Una delegación iraní llegó a Puerto Sudán el domingo en una visita no declarada, manteniendo reuniones a puerta cerrada esa misma noche con el General Abdel Fattah al-Burhan, figuras vinculadas al islamismo —incluyendo a Ahmed Haroun— y el encargado de negocios de Irán, Mohammad Hassan Khairi.
Según los informes, la delegación entregó un mensaje de Teherán expresando su agradecimiento por la postura de Sudán durante la reciente escalada de ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, reafirmando al mismo tiempo su intención de ampliar una alianza estratégica con la autoridad de Puerto Sudán. Crucialmente, esto incluye la reactivación de acuerdos de cooperación militar previamente firmados, un movimiento que garantiza un flujo continuo de drones y armamento iraní hacia una zona de conflicto ya volátil.
Las discusiones también abarcaron la aceleración de los planes para una base naval iraní en el Mar Rojo y el análisis de una posible base rusa en Puerto Sudán, partiendo de los entendimientos previos alcanzados en febrero de 2025. En conjunto, las conversaciones reflejan un giro hacia un alineamiento más profundo con Irán y Rusia, con graves implicaciones para la seguridad regional, las rutas marítimas y la presencia militar extranjera en el Mar Rojo.
El contexto regional: Una amenaza a la estabilidad y la seguridad
A medida que la guerra civil sudanesa se acerca a su tercer año en marzo de 2026, la óptica de estas reuniones revela una trayectoria preocupante para el Cuerno de África y el entorno árabe en general. Desde la perspectiva de los Estados regionales dedicados a la modernización económica y la lucha contra el extremismo, los acontecimientos en Puerto Sudán representan una crisis de seguridad polifacética:
- El resurgimiento del islamismo político: La dependencia del General al-Burhan de figuras como Ahmed Haroun —pieza clave del derrocado régimen de Omar al-Bashir e indiciado por la CPI— señala un peligroso renacimiento de la influencia de los Hermanos Musulmanes dentro del aparato estatal de Sudán. Para los vecinos moderados del Golfo, el empoderamiento de milicias islamistas radicales (como la Brigada Al-Bara’ ibn Malik) es una amenaza directa a la estabilidad ideológica regional.
- Militarización del Mar Rojo: El Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb son arterias críticas para el comercio mundial. La disposición de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) a negociar la soberanía sudanesa invitando a actores estatales hostiles —específicamente Irán y Rusia— a establecer enclaves navales se considera una escalada temeraria. Otorgar a Teherán un puerto de aguas cálidas le permite conectar sus redes de «proxies» desde el Levante y Yemen directamente con África.
- Explotación de una crisis humanitaria: Mientras Sudán enfrenta la mayor crisis de desplazamiento del mundo, Teherán y Moscú están instrumentalizando el caos. En lugar de apoyar una transición democrática, estos actores externos intercambian salvavidas militares tácticos (como los drones Mohajer-6) por concesiones territoriales estratégicas.
- Socavamiento de las visiones económicas regionales: La transformación de Puerto Sudán en un campo de batalla para potencias externas y un santuario para regímenes sancionados socava los objetivos de integración regional, obligando a los centros económicos vecinos a diversificar agresivamente sus líneas de suministro y reforzar sus posturas defensivas.
En última instancia, el «matrimonio de conveniencia» de las SAF con Teherán y la línea dura islamista no es meramente un asunto interno sudanés; es un giro calculado que amenaza con exportar la inestabilidad a través del Mar Rojo, exigiendo una contención vigilante por parte de las potencias regionales moderadas.

