Un sicario sin alma

La espeluznante frialdad del asesino de la motocicleta

La calma del asesino espanta. Sigue con parsimonia a sus víctimas, espera que pisen la acera y les descerraja en un segundo dos balazos en la nuca.

Después se va, recuerda donde dejó la moto, vuelve y maniobra sobre los cadáveres, sin prisa ni aparente preocupación.

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