Tendrá que enfrentarse a la peor crisis que sufre el país desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial: la reconstrucción del tsunami
El ministro de Finanzas, Yoshihiko Noda, ha sido elegido este 29 de agosto de 2011 nuevo jefe de Gobierno en Japón, el séptimo desde 2006 tras la dimisión el viernes de Naoto Kan.
En la carrera por el puesto de primer ministro, Noda, de 54 años y conocido por sus políticas fiscales conservadores, ha derrotado a otros cuatro candidatos del Partido Demócrata de Japón (PDJ), entre ellos el favorito Banri Kaieda, titular de Comercio.
En su discurso ante los diputados de su partido, Noda se marcó dos objetivos principales: la recuperación tras el devastador tsunami de marzo y el desastre nuclear de Fukushima y salir de la crisis económica que sufre el archipiélago nipón desde hace años.
Su victoria es producto de los tejemanejes propios de la política japonesa y, especialmente, del aparato del PDJ, ya que el favorito por el público era el exministro de Exteriores Seiji Maehara, de 49 años.
A pesar de su buena imagen y su promesa de cerrar las centrales nucleares en 40 años, éste cayó en la primera ronda porque en marzo se vio obligado a dimitir al reconocer que había aceptado más 7.000 dólares (4.827 euros) en donaciones ilegales.
Una acusación que la oposición podría utilizar para impugnar su nombramiento si hubiera sido elegido primer ministro.
Como explica Pablo M. Díez en ABC, el nuevo jefe del Ejecutivo nipón, Yoshihiko Noda, tendrá que enfrentarse a la peor crisis que sufre el país desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial: la reconstrucción del tsunami, que costará 230.000 millones de euros y durará cinco años, el control de las fugas radiactivas en la siniestrada central de Fukushima y el realojamiento de 100.000 evacuados que no podrán volver a vivir en sus alrededores durante décadas, y el saneamiento de una economía lastrada por su astronómica deuda pública, que ya dobla los 5 billones de dólares (3,45 billones de euros) del Producto Interior Bruto (PIB).
Noda se convierte así en el séptimo primer ministro que tiene Japón desde 2006, cuando el carismático Junichiro Koizumi, del Partido Liberal Democrático (PLD), renunció al cargo tras ser reelegido por mayoría absoluta en 2005 y un inédito mandato de cinco años.
Desde entonces, sus sucesores apenas han durado un año en el puesto, empezando por Shinzo Abe, a quien los escándalos de corrupción le minaron la salud; siguiendo por el gris proceso de transición de Yasuo Fukuda y terminando por el ambicioso Taro Aso, quien en agosto de 2009 perdió las elecciones ante el PDJ.
Con dicha victoria histórica, el socialdemócrata Yukio Hatoyama encarnaba las ganas de cambio de la sociedad nipona y liquidaba medio siglo de hegemonía del conservador PLD, en el poder desde 1955 con la excepción de un periodo de once meses entre 1993 y 1994.
Pero el espíritu renovador del «rebelde» Hatoyama se agotó en menos de un año y, en junio de 2010, dimitió por no poder cumplir su promesa de cerrar la base americana de Okinawa, uno de los ejes de su campaña electoral junto a la revisión de sus relaciones con Estados Unidos para acercarse más a sus vecinos asiáticos.
A su sucesor, Naoto Kan, le tocó enfrentarse a la peor catástrofe que ha sufrido el país desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial: el devastador tsunami que arrasó la costa noreste de Japón, se cobró unas 25.000 vidas y provocó el desastre nuclear más grave desde Chernóbil en 1986.

