Dos meses de conflicto

Trump revela la ‘súplica desesperada’ de Teherán para abrir Ormuz

Colapso total en el régimen: piden auxilio urgente a EE.UU. mientras resuelven su caos interno; Israel niega invasión en Líbano pero intensifica ataques contra Hezbolá

Trump revela la 'súplica desesperada' de Teherán para abrir Ormuz
Trump PD.

Más de dos meses después del inicio de los ataques conjuntos EE.UU.Israel contra Irán el 28 de febrero de 2026, la fase de bombardeos intensivos ha dado paso a algo diferente y en ciertos aspectos más peligroso: una guerra de desgaste económico en la que el tiempo es el arma principal y Ormuz es el campo de batalla.

El alto el fuego frágil alcanzado a principios de abril redujo las hostilidades abiertas pero no resolvió nada. Las tensiones con Hezbolá en Líbano siguen activas. Y el Estrecho de Ormuz, por donde pasa entre el 20% y el 25% del crudo y gas licuado mundial, permanece prácticamente cerrado para el comercio global.

El doble bloqueo que estrangula el estrecho

La situación en Ormuz es el punto más crítico y el más revelador de la lógica que está gobernando el conflicto.

Irán impuso restricciones severas al tráfico marítimo tras los primeros bombardeos, minó zonas del estrecho y comenzó a cobrar peajes a determinados buques. Washington respondió el 13 de abril estableciendo un bloqueo naval contra los puertos iraníes. El resultado es un «doble bloqueo» que ha colapsado el tráfico: de los 120 a 140 buques diarios que circulaban antes de la guerra, hoy apenas pasan unos pocos. Los petroleros iraníes han tenido que dar la vuelta. Las reservas de almacenamiento de crudo en Irán están al límite.

Los expertos advierten que en pocas semanas Teherán podría verse obligado a reducir drásticamente la producción petrolera con daños potencialmente irreversibles en los yacimientos, el tipo de daño que no se repara con un acuerdo diplomático sino con años de inversión y reconstrucción.

La asfixia iraní en números

Los bombardeos iniciales causaron daños graves en infraestructuras militares, industriales y energéticas. Sobre esa base ya dañada, el bloqueo ha acelerado un colapso económico que las cifras documentan con crudeza.

El rial iraní ha alcanzado mínimos históricos. Se prevé una contracción del PIB de entre el 6% y el 10% en 2026. La inflación supera el 40%-60% y sigue subiendo. El Gobierno tiene dificultades crecientes para pagar los salarios del sector público y mantener operativas las fuerzas del IRGC.

El bloqueo naval impide simultáneamente las exportaciones de petróleo, que son la principal fuente de ingresos del régimen, y la importación de bienes esenciales. Es una pinza económica diseñada para acelerar el colapso de las finanzas del estado iraní hasta el punto en que negociar se convierta en la única opción viable.

Las manifestaciones en Teherán exigiendo el fin de las amenazas y el bloqueo reflejan un malestar interno que el régimen lleva semanas intentando controlar con la misma brutalidad que usó contra las protestas de enero. Pero la brutalidad tiene un coste económico y político que se suma al del bloqueo.

El estancamiento negociador

Irán ha ofrecido reabrir completamente el estrecho a cambio del levantamiento del bloqueo estadounidense y el fin de la guerra, aplazando las conversaciones sobre su programa nuclear.

La administración Trump rechazó la propuesta. La posición de Washington es que cualquier acuerdo debe incluir el desmantelamiento nuclear. No hay acuerdo parcial posible. El bloqueo continúa hasta que Teherán acepte esa condición o hasta que la economía iraní colapse lo suficiente como para que el régimen no tenga más opción.

Es la lógica de quien cree que el tiempo juega a su favor. Y los datos económicos de Irán sugieren que esa lectura no está equivocada.

El régimen intenta resistir apelando a su «economía de resistencia», el modelo de autosuficiencia que Jamenei lleva años promoviendo como respuesta a las sanciones occidentales, y busca apoyo de Rusia y China. Pero Rusia está ocupada en Ucrania con sus recursos militares y económicos más valiosos. Y China, que es el principal comprador del crudo iraní, tiene sus propios intereses en no confrontarse directamente con Washington en este conflicto.

Lo que se decide en las próximas semanas

La pregunta que los analistas formulan con más urgencia es si Teherán se verá forzado a aceptar condiciones más duras antes de que su economía colapse completamente.

Un colapso económico total del Irán no es un escenario que Washington pueda gestionar fácilmente: un estado fallido con capacidad nuclear residual, milicias sin control central y una población de 85 millones de personas en crisis humanitaria es un problema de seguridad regional de dimensiones que superan al Irán actual.

Trump dice que no tiene prisa. Los datos económicos iraníes dicen que Teherán no puede permitirse el lujo de tenerla.

Esa asimetría es la que va a determinar si las negociaciones en Islamabad producen un acuerdo en las próximas semanas o si el conflicto entra en una fase aún más oscura.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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