El ex militar Mohamed Benhlima está acusado de 'terrorismo'

El Gobierno argelino condena a muerte al activista que el Gobierno Sánchez deportó a Argelia hace 50 días

Benhalima, de 32 años, huyó de Argelia y se refugió en España en septiembre de 2019 cuando supo que era buscado por su participación en el movimiento Hirak

El Gobierno argelino condena a muerte al activista que el Gobierno Sánchez deportó a Argelia hace 50 días
Mohamed Benhalima. PD

El asunto huele que apesta.

Y traerá cola porque Argelia ha condenado a la pena de muerte al activista y ex militar argelino Mohamed Benhlima.

Un tribunal militar considera probado que Benhalima se unió a un grupo terrorista, comprometió la seguridad e integridad del territorio nacional, difundió información falsa y trato de desmoralizar el ejército y perjudicar la seguridad.

Y lo tremendo es que el desventurado fue deportado pro el Gobierbno Sánchez hace 50 días.

La expulsión de Benhalima se produjo horas después de que Marruecos difundiera el 18 de marzo de 2002 la carta que el socialista Pedro Sánchez, envió al rey Mohamed VI en la que aseguraba que el plan de Marruecos sobre el Sáhara era la propuesta «más seria, realista y creíble» para la resolución del conflicto.

Argelia respondió a la misiva con la retirada de su embajador y, desde entonces, ha avisado de que puede condicionar los contratos de suministro de gas.

Benhalima, de 32 años, huyó de Argelia y se refugió en España en septiembre de 2019 cuando supo que era buscado por su participación en el movimiento de protestas Hirak, que denunciaba la corrupción política en el país.

El 7 de enero de 2021 fue condenado «in absentia» a diez años de prisión por compartir vídeos online que exponían la corrupción en el ejército.

El acusado se opuso a la sentencia.

Este 8 de mayo de 2022, el fiscal de delitos del Tribunal de Bir Mourad Rais también solicitó diez años de cárcel para él.

El 24 de marzo, el Gobierno Sánchez rechazó su solicitud de asilo e inmediatamente después resolvió su expediente de expulsión.

De nada sirvió que Benhalima estuviera amenazado por Argelia y hubiera pedido amparo al Gobierno español porque su vida corría peligro.

Benhalima fue sacado del CIE de Valencia con destino al aeropuerto y de ahí de vuelta a Argelia.

El 24 de marzo, las autoridades españolas rechazaron su solicitud de asilo e inmediatamente después resolvió su expediente de expulsión.

Numerosas organizaciones como Amnistía Internacional, CIEs No o CEAR reclamaron al Gobierno que se anulara su entrega a Argelia porque Benhalima corría el riesgo de ser torturado.

Amnistía Internacional emitió una declaración pública en la que manifestaba su condena a la deportación:

«Las autoridades habían sido advertidas, mediante recursos jurídicos y llamamientos de la sociedad civil, de que Mohamed Benhalima corre un riesgo elevado de tortura, detención arbitraria y juicio sin las debidas garantías en Argelia, donde este tipo de violaciones de derechos humanos son cada vez más habituales contra presos de opinión y activistas pacíficos».

 LA CONFESIÓN Y LAS ACUSACIONES

A partir de 2019 recorrió Argelia un movimiento (Hirak) de protesta que reclamaba cambios en el gobierno y la renuncia de su presidente, Abdelaziz Buteflika, que llevaba casi 20 años en el poder sostenido por una enorme élite militar.

Benhalima fue uno de los miles de argelinos que se unió a esas protestas.

Pero fue mucho más allá.

Desertó del ejército argelino, donde trabajaba como chófer, y comenzó a denunciar en sus redes sociales la corrupción que pudría hasta el tuétano al estamento militar.

Una vez hizo eso, sabía que su único camino era el del exilio si no quería terminar en el Centro Antar, sede de la Dirección General de Seguridad Interior, donde se interroga bajo tortura a los opositores políticos por parte de los servicios secretos argelinos, que han sido definidos por organizaciones internacionales como una «maquinaria de muerte».

El pasado 27 de marzo, tres días después de ser expulsado por las autoridades españolas y de llegar a Argel, Benhalima confesó a través de un vídeo difundido en la página oficial de Facebook de la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN) que el ex diplomático Mohamed Larbi Zeitout, establecido en Londres, le instó a «romper la institución militar».

En sus confesiones Benhalima culpó al creador del movimiento islamista Rachad en 2007, clasificado por Argelia como «grupo terrorista», de haberlo alistado para proporcionar información «confidencial» sobre el Ejército argelino y la Policía.

Esa autoinculpación de Benhalima fue la única noticia que tuvieron su familia y amistades en muchos días, lo que les hizo creer que efectivamente había sido torturado y obligado a publicar ese vídeo de confesión.

Al conocer la noticia de la sentencia a muerte, Red Jurídica ha publicado un hilo en Twitter donde desgrana la cronología del caso de Benhalima.

Los abogados de esta asociación han representado los intereses del activista y uno de ellos, Eduardo Gómez Cuadrado, exponía en un artículo en Público el pasado 3 de abril todos los pormenores del caso y la injusticia que supuso su expulsión de España.

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