La desaparición del comunismo en India no ha sido un colapso repentino, sino un proceso lento y complicado, marcado por divisiones internas, errores estratégicos y un país que evolucionó a un ritmo que ellos no pudieron seguir. Hoy, tras casi siete décadas al mando de millones de ciudadanos, han perdido completamente su poder institucional en los estados.
Lo realmente impactante no es solo el hecho simbólico de que, por primera vez desde 1957, ningún gobierno estatal está encabezado por comunistas, sino la rapidez con la que este vacío se ha afianzado en un sistema que ellos mismos contribuyeron a construir durante años.
De la esperanza de Kerala a la marginalidad parlamentaria
Esta historia comienza en Kerala, considerado el experimento más exitoso del comunismo democrático en el Sur global. En 1957, el Partido Comunista de India (CPI) se alzó con la victoria en las elecciones regionales, estableciendo el primer gobierno comunista elegido democráticamente en todo Asia. Desde entonces, diversos partidos de la izquierda marxista han gobernado el estado durante unos 30 de los casi 70 años siguientes, promoviendo reformas agrarias, una expansión educativa notable y un robusto sistema de salud pública.
Durante décadas, el modelo keraleano fue un ejemplo: altos niveles de alfabetización, indicadores sociales comparables a los de países desarrollados y una red de cooperativas agrícolas y servicios que convirtió al estado en un referente de políticas igualitarias. Este relato de éxito otorgó a los comunistas una identidad bien definida:
- Se presentaban como el “partido de los campesinos y trabajadores”.
- Ofrecían una vía parlamentaria hacia el socialismo como alternativa a las insurgencias armadas.
- Se posicionaban como defensores de la laicidad ante las tensiones religiosas.
Sin embargo, el país avanzó más rápido que ellos. En las últimas elecciones generales, la representación comunista en el Parlamento indio sufrió una caída drástica: las tres principales fuerzas marxistas apenas lograron unos pocos escaños, muy lejos del tiempo en que su bloque podía influir en coaliciones gubernamentales nacionales. Esta erosión parlamentaria vino acompañada del retroceso territorial: primero perdieron bastiones en Bengala Occidental y Tripura, y ahora también han cedido Kerala, poniendo fin a un ciclo histórico.
Tres factores clave detrás del declive
Detrás de esta pérdida de poder hay múltiples procesos interrelacionados. Reducirlo a “el comunismo ya no funciona” sería simplista. Existen al menos tres factores clave:
- Desconexión con las nuevas clases trabajadoras
El comunismo indio se fundamentó en:- campesinos sin tierras,
- trabajadores sindicalizados de fábricas,
- empleados públicos organizados.
Sin embargo, la economía india ha virado hacia los servicios, el trabajo informal urbano, la economía digital y el autoempleo precario. Millones de jóvenes urbanos aspiran más a empleos en sectores tecnológicos o servicios privados que a reincorporarse al viejo mundo sindicalizado. Los partidos comunistas no lograron adaptar su discurso clásico para atraer a esta nueva base social.
- Competencia feroz del nacionalismo hinduista
El ascenso del Bharatiya Janata Party (BJP) trajo consigo un relato identitario hinduista centrado en promesas de prestigio nacional, desarrollo y orgullo religioso.
Aunque los comunistas defendían la laicidad y el pluralismo, se encontraron atrapados entre:- un BJP dominante cultural y mediáticamente,
- un Congreso Nacional Indio que, aunque debilitado, seguía siendo la marca histórica vinculada a la independencia y al centroizquierda.
Donde antes había conflicto entre “clase contra élites”, ahora se transformó en “mayoría religiosa frente a minorías” o “orgullo nacional frente a supuestos enemigos internos”. En este nuevo terreno simbólico, sus consignas sobre clase perdieron fuerza.
- Divisiones internas y errores estratégicos
El movimiento comunista se fragmentó en diversas siglas: CPI, CPI(M), grupos maoístas y otros colectivos menores.
A esto hay que añadir decisiones tácticas cuestionables como:- apoyos externos a gobiernos liderados por otros partidos que luego los dejaron fuera del juego,
- incapacidad para renovar liderazgos y cuadros,
- debates doctrinales estériles sobre cuál era la línea “correcta” mientras perdían terreno electoral.
Cuando las disputas ideológicas consumen más energía que la organización efectiva sobre el terreno, los votos son los primeros perjudicados.
Un ciclo cerrado: sin estados bajo control comunista
El dato que marca un antes y un después es contundente: por primera vez desde 1957, India carece completamente de gobiernos estatales dirigidos por comunistas. Esa continuidad ininterrumpida durante casi setenta años fue lo que les otorgó relevancia dentro de un país federal donde los estados gestionan una parte significativa de las políticas públicas.
En su apogeo, la izquierda comunista controlaba:
- Bengala Occidental, durante más de 30 años consecutivos.
- Kerala, alternando con coaliciones centristas.
- Tripura, otro bastión del noreste.
Perder esos tres territorios significa:
- menor control sobre presupuestos,
- disminución en su capacidad para demostrar resultados gubernamentales,
- escasez de cuadros formados en gestión pública,
- reducción notable en visibilidad mediática y narrativa.
En Bengala Occidental y Tripura, el agotamiento hacia administraciones prolongadas sumado a acusaciones de corrupción y una estructura partidaria vista como rígida abrió paso primero al Congreso y luego al BJP. Kerala resistió más tiempo gracias a sus indicadores sociales; sin embargo, la combinación del desgaste político, polarización nacional y cambio generacional finalmente rompen también ese dique.
Para comprender este proceso con mayor profundidad es recomendable revisar el análisis exhaustivo realizado por BBC Mundo sobre por qué los comunistas indios perdieron totalmente su poder tras casi 70 años gobernando millones, donde se examinan hitos significativos y cifras clave relacionadas con esta caída.
¿Qué futuro le espera al comunismo indio?
Sin poder estatal ni presencia parlamentaria significativa, la izquierda comunista india enfrenta una pregunta crucial: ¿deben ser considerados como movimiento social o como partido político reservado?
Aún conservan presencia en:
- sindicatos pertenecientes a sectores tradicionales,
- organizaciones campesinas,
- movimientos estudiantiles dispersos por algunos campus,
- redes cooperativas ubicadas especialmente en Kerala.
No obstante, el desafío es monumental:
- actualizar su discurso sobre clases para adaptarse a una nación marcada por plataformas digitales, economía colaborativa e urbanización desbordante;
- conectar con un electorado joven más inmerso en nacionalismos culturales y redes sociales que entre sindicalismos;
- ofrecer una alternativa creíble respecto al bienestar y empleo frente al relato optimista del BJP.
Curiosamente, muchos logros exhibidos durante décadas —mejores indicadores sociales o reformas agrarias— han sido absorbidos por otros actores políticos como políticas “normales”, diluyendo así su sello distintivo.
La historia continúa su curso; sin embargo, este capítulo sobre los comunistas indios como fuerza territorial ha llegado a su fin. Ahora enfrentan el reto de evitar convertirse simplemente en una nota al pie dentro de los libros históricos sobre la mayor democracia del mundo.
