Al Anbiya, en cadena nacional, juró una “guerra hasta la humillación” de EE.UU. e Israel, con lanzamientos de proyectiles hacia Tel Aviv que dejaron solo heridos leves.
de Washington celebran que, pese a la retórica, los misiles no hayan cambiado el curso estratégico: la infraestructura clave de Irán —refineries, centros nucleares y bases aéreas— está severamente dañada y la economía mundial se desploma tras semanas de bloqueo en el estrecho de Ormuz.
Estados Unidos y sus aliados insisten en que la operación militar es “precisa y proporcional”, mientras Trump ofrece ahora un puente hacia la negociación: Irán debe aceptar un acuerdo de desnuclearización o “volver a la Edad de Piedra” en términos de capacidad militar.
Para el Pentágono, el objetivo no es castigar a la población civil, sino neutralizar una amenaza regional que ha financiado Hezbollah y grupos armados en Afganistán, Siria e Irak durante décadas.
En Tel Aviv, civiles celebran la Pascua judía en refugios, pero muchos ven en la respuesta de Israel una defensa legítima tras ataques persistentes de Teherán.
Para la Casa Blanca, el mensaje es claro: el mundo pagará un precio económico, pero EE.UU. está dispuesto a arriesgar su popularidad para asegurar que el régimen iraní no imponga su caos en Oriente Medio.

