La peligrosa moda de invertir en Bolsa en China

Es el colapso de China y no el corralito de Grecia lo que amenaza el crecimiento de las economías occidentales

La crisis griega -o mejor, crisis del euro- ha acaparado toda la atención del mercado, de la prensa y de los políticos en los últimos meses

Es el colapso de China y no el corralito de Grecia lo que amenaza el crecimiento de las economías occidentales
Un millonario en la Bolsa china. CH

Millones de pequeños inversores, muchos sin conocimientos financieros, se lanzan a los parqués de las bolsas chinas y los convierten en una montaña rusa

La crisis griega -o mejor, crisis del euro- ha acaparado toda la atención del mercado, de la prensa y de los políticos en los últimos meses. Su transcendencia es clave, no tanto por el tamaño de la deuda helena, como por la imagen que daría una moneda que sólo fuese común cuando interesase.

Los avances de los últimos días parecen conducir hacia el final de este capítulo de la crisis helena, pero eso no significa que ya esté todo bien en la economía mundial.

Todo lo contrario: hay otros dos grandes riesgos que amenazan al crecimiento. El primero es el desplome de la bolsa china y, el segundo, la dicotomía entre la subida de tipos en EEUU y el frenazo de su economía (Los griegos reciben con decepción lo que les propone Tsipras tras seis meses de perder dinero, empleo y tiempo).

¿Aterrizaje o caída libre?

Como detallan Javier G. Jorrín y Jose Luis de Haro en ‘El Economista’ este 11 de julio de 2015, la gran preocupación del gigante asiático ha pasado del soft landing a la caída libre.

Esto es, del aterrizaje suave de la economía que están fomentando las autoridades del país, al desplome de la Bolsa de Shanghai y Shenzhen.

El patrón de comportamiento del mercado chino responde a la perfección al de una burbuja, con una subida del cien por cien en medio año y un posterior desplome del 30% en sólo un mes.

En las últimas dos sesiones ha rebotado un 12%, pero todavía es demasiado pronto para pensar que lo peor ya ha pasado. De hecho, rebotes como éste suelen producirse en escenarios de pinchazo de una burbuja (El FMI rebaja su previsión de crecimiento mundial por el frenazo de EEUU, el ajuste de China y Grecia).

El FMI fue muy claro esta semana. Las palabras de su economista jefe, Olivier Blanchard, no dejan dudas: «La burbuja ha estallado» y añadió, «el pueblo chino debe acostumbrarse a estos giros violentos del mercado; no será el último».

¿Son muy importantes los problemas del mercado de China? Sí, y mucho. Hasta tal punto que la propia Reserva Federal (Fed) ha mostrado más preocupación por el gigante asiático que por Grecia, como se apreció en las actas de su última reunión que publicó el miércoles (La bolsa china se hunde otro 5,9% y acumula pérdidas del 29%).

«La caída de la bolsa china supone un riesgo a la baja para el crecimiento global», alerta Gustavo Reis, analista de Bank of America-Merril Lynch.

La incertidumbre que está generando el desplome de la bolsa del país supone un duro golpe para la confianza de los diversos actores económicos. Esta confianza que es ese elemento etéreo que une a los mercados financieros con la economía real. Si la inestabilidad del mercado se transmite a las calles tendrá un gran impacto en todo el mundo.

En primer lugar por su importancia para el resto de países emergentes, como comprador de sus productos y como canalizador de la inversión.

«Hay que valorar a China como el gran conductor de las economías emergentes».

En segundo lugar, porque profundizará más en el desplome de las materias primas, lo que está teniendo un gran impacto en las economías latinoamericanas y oceánicas (Australia y Nueva Zelanda).

Por último, no hay que olvidar que China es el gran financiador de los déficit de los países desarrollados. Sólo en EEUU tiene más de 1,2 billones de dólares de bonos soberanos (sin contabilizar deuda de los Estados).

Una deuda que tienen que refinanciar y que el gigante asiático tiene que seguir comprando por el bien de todos.

Liberalización y estímulos

China ha mezclado el cóctel perfecto para construir una buena burbuja: estímulos monetarios y liberalización del mercado. Los dos juntos hicieron las delicias de los inversores, lo que atrajo una avalancha de liquidez a la bolsa del país que llevó a duplicar su capitalización en seis meses. Imagínese al Ibex por encima de los 21.000 puntos en seis meses. Una locura.

Las autoridades del país se han visto forzadas a liberalizar su mercado de forma precipitada con el objetivo de incorporar al yuan a la cesta de divisas de reserva del FMI en la revisión que realizará a finales de año. La institución exige que los capitales circulen libremente, lo que ha obligado a China a abrir las puertas de su mercado.

Por si el efecto de la llegada de dinero internacional no fuese suficiente, el Banco Popular de China (PBoC) calentó más el mercado con sus estímulos monetarios. Intentaba estimular la economía, pero se encontró con que estaba calentando las bolsas.

Hay esperanza

Pese a que la situación es delicada, hay motivos para la esperanza. En primer lugar, porque China ha demostrado ser uno de los países con menor correlación entre la bolsa y la economía.

Por ejemplo, las previsiones del PIB apuntan que este será el ejercicio de menor crecimiento en 25 años, en el entorno del 6,7%. Unas expectativas muy bajas que no evitaron que la bolsa duplicase su capitalización en medio año.

En segundo lugar, porque el impacto sobre la renta real de las familias es limitado, ya que la inversión de los particulares en la bolsa es todavía bajo. Según los cálculos de Nomura, sólo un 24,3% del ahorro está en bolsa, mientras que la gran mayoría, el 55,5%, está en depósitos.

Además, la capitalización bursátil es todavía baja: el free-float, esto es, el volumen del mercado que está disponible para la negociación, apenas alcanza un tercio del PIB del país, mientras que en los desarrollados supera el cien por cien.

De hecho, a pesar del desplome de la bolsa, el FMI mantuvo sin cambios sus previsiones de crecimiento para el país, en el 6,8% para este año y el 6,3% para el próximo.

Muchos analistas son optimistas y esperan que esta fase de volatilidad del mercado remita en los próximos días.

«La oleada de ventas comenzó de forma indiscriminada, pero después de un tiempo, los inversores encontrarán empresas con valoraciones favorables y fundamentales atractivos«, explica Jing Ning, gestora de Fidelity.

EEUU, de motor a problema

La economía estadounidense ha pasado de ser un motor para el mundo a un foco de incertidumbre. En primer lugar, por el encarecimiento del dólar y el desplome del crudo, que han generado distorsiones en la economía y los mercados.

Un billete verde al alza ha castigado a las multinacionales pero ha dado un importante impulso a las compañías orientadas en el mercado doméstico. Los precios del petróleo, que parecen haberse estabilizado a lo largo del segundo trimestre, siguen generando efectos colaterales negativos.

Pero el gran reto siguen siendo los tipos de interés. Desde el FMI hasta el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, o el vicegobernador de la Fed, Stanley Fischer, han advertido que cuando se produzca la primera subida de tipos en casi una década a este lado del Atlántico, la volatilidad estará servida.

«Seguimos esperando que la Fed suba los tipos en septiembre», afirma Larry Adam, estratega jefe de renta variable estadounidense de Deutsche AWM Americas.

«El contexto económico hará que la subida no sea agresiva dado que todavía la inflación sigue por debajo de los objetivos y la economía es algo floja», aclara. Recordemos que desde la institución capitaneada por Christine Lagarde, no sólo han rebajado sensiblemente hasta el 2,5 la proyección del crecimiento para el PIB de EEUU este año, sino que también se ha insistido en que retrase la subida de tipos hasta 2016.

«Seguiremos viendo volatilidad en el mercado conforme el momento se acerque», estima Adam. La presidenta de la Fed, Janet Yellen, repitió el viernes que espera la primera subida de tipos para este año. Muchos analistas apuntan al 17 de septiembre como la fecha clave.

Esto también se dejará notar en el dólar, otro de los grandes riesgos para la economía estadounidense, por el deterioro que pueda provocar en los beneficios empresariales.

«Esperamos que la paridad entre el euro y el dólar se produzca a finales de año», reitera David Woo, estratega de divisas para Bank of America Merrill Lynch.

No debemos pasar por alto que durante los últimos 12 meses el cambio entre el euro y el dólar se ha desplomado un 20%. «La fortaleza del dólar ha pesado sobre las estimaciones de beneficio del S&P 500», comenta Ben Snider, de Goldman Sachs.

Durante los últimos doce meses, las compañías estadounidenses orientadas al mercado doméstico que componen el S&P 500 han acumulado una rentabilidad del 15% frente a la contracción del 1% de sus homólogas expuestas al mercado internacional.

La ventas extranjeras contabilizaron alrededor de un 33% de los 11 billones de dólares en ingresos registrados por las compañías que componen este indicador. El 19% de los beneficios llega fuera de las fronteras estadounidenses, por un 10% que supone en

Europa y el 5% de los emergentes.

Los síntomas de los vaivenes en las divisas se dejan sentir entre las empresas patrias. En estos momentos, según Factset, las compañías del S&P 500 verán como sus beneficios caen un 4,5% en su tasa interanual en el segundo trimestre de 2015.

La última vez que se registró un recorte interanual fue en el tercer trimestre de 2012, cuando el tijeretazo fue sensiblemente menor, de un 1%.

Del lado de los ingresos, se espera que las caídas alcancen el 4,5%, su mayor descenso desde el tercer trimestre de 2009, en pleno azote de la crisis posterior a la quiebra de Lehman Brothers.

«Las últimas proyecciones indican que los beneficios no volverán a crecer hasta el cuarto trimestre de este año, mientras que los ingresos no volverán a subir hasta el primer trimestre de 2016», advierte John Butters, analista de Factset.

China, gran financiador de la deuda pública

Los emergentes tienen siempre dos grandes miedos.

  • En primer lugar, que China no compre sus productos, especialmente en el caso de los países exportadores de materias primas, como son los latinoamericanos.
  • En segundo lugar, que el dólar suba mucho, lo que debilita su posición exterior, ya que encarece sus importaciones y deteriora su cuenta corriente. Escenario que provoca otro efecto secundario: que los inversores retiran su dinero de estos países, ya que temen que la caída de las divisas emergentes les pasen factura.

Pues bien, sus dos grandes riesgos se están produciendo al mismo tiempo. El ejemplo perfecto de esta ‘tormenta perfecta’ está ocurriendo en Brasil. Los inversores internacionales se han retirado del país, lo que ha provocado un desplome de su divisa, el real, del 30% contra el dólar en sólo un año.

Además, sus ventas a China han caído, tanto por el descenso del precio de las materias primas, como por el ‘frenazo’ del volumen de sus exportaciones, lo que significa que su déficit comercial aumentará este año hasta el 4,2% del PIB.

Este conjunto de factores llevará a su economía a la recesión: el consenso de mercado recogido por ‘Bloomberg’ espera una contracción de su PIB del 1,4%. Este deterioro de Brasil es un ejemplo de lo que está ocurriendo en Latinoamérica, una región que tiene un peso muy importante para España.

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