Suu Kyi cumple un año de libertad en una Birmania que se reforma

Suu Kyi cumple un año de libertad en una Birmania que se reforma
La premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. EF

La líder del movimiento democrático birmano, Aung San Suu Kyi, hace hoy un año que fue liberada por los generales que tras guardar el uniforme maniobran ahora para reformar la política interna y exterior de Birmania (Myanmar).

El signo más obvio de que en este país del sudeste de Asia soplan otros vientos, es el hecho de que las fotografías de la nobel de paz y jefa de la Liga Nacional por la Democracia (LND) se venden en las calles abiertamente, cuando no hace mucho tiempo solo exhibirlas era castigado con la cárcel.

Desde que tal día como hoy Suu Kyi reapareció por encima del muro de su casa ante un gentío unos minutos después de que los militares le comunicaran el final un arresto domiciliario que duró siete años y medio, el nuevo Gobierno con su presidente Thein Sein han dado sorpresas que pocos esperaban.

Los retratos de «La Dama», que ha estado cautiva casi 15 de los último 22 años, ocupa también las portadas de las revistas y sus libros e insignias del partido que capitanea cada vez son más visibles.

«Ella es clave para nuestro futuro porque puede enseñar al gobierno el camino correcto que deben tomar», dice a Efe Hta Aung, un vendedor de libros que asegura que le gustaría ver a Suu Kyi dirigiendo el país.

Otros, como Kyi Maung, un médico jubilado que aún colabora con varios hospitales, creen que todavía es pronto para hablar de cambios.

«El presidente que tenemos ahora está haciéndolo bien. Hay que darle una oportunidad», asegura el doctor.

En siete meses al frente del Ejecutivo, Thein Sein, un exgeneral que formó parte de la cúpula de la disuelta junta militar que rigió Birmania durante dos décadas, ha suavizado algunas restricciones a las libertades básicas e iniciado el diálogo con el movimiento opositor encabezado por Suu Kyi.

Fue Thein Sein quien el pasado agosto invitó a la activista al palacio presidencial en Naypyidaw, la capital, para reanudar el diálogo que se negó a mantener su antecesor y jefe de la junta, general Than Shwe.

La misma Suu Kyi ha calificado de «sincero» el deseo de Thein Sein de desarrollar un proceso de reformas y en este sentido, la pasada semana el Gobierno enmendó la ley de partidos políticos que ha abierto la vía a la Liga Nacional por la Democracia (LND) para solicitar su legalización.

El partido de Suu Kyi, que se ha mostrado satisfecho con las enmiendas, planea mantener una reunión el próximo viernes para decidir si se inscribe como partido con vistas a pugnar en las elecciones que se prevé celebrarán el año próximo en algunas de las circunscripciones electorales con escaños parlamentarios vacantes.

Una de las tres cláusulas que fueron eliminadas de la citada ley, prohibía ser miembro de un partido político a toda persona condenada por un tribunal de justicia, que es el caso de Suu Kyi y de otros miles de activistas opuestos al anterior régimen militar.

La LND, que ganó los comicios de 1990, se negó a expulsar del partido a Suu Kyi y a otros destacados miembros, por lo que boicoteó las elecciones celebradas el 7 noviembre del año pasado y que fueron calificadas de farsa por numerosos gobiernos de Occidente.

En los comicios legislativos venció el partido oficialista encabezado por Thein Sein, quien por entonces desempeñaba el cargo de primer ministro de la junta miliar.

La censura es ahora menos estricta, los sindicatos laborales son legales y unos 200 presos políticos de los cerca de 2.000 que hay en las cárceles, han sido puestos en libertad en virtud de una amnistía cuya aplicación proseguirá a lo largo de los próximos meses.

Pero a pesar de las reformas que han permitido el debate público sobre determinados asuntos políticos, Birmania está todavía lejos de tener lo que se entiende en Occidente por un sistema democrático, según indican los activistas de la oposición.

«En Birmania no se ha registrado en muchas décadas ningún avance democrático y por ahora cualquier gesto en este sentido parece un gran progreso. Lo mejor que ha hecho el Gobierno ha sido liberar a unos cientos de presos políticos, pero eso no quita que al menos 1.800 continúan encarcelados», dice Naing Ko, exiliado en Tailandia y miembro de la organización Campaña por Birmania.

Los escépticos, entre ellos los muchos de miles de exiliados a quienes el Gobierno ha instado a regresar a su país, creen que las autoridades no persiguen instalar una democracia real, sino dar la apariencia ante la comunidad internacional de que Birmana va hacia una transformación con la finalidad de conseguir que al país le sean levantadas las sanciones económicas que entorpecen su desarrollo.

Estos aparentes cambios en están dando sus resultados ya que en los últimos meses han sido casi constantes las visitas oficiales a Birmania de destacados representantes de Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Australia, Japón y otros muchos países predispuestos a mejorar sus relaciones con está nación que se aisló durante muchas décadas y tiene a China como su mayor aliada.

Por Miguel F. Rovira

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