La presión exterior obliga a los verdugos a devolver poderes a la Asamblea

El Gorila Rojo de Venezuela, sus jueces sicarios, sus militares corruptos y los mamarrachos de Podemos

La devolución de competencias e inmunidades a los parlamentarios de la oposición democrática es sólo una anécdota en la transformación constante del régimen chavista hacia una dictadura sin máscara

El Gorila Rojo de Venezuela, sus jueces sicarios, sus militares corruptos y los mamarrachos de Podemos
Nicolás Maduro. VX

Chavismo, ni en Venezuela, ni en España

EN una nueva demostración de la naturaleza títere de las instituciones judiciales del Estado venezolano, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Venezuela obedeció la contraorden del presidente Nicolás Maduro y acordó revocar las sentencias que había despojado al Parlamento de sus competencias.

Es evidente que la máxima institución judicial del país está a las órdenes de Nicolás Maduro y a sus magistrados les importa poco aparecer como peones obedientes de la estrategia golpista de su jefe.

Si ordena expropiar el poder del Parlamento, se expropia; y si hay que devolverlo, se devuelve.

Lo que queda claro es que Venezuela es la finca de Maduro y del chavismo, donde no existe Estado de Derecho, ni división de poderes, y sólo importa conservar el mando del país.

Tras el golpe de Estado perpetrado por el Supremo venezolano, Maduro se topó con la oposición en las calles, con un llamamiento inequívoco a la intervención del Ejército contra el dictado y con la presión internacional.

El despropósito cometido por esa caricatura de tribunal -presidido por un expolicía condenado por asesinato- puso en alerta incluso a la fiscal general del país, que lo calificó como «una ruptura del orden constitucional».

Maduro ha visto que podía perder el control de la situación, o tal vez todo haya sido una inmensa farsa, desde el principio hasta este aparente final.

Lejos de ser un motivo para tranquilizarse, la devolución de competencias e inmunidades a los parlamentarios de la oposición democrática es sólo una anécdota en la transformación constante del régimen de Maduro hacia una dictadura sin máscara.

Cuando Nicolás Maduro quiera, el Supremo volverá a ser su brazo armado contra las libertades y derechos de los venezolanos.

Esta victoria de la oposición tendrá su represalia, antes o después, porque el régimen chavista necesita vivir en un estado continuo de crispación y enfrentamiento con la oposición.

Por eso sigue siendo necesario que la comunidad internacional, tanto las organizaciones regionales, como la ONU y la Unión Europea, denuncien la escalada golpista de Maduro y exijan el aseguramiento de las libertades democráticas, con la excarcelación de los presos políticos y la celebración de unas elecciones presidenciales transparentes y vigiladas.

Sobran ya mediadores cómplices con el Gobierno chavista, y deben ser señalados los palmeros del dictador, como Podemos, convertido en la sucursal del chavismo en España para que no falte voz a la represión y la dictadura cuando se trata de apoyar el encarcelamiento de Leopoldo López y el golpe de Estado judicial cometido por el Supremo.

Chavismo, ni en Venezuela, ni en España.

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