El organismo avala las cifras de la economía del gigante asiático

El FMI pide a China más reformas para evitar un ajuste fallido de la economía

El BCE advierte alarmado sobre el tremendo impacto que puede tener la situación financiera de China

El FMI pide a China más reformas para evitar un ajuste fallido de la economía
Christine Lagarde. EP

Ser más grande no supone ser más rico, viene a decir la institución multilateral: los ingresos per cápita de China suponen tan sólo el 24% del nivel registrado por Estados Unidos en 2014

El Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó ayer los detalles sobre la revisión anual que la institución realiza sobre la economía china, en las que avala las cifras de la economía del gigante asiático (¿Una nueva guerra de divisas tras la devaluación del yuan?).

En una semana marcada por la devaluación del yuan, los funcionarios del Fondo consideraron que la divisa se ha «apreciado sustancialmente» y no está «devaluada» aunque, eso sí, la posición externa del gigante asiático sigue siendo moderadamente más fuerte que sus fundamentales, lo que implica la necesidad de más reformas para reducir este exceso (El BCE advierte alarmado sobre el tremendo impacto que puede tener la situación financiera de China).

Como recoge Jose Luis de Haro en ‘El Economista‘ este 15 de agosto de 2015, según las conclusiones del Fondo, que comanda la francesa Christine Lagarde, China es la economía más grande del mundo según su poder de paridad de compra, lo que supone «un testamento en el éxito de sus reformas y de desarrollos en materias de políticas económicas».

Sin embargo, ser más grande no supone ser más rico, viene a decir la institución multilateral: los ingresos per cápita de China suponen tan sólo el 24 por ciento del nivel registrado por Estados Unidos en 2014, una cifra que retrocede hasta el 14 por ciento si la medimos en dólares.

Esta es la razón por la cual los funcionarios ponen el futuro del país en manos de «más reformas» cuya implementación será normalmente difícil.

Ralentización

De hecho, aunque el FMI considera que el crecimiento del 6,8 por ciento del PIB para este año y del 6,3 por ciento para el que viene refleja una ralentización adecuada, «la falta de progreso en contener vulnerabilidades y avanzar en las reformas estructurales supone un gran riesgo para el país a medio plazo».

De hecho, los técnicos de la institución aseguran que sin las medidas apropiadas, China se enfrentaría a medio plazo a una «corrección desordenada» (La fábrica china que ha sustituido al 90% de la plantilla por robots y ha triplicado la producción).

En este sentido, el Fondo Monetario Internacional presiona a Pekín para que imponga nuevas medidas que inciten el crecimiento.

Desde la crisis de 2008, el Gobierno chino ha dependido de una fórmula «insostenible» de crédito e inversión para seguir adelante con su expansión económica, lo que ha resultado en un mayor apalancamiento, tanto de la deuda pública como empresarial, poniendo más presión sobre el sistema financiero.

«Lograr un crecimiento más seguro y sostenible requiere revertir esta tendencia», aclaró el equipó del Fondo encargado de tomar el pulso a la economía china.

Presupuestos en vereda

Tomar medidas adecuadas al respecto reducirá la demanda y generará un debilitamiento en el crecimiento, como hemos visto hasta ahora. De ahí que Pekín tenga que tener sumo cuidado al gestionar este proceso de suave aterrizaje, ya que ir demasiado lento en materia reformista incrementará los escollos en el camino, pudiendo provocar un «ajuste desordenado».

Desde el FMI recomiendan a China meter en vereda sus Presupuestos tras la aprobación de su nueva Ley Presupuestaria de 2014. En este sentido habla de controlar las cuentas de los gobiernos locales y mejorar la transparencia.

Al mismo tiempo, el Fondo pide a Pekín que intente mantener su déficit sin cambios en el 10 por ciento del PIB.

Al respecto incide en que el Gobierno chino debe evitar ajustes bruscos en sus cuentas como consecuencia de su nueva ley de presupuestos.

El ajuste fiscal debe ser gradual y debería comenzar a partir de 2016, a un ritmo aproximado del 0,5 por ciento del PIB.

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