La filtración del Centro Provincial de Hubei para el Control y la Prevención de Enfermedades pone en ‘jaque’ la versión de China

Así ocultó China el brutal impacto del coronavirus en Wuhan

Unos documentos que abarcan el período entre octubre de 2019 y abril de 2020 demuestran el plan del régimen asiático para ocultar información

Así ocultó China el brutal impacto del coronavirus en Wuhan
Xi Jinping PD

China intentó ocultar el brutal impacto del coronavirus en Wuhan.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido uno de los más críticos de Pekín, llegando a calificar al COVID-19 como el “virus chino”. El mandatario norteamericano sostuvo, además, que el gigante asiático deberá rendir cuentas por el impacto que tuvo el brote a nivel internacional.

En este contexto, la cadena CNN dio a conocer “los archivos de Wuhan”, unas 117 páginas de documentos filtrados del Centro Provincial de Hubei para el Control y la Prevención de Enfermedades, que fueron compartidas y verificadas por la cadena norteamericana.

Los documentos abarcan el período entre octubre de 2019 y abril de 2020.

En concreto, “revelan lo que parece ser un sistema de atención de la salud inflexible, limitado por una burocracia de arriba/abajo y unos procedimientos rígidos que no estaban preparados para hacer frente a la crisis emergente”.

Además, exponen CNN, en varios momentos críticos de la fase inicial de la pandemia, los archivos confidenciales “muestran pruebas de claros pasos en falso y señalan un patrón de deficiencias institucionales”.

“Documento interno, por favor mantenga la confidencialidad”, es el título del informe que llegó a manos de la cadena norteamericana de parte de un informante que pidió el anonimato.

Informante que aseguró trabajar en el sistema de salud chino, y que se definió un patriota “motivado a exponer una verdad que había sido censurada”.

Los documentos fueron verificados por seis expertos independientes que examinaron la veracidad de su contenido.

“Un experto con estrechos lazos con China informó haber visto algunos de los informes durante una investigación confidencial a principios de este año. Un oficial de seguridad europeo con conocimiento de los documentos y procedimientos internos chinos también confirmó a la CNN que los archivos eran auténticos”.

Pese a que las autoridades chinas en todo momento se jactaron de haber tenido un manejo transparente y eficiente desde el inicio de la pandemia, los informes muestran una gran dificultad a la hora de diagnosticar a los primeros pacientes locales de COVID-19.

“Los documentos muestran que los funcionarios de salud locales dependían de mecanismos defectuosos de prueba y notificación. Un informe en los documentos de principios de marzo dice que el tiempo medio entre el inicio de los síntomas y el diagnóstico confirmado fue de 23,3 días, lo cual, según los expertos, habría obstaculizado considerablemente las medidas para vigilar y combatir la enfermedad”.

Censura

A pesar de las medidas draconianas y algunas sofisticadas herramientas de monitoreo y vigilancia en la población, sumado al confinamiento de unas 700 millones de personas, todo aquello no contribuyó para localizar la cadena de transmisión del virus.

Mientras los casos aumentaban en febrero, las autoridades chinas enfrentaban una crisis de legitimidad con la opinión pública cuestionando cómo Pekín ocultaba información. Todas la miradas apuntaban al Partido Comunista chino.

A través de los documentos, se sabe que había lagunas entre la información oficial y la que circulaba internamente entre la población. Por ejemplo, según muestran los archivos, el 17 de febrero las autoridades chinas reportaron 93 muertes por coronavirus, pero la cifra oficial en realidad fue de 196 personas fallecidas.

Otro reporte muestra que el 10 de febrero murieron seis trabajadores de salud en Hubei. Sin embargo, esas muertes nunca fueron reportadas por Pekín. Por esta razón, mientras el virus se esparcía, la ciudadanía desconfiaba del actuar de las autoridades ya que creían que no se tomaban en serio la crisis.

En noviembre, Xi Jinping pretendió -una vez más- amordazar a los médicos que estuvieron en los inicios del brote de coronavirus en Wuhan, hacia finales de 2019. No quiere que colaboren con la misión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que intentará determinar cómo fue que nació el Sars-CoV-2. Es por eso que les prohibió a los profesionales de la salud que informen sobre el manejo primario que las autoridades sanitarias ordenaron en torno al nuevo virus que derivó en la muerte de -hasta el momento- 1.434.509 víctimas en todo el mundo.

De acuerdo la agencia japonesa Kyodo, “las autoridades de China emitieron una orden de mordaza sobre el virus a los médicos en Wuhan”. Es decir tendrán prohibido, como en un inicio, hablar sobre qué fue lo que vieron y qué los obligaron a callar cuando el brote ya estaba fuera de control. La medida recuerda el drama atravesado por Li Wenliang, aquel médico que fuera silenciado por el aparato del régimen de Pekín por haber alertado -en diciembre pasado- a otros colegas sobre un nuevo virus que estaba llevándose las vidas de decenas de pacientes en el Hospital Central de Wuhan, la ciudad donde se cree que nació el Sars-CoV-2

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