La expresión “no puedo respirar” vuelve a estar en el centro del debate público británico. Esta vez, sin embargo, no proviene de Estados Unidos, sino de una calle en Southampton. Allí, un joven de 18 años perdió la vida tras ser apuñalado mientras la policía le leía sus derechos y le colocaba las esposas en el suelo, entre jadeos y sangre.
El vídeo grabado con la cámara corporal de un agente se ha convertido en el epicentro de una tormenta política y social. Ha puesto al descubierto fallos en la actuación policial, ha alimentado a sectores de ultraderecha y ha dejado a una familia denunciando que su hijo no pudo “morir con dignidad”.
Qué ocurrió la noche del asesinato de Henry Nowak
El 10 de diciembre de 2023, el estudiante Henry Nowak, de solo 18 años, recibió tres puñaladas en Southampton: dos en las piernas y una en el corazón, cuando intentaba saltar una valla para escapar. Cayó al suelo, gravemente herido.
A pocos metros, su agresor, Vickrum Digwa, un inmigrante sij de 23 años, se dirigió a los agentes que llegaron al lugar y afirmó ser víctima de un ataque racista.
En esos momentos críticos se entrelazaron tres elementos explosivos:
- Un joven blanco desangrándose en el suelo.
- Un joven sij alegando haber sido objeto de racismo.
- Policías tratando de controlar la situación, pero creyendo al agresor y mostrando desconfianza hacia la víctima.
Las imágenes reveladas tras el juicio muestran cómo Nowak repitió al menos nueve veces frases como “me han apuñalado” y “no puedo respirar”. A pesar de ello:
- Uno de los agentes respondió con escepticismo: “¿Te han apuñalado? ¿Dónde? No lo creo, colega”.
- Otro policía lo arrastró por el brazo, lo esposó y le leyó sus derechos como detenido, mientras una agente insistía en comprobar si tenía heridas por arma blanca.
Transcurrieron unos tres minutos hasta que los agentes comprendieron la gravedad de las lesiones y comenzaron a proporcionarle primeros auxilios; demasiado tarde para salvar su vida.
Del lugar del crimen al banquillo: condena a Vickrum Digwa
Este lunes, un tribunal ha condenado a Vickrum Digwa a cadena perpetua, con un mínimo de 21 años tras las rejas por el asesinato de Henry Nowak.
Los puntos clave del veredicto son claros:
- El tribunal desestimó rotundamente la versión presentada por Digwa sobre haber actuado tras un ataque racista.
- Se demostró que acusó falsamente a Nowak para justificar las puñaladas.
- El juez calificó su relato como una invención destinada a encubrir un acto violento con arma blanca.
Este caso se entrelaza con otro debate delicado:
- Digwa, que profesa la religión sij, portaba una daga.
- La legislación británica permite llevar ciertos tipos de cuchillos por motivos religiosos; esta situación ha sido utilizada por la ultraderecha como argumento político recientemente.
La condena cierra formalmente el capítulo judicial sobre este homicidio pero abre nuevos interrogantes:
- ¿Se utilizó la figura del racismo como coartada?
- ¿Cómo gestionó la policía un escenario donde el agresor se presentaba como víctima racial?
- ¿Es necesario revisar las leyes sobre armas blancas vinculadas a prácticas religiosas?
Un vídeo que erosiona la confianza en la policía
La repercusión del caso no proviene solo del crimen mismo, sino también del trato que recibió Henry Nowak por parte de la Policía de Hampshire mientras agonizaba. Lo último que escuchó con plena consciencia fueron los agentes leyéndole sus derechos.
Los elementos que han provocado indignación son evidentes:
- La decisión de esposar a un joven que apenas podía respirar.
- El tono escéptico mostrado por al menos uno de los policías ante sus súplicas sobre haber sido apuñalado.
- El retraso significativo antes de iniciar una atención médica efectiva.
En un país donde ya hay críticas hacia las fuerzas del orden por perfiles raciales y uso excesivo de fuerza, estas imágenes se han convertido en un símbolo palpable de desconfianza. La comparación con el caso George Floyd en Estados Unidos es inevitable; él también repetía “I can’t breathe” mientras un agente presionaba su cuello.
Medios británicos han informado cómo:
- Organizaciones defensoras de los derechos civiles piden revisar los protocolos sobre cómo tratar a heridos en escenas del crimen.
- Se exigen cambios en la formación policial para gestionar mejor situaciones estresantes y abordar sesgos implícitos.
- Aumenta la demanda por mayor transparencia respecto al historial disciplinario de los agentes involucrados.
Una reciente crónica detalla minuciosamente el vídeo y el proceso judicial asociado; resume claramente por qué este caso ha generado tanta indignación: las imágenes donde se ve a la policía esposando a un joven apuñalado que repetía “no puedo respirar” han sacudido profundamente la confianza pública en las instituciones y han reabierto viejas heridas raciales y políticas.
El padre, la dignidad y la lucha por contar su historia
La familia de Henry Nowak se ha convertido también en voz visible dentro del caso. Su padre ha denunciado públicamente que a su hijo no le permitieron “morir con dignidad”.
El relato familiar se centra en varios aspectos clave:
- Henry fue tratado como sospechoso cuando ya era evidente que estaba gravemente herido.
- La prioridad para los agentes fue inmovilizarlo y leerle sus derechos antes que salvarle la vida.
- La familia conoció muchos detalles solo tras ver las imágenes durante el juicio.
Por otro lado, este caso ya no solo se está dirimiendo en tribunales; también tiene lugar en el ámbito público:
- La ultraderecha intenta convertir este asesinato en prueba irrefutable sobre una supuesta amenaza relacionada con la inmigración y con la comunidad sij.
- Grupos antirracistas advierten sobre un riesgo real de instrumentalización del crimen para justificar discursos llenos de odio.
- Analistas señalan que el comportamiento policial —al otorgar credibilidad inmediata al relato del agresor— alimenta tanto críticas sobre racismo sistémico como cuestionamientos sobre parcialidad ideológica.
El resultado es un cóctel muy británico: violencia armada, tensiones raciales, desconfianza hacia las fuerzas del orden e instrumentalización política desde los extremos.
