El presidente sostiene que la intervención, ampliada a Siria, "no es solo una lucha de América"
Para estar tullido el pájaro, pega picotazos de espanto. Quien lo dude que pregunte a los facinerosos del Estado Islámico, de desde la pasada noche no cesan de recibir misiles Tomahawk y bombazos.
En EEUU se utiliza la expresión ‘Pato Cojo’, para describir al presidente en su segundo mandato. Se da por supuesto que, incapacitado para optar a un tercer período, es débil e inoperante.
No siempre es así y tenemos ejemplos recientes de lo contrario. Fue siendo ‘patos cojos’ cuando Reagan negoció con Gorbachev el final de la Guerra Fría, Clinton metió a China en la Organización Mundial del Comercio y Bush firmó con Irak la fecha de salida de las tropas norteamericanas.
Y ha sido, a dos años dejar la Casa Blanca, cuando Obama ha cogido el toro del terrorismo islámico por los cuernos y ha decidido darles leña a los malvados hasta que aprendan latín.
Y lo ha hecho bien. Justo antes de la Asamblea General de la ONU y arropado por cinco países musulmanes hasta la médula: Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Bahrein y Jordania.
El momento hará que la lucha contra el terrorismo yihadista galvanice el cónclave de Nueva York y los colegas de fatigas, permiten a EEUU argumentar que no están solos, sino que luchan contra los decapitadores suníes arropados por lo más granado del Islam suní.
La bronca da un balón de oxígeno al tirano Asad, pero ya se sabe que el enemigo de mi enemigo, aunque no sea mi amigo, puede ser un aliado.
