Hay que intervenir en Libia.

MADRID, 25 (OTR/PRESS)

En Libia se está repitiendo la matanza que en su día padeció Bosnia. Allí fue el serbio Milósevic quien bombardeó a la población civil; aquí, es Gadafi. En Bengasi, en Tobruck o en Tripoli, aviones de combate (cazas «Sukoy» de fabricación rusa), atacan las concentraciones de gente que piden la salida del dictador. Al igual que sucedió en Sarajevo, también aquí las informaciones que recibimos refieren la intervención de francotiradores que disparan de forma indiscriminada contra los manifestantes; también han sido descritas atrocidades cometidas por milicianos mercenarios venidos de países centroafricanos. En aquel conflicto, ante la magnitud de la masacre y ante la visión por televisión de los cuerpos cizallados de decenas víctimas (matanza del mercado de Mostar, cuerpos tirados en las calles de Sarajevo que permanecían horas y horas abandonados por temor a los francotiradores), Occidente, la opinión pública europea y americana se conmovió. Y Washington decidió intervenir. La OTAN se movilizó y bombardeó Belgrado: el palacio presidencial, los cuarteles de los cuerpos de seguridad, algunos aeródromos militares y otros objetivos estratégicos. El dictador, Slobodan Milósevic, entendió el mensaje. Lo entendió tan rápidamente que el nacionalista enajenado que había ordenado masacrar a la población civil bosnia, paró la matanza. Con Milósevic, en Serbia, el toque de atención funcionó ¿por qué no iba a funcionar en Libia? Porque faltan las imágenes de la masacre o todavía no son suficientemente explícitas?

¿Qué es lo que está retrasando la intervención militar? ¿A qué espera la ONU para organizar una coalición como la que expulsó a los iraquíes de Kuwait en la primera Guerra del Golfo? ¿Qué es lo que paraliza a los Obama, Cameron, Berlusconi, Merkel, Sarkozy o al nuestro, a Zapatero? ¿El petróleo? ¿Los intereses creados alrededor de la maraña de empresas europeas que el dictador Gadafi controla a través de sociedades interpuestas? Más que un acto de prudencia, deberíamos empezar a hablar de hipocresía. La injerencia humanitaria es legítima. ¿Qué esperamos para intervenir en Libia?

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