro que Ucrania debe ceder completamente dos de las cuatro regiones reclamadas por Rusia. Actualmente, Rusia controla casi toda Luhansk, mientras que en Donetsk solo posee alrededor del 75%. La estrategia de Moscú es evidente: mientras avanza militarmente, incrementa sus demandas territoriales, confiando en que el desgaste de Ucrania y la presión diplomática internacional obliguen a Kiev a aceptar una paz dictada por Rusia.

Putin también desestimó rotundamente la posibilidad de mantener negociaciones directas con el gobierno ucraniano. Aseguró considerar al gobierno de Zelenski como ilegítimo, argumentando que Ucrania no ha podido celebrar elecciones debido a la ley marcial vigente. Esta postura elimina cualquier posibilidad de diálogo bilateral convencional y complica enormemente los esfuerzos diplomáticos. El líder ruso subrayó que debe ser Estados Unidos quien actúe como mediador y reconozca la soberanía rusa sobre los territorios que pretende incorporar.

Señales contradictorias en las negociaciones

La actitud de Putin hacia el plan de 28 puntos es ambigua. Aseguró que tras las conversaciones en Ginebra, entre funcionarios estadounidenses, europeos y ucranianos, el documento fue reorganizado en cuatro componentes y que Rusia está dispuesta a aceptarlo como base para futuros acuerdos. Sin embargo, esta aparente flexibilidad se desmorona al revisar los detalles. El plan impone condiciones severas a Ucrania, entre ellas limitaciones al tamaño de su ejército, prohibición para adherirse a la OTAN y, crucialmente, una retirada completa de Kiev del Donbás.

Lo realmente complicado es que Putin no solo rechaza cualquier compromiso territorial significativo; además sigue escalando sus objetivos militares. Mientras habla sobre paz, el ejército ruso avanza lenta pero firmemente hacia ciudades estratégicas como Pokrovsk, conocida por los rusos como Krasnoarmeysk, vista como la «puerta de entrada al Donetsk». Analistas militares independientes advierten que esta ofensiva refleja un creciente impulso por parte de Moscú, a pesar del ritmo lento y del elevado costo humano reportado.

La paradoja de las conversaciones mientras escala

Se presenta una contradicción fundamental en la postura rusa. Por un lado, Putin participa en negociaciones con enviados estadounidenses y acepta formalmente un plan de paz como punto inicial; por otro lado, lanza amenazas explícitas sobre continuar la guerra y rechaza dialogar con Kiev. Además, ha emitido un decreto presidencial titulado «Política Nacional Rusa hasta 2036», ordenando intensificar los esfuerzos para eliminar toda traza cultural ucraniana en los territorios bajo control ruso. Este decreto entrará en vigor en enero de 2026.

Este documento revela lo que muchos analistas consideran la verdadera intención detrás de las acciones de Putin: no busca una paz que permita coexistir con una Ucrania independiente y soberana; su objetivo es absorber a Ucrania bajo dominio ruso. Las exigencias rusas sobre desmilitarización total, prohibición de alianzas occidentales y reconocimiento territorial no son puntos negociables; son condiciones para una rendición incondicional.

En sus declaraciones también se permitió burlarse parcialmente del plan de paz propuesto. Desestimó afirmaciones sobre preparativos rusos para atacar países europeos; sin embargo, curiosamente ofreció firmar un documento formal comprometiéndose a no invadir Europa. La ironía presente en su comentario resalta su confianza en la situación militar actual y su percepción sobre una Occidente dividido y fatigado.

El factor Witkoff y las filtraciones

La inminente visita de Steve Witkoff a Moscú se da en medio de controversias. El enviado especial estadounidense enfrenta críticas tras filtrarse una conversación donde supuestamente asesoraba a un funcionario ruso sobre cómo influir en la Casa Blanca. Al respecto, Putin comentó sobre dicha filtración sugiriendo que podría constituir un delito; sin embargo, dejó abierta la posibilidad de que estos reportes fueran fabricados. Este incidente refleja tensiones internas respecto a la estrategia pacificadora promovida por Trump y dudas sobre si Witkoff está siendo manipulado por Moscú.

Para Ucrania, el panorama es desalentador. Su principal negociador ha reiterado enfáticamente que nunca cederán territorio ante Putin; esto marca una línea roja que hace prácticamente imposible cualquier acuerdo bajo los términos actuales. Tanto Zelenski como su equipo consideran el plan de 28 puntos como una propuesta desproporcionadamente favorable para Rusia, especialmente respecto a limitaciones militares y prohibiciones para ingresar a la OTAN.

La estrategia rusa de desgaste

Del análisis surge una estrategia clara: Putin está dispuesto a participar indefinidamente en negociaciones mientras prosigue la guerra; espera así que Occidente se canse y presione a Ucrania para aceptar términos cada vez más favorables para Moscú. Con cada mes que pasa, Rusia gana más territorio aunque sea lentamente; al mismo tiempo crece la fatiga occidental frente al conflicto. La participación constante en negociaciones le permite a Putin mostrar una imagen pública favorable mientras mantiene abierta la opción bélica indefinidamente.

Las próximas conversaciones entre Witkoff y funcionarios rusos serán clave para entender hacia dónde se dirigen estas tensiones. Si Putin mantiene sus posiciones rígidas sin mostrar flexibilidad alguna quedará claro que las negociaciones son principalmente un ejercicio propagandístico. En cambio, si hay algún tipo de movimiento—por mínimo que sea—podría indicar que Moscú percibe algún tipo presión o considera cambios suficientes como para buscar un acuerdo realista. Por ahora todo apunta hacia un futuro donde Rusia continuará persiguiendo sus objetivos mediante coerción mientras mantiene la ilusión diplomática abierta al diálogo.

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