Edad, sexo y delito

Gánsteres, abuelas y oro: los ‘elementos’ de la nueva ola delictiva en Japón

"La gente lo ve como una forma fácil de ganar dinero extra, casi como un empleo de medio tiempo"

Gánsteres, abuelas y oro: los 'elementos' de la nueva ola delictiva en Japón
Lingotes de oro. EP

Algunos ‘malandros’ son gánsteres; otros son personas que no están tan acostumbrados a una vida delictiva. En un caso, se acusó que la cabecilla de una banda delictiva de mujeres de edad media era una señora de 66 años de edad.

En Japón se ha dado un resurgimiento de los delitos a la vieja usanza: el contrabando de oro. Las autoridades dicen que se enfrentan a un aumento asombroso en la cantidad de oro que ha sido adquirida ilegalmente en el país.

Los contrabandistas -tanto delincuentes profesionales como aficionados emprendedores- obtienen ganancias esquivando los aranceles e impuestos de importación, que en algunos casos alcanzan los millones de dólares. Las detenciones han aumentado 40 veces en solo unos cuantos años.

Explica Jonatha Soble est 23 de junio de 2017 en ‘The New York Times’ que el contrabando ha atraído la atención nacional debido a una avalancha de incidentes de alto perfil. Entre ellos un descarado robo el que los ladrones de oro estaban vestidos de policías; el decomiso de cargamentos de oro valuado en miles de millones de dólares en botes pesqueros y jets privados, y la desintegración de una banda de contrabandistas que la policía ha dicho que estaba organizada por un ama de casa.

El índice de criminalidad en Japón está entre los más bajos del mundo y ha caído todavía más a medida que envejece la población. Sin embargo, algunos delitos no violentos, como el hurto y las defraudaciones, siguen siendo más comunes que otras infracciones como los asesinatos o el robo a mano armada.

Los expertos dicen que el contrabando de oro es el tipo de delito que podría ser atractivo hasta en un Japón marcado por la ley y el orden: no requiere violencia, no hay víctimas -excepto por las arcas del Estado- y no requiere que quien lo cometa -incluso si es una persona de mayor edad- porte un arma.

«Psicológicamente, es algo que puedes hacer más informalmente que el contrabando de drogas», comentó Takahisa Urushibata, un criminólogo en la Universidad de Economía y Derecho de Osaka. «La gente lo ve como una forma fácil de ganar dinero extra, casi como un empleo de medio tiempo».

Es fácil meter el oro de contrabando a Japón, en pequeñas cantidades. Los agentes aduanales reportan que la gente lo introduce a Japón en bolsitas cocidas al interior de la ropa interior y en barras que adhieren a las plantas de sus pies.

Este junio, la policía del centro de Japón detuvo a cinco mujeres de cincuentaitantos y sesentaitantos años bajo sospecha de ocultar en su ropa casi 30 kilogramos de oro, por un valor de cerca de 1,2 millones de dólares, e intentar contrabandearlos desde vuelos procedentes de Corea del Sur. La mujer acusada de liderar a la banda, de 66 años de edad, admitió haber realizado ocho de esos viajes en los últimos tres años, según la policía. Criminales en Japón costearon la tarifa aérea y las cuentas del hotel de ella y sus compañeras, y les pagaron entre 200 y 400 dólares por cada medio kilo de oro que contrabandearan.

Algunos contrabandistas trabajan a una escala más grande.

La guardia costera japonesa dijo en mayo que detuvo a un bote de pesca cargado con alrededor de 72 kilos de oro, por un valor aproximado de 9,1 millones de dólares. En un caso distinto en diciembre, dos hombres fueron detenidos en un aeropuerto de Okinawa por su conexión con la Inagawa-kai, una organización criminal de la «yakuza», al aterrizar procedentes de Macao con 115 kilos de oro que transportaron a bordo de un jet privado.

En ocasiones, los mismos contrabandistas se convierten en los blancos de delincuentes. El año pasado, dos de ellos iban camino a un establecimiento donde se compra oro en Fukuoka cuando fueron confrontados por unos delincuentes vestidos con uniformes de policías, los cuales les robaron las cajas que contenían varios lingotes de oro con un valor de 6,9 millones de dólares. En mayo fueron detenidas seis personas en conexión con el robo.

En esencia, los contrabandistas de oro se están beneficiando gracias a las leyes fiscales.

La policía dice que el oro de contrabando proviene de lugares donde no se grava la compra, como Hong Kong o Macao.

La mayor parte se transporta por avión, ya sea directamente o haciendo conexión por la vecina Corea del Sur. Los contrabandistas, a diferencia de los importadores legales, les ocultan su carga a los agentes aduanales y así evitan pagar un arancel del ocho por ciento.

Una vez en Japón, venden el oro en establecimientos similares a casas de empeño. Tales empresas les pagan a los vendedores el valor del metal más el impuesto sobre la venta. Esa es la clave de las ganancias: los contrabandistas se embolsan el impuesto y obtienen, automáticamente, un ocho por ciento.

En un bien de consumo con un valor de más de 1000 dólares la onza, el dinero aumenta con rapidez. Un alza en el IVA en el 2014 expandió el potencial de la ganancia.

Los riesgos, en comparación, pueden ser pocos.

Los especialistas dicen que es probable que la mayoría de los contrabandistas evitan la detección. Un hombre y una mujer a los que aprehendieron bajo sospecha de contrabandear oro en el 2009 dijeron a las autoridades que habían hecho 56 viajes redondos a Hong Kong y Australia, con lo que obtuvieron 1,4 millones de dólares, antes de que los atraparan.

A los pocos que sí son detenidos se les acusa solo de evasión del IVA, una transgresión que solo conlleva una multa máxima de alrededor de 90.000 dólares. Por lo general se les regresa el oro una vez que se paga la multa, de acuerdo con funcionarios de aduanas.

Los casos de contrabando se han multiplicado. Según los datos compilados por el ministerio de Finanzas, durante la década antes del incremento en el IVA de 2014, la policía detenía en promedio al año a cerca de 10 personas bajo sospecha de evasión fiscal relacionada con el contrabando de oro. En el 2015, hubo 294 detenciones, un ritmo que continuó el año pasado, dijeron funcionarios, aunque las cifras oficiales para el 2016 todavía no están disponibles.

Las organizaciones de la «yakuza» están detrás de parte del contrabando, dijo Atushi Mizoguchi, un escritor de no ficción que se especializa en el bajo mundo criminal de Japón. Sin embargo, notó que una buena parte del contrabando es cometido por grupos establecidos más recientemente, con una estructura poco rígida y que carecen de vínculos formales con el crimen organizado tradicional.

«Son más creativos que la ‘yakuza'», señaló Mizoguchi. «Y ahora son ricos, así es que pueden crecer comprando todavía más oro».

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