La imagen de los astronautas de la ISS revela la diferencia de consumo energético entre Pyongyang y Seúl

La NASA muestra el ‘agujero negro’ de Corea del Norte y un desertor, a los ‘perros asesinos’

Las ONG denuncian el trato que reciben los presos en los campos de concentración norcoreanos donde los hombres son alimentados a base de «roedores, lagartos y hierba»

El guardián de un campo de prisioneros relata en Ginebra las atrocidades cometidas por la dinastía comunista del país asiático

Volando sobre el Este de Asia, los astronautas en la Estación Espacial Internacional (ISS) tomaron esta imagen nocturna de la Península Coreana.

A diferencia de las imágenes de luz diurna, las luces nocturnas ilustran dramáticamente la importancia económica relativa de las ciudades.

En este punto de vista, es obvio que Seúl es una ciudad importante y que el puerto de Gunsan es menor en comparación. Hay 25,6 millones de personas en el área metropolitana de Seúl.

Corea del Norte aparece casi completamente oscura en comparación con la vecina Corea del Sur y China.

La tierra oscura aparece como si fuera un parche de agua uniendo el Mar Amarillo hasta el Mar de Japón.

Su capital, Pyongyang, se presenta como una pequeña isla, a pesar de una población de 3.260.000 habitantes en 2008. La emisión de luz de Pyongyang es equivalente a las ciudades más pequeñas en Corea del Sur.

Las costas son a menudo muy evidentes en las imágenes de noche, como se muestra por la costa oriental de Corea del Sur.

Pero la costa de Corea del Norte es difícil de detectar. Estas diferencias se ilustran en el consumo de energía per cápita en ambos países, con Corea del Sur en 10.162 kilovatios hora y Corea del Norte en 739 kilovatios hora.

PERROS ASESINOS DE NIÑOS

«Había tres perros que mataron a cinco niños», recuerda en Ginebra Ahn Myong-Chol, guardián de un campo de prisioneros durante ocho años, en un testimonio sobre las violaciones de los derechos humanos en Corea del Norte.

«Tras escapar de sus dueños, los perros se echaron encima de los niños que volvían de la escuela del campo. Mataron a tres en el mismo instante. Los guardias enterraron vivos a los otros dos, que respiraban a duras penas».

Unas palabras extremecedoras que un ex guardián, ayudado por un intérprete, ha relatado a la presna internacionalk.

Los guardias, en lugar de sacrificar a los canes, los «recompensaron con comida especial» al día siguiente, asegura Ahn.

Ahn hizo estas declaraciones en Ginebra, donde participa en una conferencia, antes de que el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas examine en marzo un informe sobre las violaciones de estos derechos por Pyongyang. La Comisión de Investigación de la ONU, que entre otros testimonios escuchó a Ahn, denunció en un informe difundido la semana pasada «crímenes contra la humanidad» e instó a la comunidad internacional a reaccionar.

La comisión estima que «cientos de miles de prisioneros políticos fallecieron en los campos en los últimos 50 años» por «hambrunas premeditadas, trabajo forzado, ejecuciones, tortura y violaciones».

«Entre 80.000 y 120.000 prisioneros políticos continúan detenidos en cuatro grandes campos», indicó esta comisión, si bien dijo que el número de campos y de prisioneros disminuyó por las muertes y por algunas liberaciones.

«En los campos, no tratan a las personas como a humanos… Son como moscas que pueden aplastarse», afirma Ahn, que huyó de Corea del Norte en 1994. Ahn Myong-Chol, refugiado en Corea del Sur, trabajó en cuatro gulags norcoreanos, denominados «zonas de control total».

Allí, los prisioneros son obligados a trabajar de 16 a 18 horas por día, duermen 4 o 5 horas y reciben tres veces por día 100 gramos de papilla. «Todos los días alguien muere de hambre, de agotamiento o por accidente», cuenta este hijo de un responsable local, seleccionado a los 18 años como guardián.

Derecho a matar

En su primer destino, el campo 14 al norte de Pyongyang, le animaron a practicar sus conocimientos de taekwondo contra los prisioneros, considerados como la encarnación del «mal», y a los que tenían derecho de matar.

«Teníamos el derecho a matarlos y si traíamos el cuerpo, podíamos recibir como recompensa el ir a la universidad», explica el ex guardián, añadiendo que muchos dejaban escapar a propósito a los prisioneros para matarlos y obtener la recompensa.

Ahn -que admite haber participado en los actos violentos pero afirma que no mató nunca a nadie- señala que algunos prisioneros estaban en los campos desde que tenían 2 años o incluso nacieron allí.

«El 90% no sabía el porqué estaba allí».

En 1994, cuando volvió a casa durante un permiso, descubrió que su padre, en un momento de embriaguez, criticó a los dirigentes norcoreanos, por lo que decidió suicidarse.

Su madre, su hermana y su hermano fueron detenidos y ya no supo nada más de ellos. La comisión de investigación de Naciones Unidas señaló que las familias de las personas consideradas hostiles eran enviadas sistemáticamente a los campos.

Ahn, que temía por su vida, pudo llegar a la frontera china y atravesar a nado el río Duman. En Corea del Sur, el hombre decidió participar hace tres años con la ONG «Liberad el gulag norcoreano».

«Estos horrores continúan», señaló Ahn, para quien la población «está paralizada por el miedo» al dirigente actual Kim Jong-un.

Torturas difíciles de comprobar

Hace unas semanas también saltaban a la palestra noticias de las supuestas torturas llevadas a cabo por el régimen de Kim Jong-un.

Aunque las ONG llevan años denunciando el trato vejatorio que reciben los presos en los campos de concentración norcoreanos como hombres alimentados a base de «roedores, lagartos y hierba» aunque los miembros de la Comisión de Investigación de la ONU para la protección de los derechos humanos -encabezada por el juez australiano ya retirado Michael Kirby- ni siquiera llegaron a pisar suelo norcoreano, por lo que las fuentes de dichas informaciones se limitan a antiguos presos surcoreanos y japoneses del país comunista.

Otra de las atrocidades que llegaban a los medios occidentales hace apenas dos meses fue la de la muerte del tío del líder norcoreano a mordiscos, devorado por una jauría de 120 perros hambrientos junto con sus cinco ayudantes.

Sin embargo, la versión oficial solo explica que Jang Song Thaek falleció el pasado 12 de diciembre, no hay detalles sobre el «cómo», además según la agencia Reuters la historia podría ser solo un bulo que se ha extendido como la pólvora a través de la prensa internacional desde un blog satírico chino.

 

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