La frágil pausa en el conflicto entre Estados Unidos e Irán ha durado menos de un día. Apenas horas después de anunciarse un alto el fuego temporal, Teherán ha ordenado la paralización del tráfico marítimo en el estrecho estratégico de Ormuz, desatando una nueva escalada de incertidumbre en la región.
Medios oficiales iraníes, entre ellos Fars y la agencia estatal IRNA, confirmaron la interrupción del paso de petroleros por esta vía clave para el comercio energético mundial. Según estas fuentes, la decisión responde a lo que consideran una violación del acuerdo por parte de actores aliados de Washington.
El detonante habría sido la ofensiva israelí sobre territorio libanés, una operación que Irán vincula directamente con el incumplimiento de la tregua. Sin embargo, tanto Israel como Estados Unidos han insistido en que Líbano y el grupo Hezbolá no formen parte del pacto alcanzado.
La Guardia Revolucionaria iraní ha elevado el tono al anunciar que cualquier embarcación que intente atravesar el estrecho sin autorización será considerada objetivo militar. Empresas del sector marítimo ya han confirmado que la Armada iraní ha emitido alertas directas a los buques presentes en la zona.
Mientras tanto, desde Washington se niega que el bloqueo sea real. La Casa Blanca sostiene que el tráfico marítimo continúa con normalidad y califica de falsas las informaciones sobre un cierre efectivo del paso.
El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, es una pieza central del acuerdo anunciado por Donald Trump, que contemplaba dos semanas de alto el fuego a cambio de garantizar la libre circulación de crudo. La interrupción del tránsito pone en jaque ese compromiso y amenaza con reactivar el conflicto a gran escala.
En paralelo, Israel ha defendido su ofensiva en Líbano y ha responsabilizado al gobierno de Beirut por no actuar contra Hezbolá. Las autoridades israelíes sostienen que continuarán las operaciones hasta neutralizar a la milicia respaldada por Irán, incluso al margen de cualquier acuerdo entre Washington y Teherán.
La combinación de estos factores deja el escenario en un punto crítico, con una tregua debilitada y el riesgo de que el conflicto se expanda más allá de los actores inicialmente implicados.

