La estremecedora reflexión en 'El País' del escritor Ibsen Martínez

La Venezuela chavista: «Un demencial matadero donde los delitos de sangre quedan impunes»

Se ha instalado la dinámica del “pueblo armado” como elemento disuasivo de cualquier protesta contra la revolución bolivariana

La Venezuela chavista: "Un demencial matadero donde los delitos de sangre quedan impunes"
Crimen: El hampa disputa a la policía chavista el control de las favelas y de extensas zonas suburbanas de Venezuela. VZ

El artículo se titula «Pinches ideas«, aparece en el diario ‘El País’ este 1 de julio de 2015 y lo firma Ibsen Martínez, escritor de profesión y redidente en Caracas, Venezuela, petroestado populista de la Cuenca del Caribe.

Por su interés, sobre todo para decenas de millonesde personas que no sufren la desgracia de tener que soportar al régimen chavista, reproducimos uno de sus fragmentos:

¿Quién está matando a los venezolanos a ritmo de vértigo? ¿Quiénes son verdaderamente sus implacables, sañudos asesinos? Obviamente, aunque las cifras de muerte nos pongan detrás de Honduras en cuanto a número de homicidios por cada 100.000 habitantes, no hay en mi país un conflicto armado abierto semejante al de Colombia, con ejércitos claramente antagonistas.

Tampoco es asimilable nuestra violencia a los patrones asociados al narcotráfico que imperan en México o Centroamérica.

¿Qué distingue, pues, la violencia criminal venezolana de las demás matanzas que ocurren en otras comarcas de nuestro sanguinario continente?

Las respuestas son complejas, provienen de distintos submundos, con dinámicas muy dispares que confluyen todas en el demencial matadero que es hoy mi país. Una de esas dinámicas responde a otra pinche idea: la del «pueblo en armas» como disuasivo de cualquier golpe de Estado contra la revolución bolivariana (Adivina a quién se refiere Felipe González con «los monaguillos» del chavismo).

A comienzos del año pasado, grupos paramilitares de despliegue rápido, desplazándose por las ciudades en motocicletas de gran cilindrada, causaron la muerte de más de 40 manifestantes de oposición.

Apoyados con dinero y material bélico por el Gobierno, han sido valorados desde siempre, primero por Chávez, y luego por sus actuales herederos políticos, como «garantes de la paz».

La conformación de estos grupos trasluce una intensa polinización cruzada entre un Gobierno ostensiblemente militar, la fuerza de choque paramilitar ¿irregulares llamados «colectivos»?, el nutrido lumpen del «micronarco» y, last but not least, un dantesco inframundo penitenciario, regido desde las cárceles por temidos capos que ordenan secuestros, asaltos, motines carcelarios y, desde luego, la contrata de sicarios. En un mismo colectivo pueden convivir todas estas categorías.

Añadamos demografía y escala a lo arriba dicho: en Venezuela actúan cerca de 12.000 bandas y circulan entre 7 y 12 millones de armas cortas y de guerra (El ministro chavista exige 14 habitaciones en hospital para el parto de su ‘señora’ esposa).

La idea del «pueblo en armas» ha alentado un descomunal gasto militar, incontrolado y corrupto, que desembozadamente surte de sofisticadas armas de guerra al hampa común.

La corrupción de las policías, tanto nacionales como provinciales, y la perversión de la rama judicial, fomentan la universal impunidad de los delitos de sangre, al punto de que menos del 1% del cuarto de millón de homicidios registrados desde 1999 han sido policialmente resueltos, mucho menos desembocado en detenciones, imputaciones, juicios ni sentencias firmes.

Resultado de todo esto es que el hampa disputa ya a los cuerpos policiales, desmoralizados cuando no corruptos, no solo el control de populosas favelas y extensas zonas suburbanas, sino también potestades tributarias.

NOTA.- Pinchar para leer artículo completo en ‘El País’

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