Lenguaje de guerra, de conflictos que estos facinerosos castrochavistas han trasladado a Venezuela

La Peste Roja y sus siniestras alianzas

La Peste Roja y sus siniestras alianzas
Desirée Santos Amaral; Aurora Morales e Iris Valera, chavistas y filoterroristas. PD

En la semana que pasó circuló mucho en las Redes sociales una fotografía de tres féminas del chavismo, poderosas y belicosas. Ellas son la ministra del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Desirée Santos Amaral; la presidenta del Consejo Legislativo del estado Miranda, Aurora Morales y la ministra del Poder Popular para Servicios Penitenciarios, Iris Valera.

Con esa jocosidad que caracteriza al venezolano, los comentarios se centraron en lo poco agraciadas que son las tres mujeres y en su evidente sobrepeso, pero estética aparte, lo que parece haber sido banalizado o no percibido es que las mencionadas funcionarias portaban foulards (bufandas) nada más y nada menos que con los colores de uno de los grupos terroristas islámicos más peligrosos del mundo: Hezbolláh, y la imagen de su capo principal, el sanguinario Hassan Nasrallah. Esto con absoluto descaro y tranquilidad como si portaran escapularios con imágenes sacras.

Con los vicios de mi oficio me dediqué a buscar el lugar donde fue tomada la fotografía y logré ubicar que corresponde a la presencia de las tres jerarcas del chavismo el pasado 14 de agosto en un acto en el Centro Islámico Venezolano Imam Al Hadi de Caracas, donde estuvo, con igual indumentaria la mujer de Nicolás Maduro, Cilia Flores conocida no como la primera dama sino como la primera combatiente.

Un verdadero guateque celebrativo de una supuesta victoria el 14 de agosto de 2006 del Líbano sobre lo que llaman «la agresión israelí-estadounidense en la Guerra de los 33 días».

Lenguaje de guerra, de conflictos que estos facinerosos castrochavistas han trasladado a Venezuela y que bien comparten con países que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia pero son hoy «Hermanos» en el odio y la violencia hechos ideología.

Así junto a santones sanguinarios que destilan tirria por todo lo que representa la cultura occidental con sus bases judeocristianas también compartieron con los embajadores de tres países signados por conflictos, violencia, terribles luchas fratricidas, violaciones horribles de derechos humanos, y éxodos desesperados de sus habitantes. Líbano, Irán y Siria: Elías Lebbos, Mostafa Alaei y Ghassan Abbas respectivamente.

Guateque donde el gran invitado no fue otro que el odio. Odio a Israel, a los Estados Unidos de Norteamérica y a todo lo que signifique democracia y respeto a la vida y la diversidad. Evento que nos deja claro que allí está latente una siniestra alianza que nos ha llenado Venezuela de terroristas y activistas de la judeofobia, la misma que llevó a Hugo Chávez el 2 de junio de 2010 a maldecir a la Patria Judía con palabras que luego de su terrible final aterran. Chávez bramando:

«Desde el fondo de mi alma y de mis vísceras maldigo a Israel».

Palabras que aterran también al recordar que en el Génesis 12:3 textual leemos: Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré.

Pero el odio no aprende y menos rectifica. La Peste Roja ha sembrado de inquina Venezuela y la ha convertido también en guarida de ese terrorismo islámico al que no sacia la sangre y siempre quiere más. Terrorismo ahora aliado del narcotráfico y de una izquierda enferma que alaba el horror en el nombre de Dios.

Sobran pruebas de cómo grupos extremistas del Líbano, Irán y Colombia actúan en América Latina bajo la protección del régimen castrochavista, antes con Chávez y ahora con Maduro. No podemos olvidar las denuncias del asesinado fiscal argentino Alberto Nisman que fue claro al revelar que la Venezuela Castrochavista estaba absolutamente comprometida en el atentado al edificio de la mutual AMIA en Buenos Aíres el 18 de julio de 1994. No podemos fingir que no sabemos que en Venezuela se han cedulado cientos de terroristas islámicos y se les ha provisto de pasaporte con los que se mueven por América y otros continentes como si ciudadanos venezolanos fueran.

Esa es la realidad que vemos… Que vimos esta misma semana pasada cuando por tercera vez en un año se amenazó con bomba la embajada de Israel en Uruguay; vemos en la impunidad que gozan los responsables de los atentados en Buenos Aires.

Esa es la realidad que ha llevado a un 70% de la comunidad judía venezolana a emigrar y no es para menos ya que esta tierra es hostil a judíos, a cristianos y a todo venezolano que se ve cercado por la hermandad sangrienta con el odio en el nombre de un dios de maldad y muerte. Santones iraníes, asesinos de Hezbolláh y Hamas, jerarcas castrochavistas, todos celebrando la siniestra alianza.

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