VISITA HISTÓRICA A LA RATONERA CUBANA

La dictadura cubana gana tiempo en el poder a costa del buenismo de Obama

Carlos Montaner: "Castro sabe uqe desde hace varias décadas sabe que el sistema comunista es inherentemente improductivo"

Barack Obama ha afirmado que su visita a Cuba es sólo "un primer paso"

Tan evidente resulta que el régimen castrista no ha cambiado ni está dispuesto a cambiar en lo esencial es que ni siquiera ha intentado disimularlo: este 20 de marzo 2016, apenas unas horas antes de que el avión presidencial de Obama aterrizase en La Habana, fueron detenidas decenas de disidentes, cuyo único delito fue reclamar pacíficamente y a la salida de misa libertad y respeto a los Derechos Humanos.

Hay que elogiar, al menos como el editorial de ABC, el gesto valiente y noble del presidente Obama de recibir a algunos demócratas en la recién reabierta Embajada norteamericana, para que no olvide del todo los valores que defiende Estados Unidos, una práctica que debería haber sido generalizada por parte de todos dirigentes de países libres que han visitado la isla, pero que solo unos pocos -José María Aznar y Ernesto Zedillo, entre otros- se han atrevido a cumplir.

CARLOS ALBERTO MONTANER: «CASTRO, INCÓMODO»

«Raúl Castro se siente muy incómodo. Ese es su estado anímico frente a Barack Obama», escribe Carlos Alberto Montaner, referente del exilio cubano. «Lo recibe con un secreto apretado en el pecho. Es una contradicción viviente. Desde hace varias décadas sabe que el sistema comunista es inherentemente improductivo. No hay ilusión ni imbecilidad que resista 58 años de desengaños».

Los militares mentían, robaban y engañaban como cualquier hijo de vecino. En esa época Raúl tomaba mucho alcohol. El aparato productivo continuaba fané y descangayao, como en el tango «Esta noche me emborracho» del maestro Santos Discépolo. Raúl se emborrachaba todas las noches. Ahogaba sus convicciones íntimas en whiskey.

En el 2006, precipitadamente, Raúl llegó a la presidencia colgado de los intestinos de su hermano Fidel. Pero ni siquiera podía revelar su juicio pesimista. Tenía el gobierno, pero no el poder. Afirmó, entre apesadumbrado y desafiante, que no dirigía la revolución para enterrarla. Se acogía a la terca máxima española: sostenella y no enmendalla. Los caballeros no rectificaban. Eso era cosa de maricas.

A estas alturas sabe que sus «lineamientos» tampoco dan resultado. La producción sigue hundiéndose. Los cubanos insisten en escapar. Han diezmado la industria azucarera. Se acabará pronto el subsidio venezolano. El amigo Lula puede acabar tras la reja. Los chinos le han dado una tarjeta con el teléfono de la Cruz Roja. Lo único que funciona espléndidamente es la represión. El marxismoleninismo y el modelo soviético eran extraordinarios fabricantes de jaulas herméticas. Sólo eso.

Nada de esto puede decírselo a Barack Obama. Raúl se callará su secreto. Musitará algunas consignas bobas sobre la soberanía y reiterará el curso gallardo de la revolución. Lo felicitará por el cambio de política, pero insistirá en el disparate totalitario del Capitalismo Militar de Estado. Está atrapado en una ratonera histórica e ideológica, sujeto a la vigilancia moral de su hermano Fidel, un personaje patológicamente terco que morirá con el régimen intacto. Al fin y al cabo, él también es un prisionero.

OBAMA: «ES MARAVILLOSO ESTAR AQUÍ»

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha afirmado que su visita a Cuba es sólo «un primer paso» en la nueva relación entre ambos países, agregando que la misma tiene carácter «histórico».

En un encuentro con el personal de la Embajada estadounidense en La Habana, el mandatario ha recordado que «han pasado casi 90 años desde que un presidente estadounidense estuvo en Cuba». «Es maravilloso estar aquí», ha agregado.

«En 1928, el presidente (Calvin) Coolidge vino en un buque de guerra y tardó tres días en llegar. Yo he tardado sólo tres horas», ha bromeado, recalcando que es la primera vez que el Air Force One aterriza en territorio cubano.

LE CORTARON LA MANO POR PEDIR UNA ESCUELA

La historia de Sirley Ávila León es una más de quienes han desafiado a la dictadura cubana. Sirley era la delegada del Poder Popular en el barrio Limones del municipio de Majibacoa, en la provincia de Las Tunas, en la zona oriental de Cuba. Es decir, la representante del gobierno en su vecindario. Pero cayó en desgracia cuando, tras el cierre de una escuela primaria, se empeñó en pedir su reapertura ante el Consejo de Estado y otros órganos nacionales.

Hasta una docena de veces reclamó que se reabriera el centro escolar. Eso le valió que la tildaran de «contrarrevolucionaria» y que sufriera «varios intentos de asesinato», aseguró a ABC sentada en una silla de ruedas por las heridas sufridas en uno de los ataques. Ayer encabezó una marcha por las calles de la Pequeña Habana contra la visita de Obama a Cuba.

Según relata Ávila, divorciada de 56 años, las autoridades cubanas le «infiltraron» un matrimonio en la finca que poseía y que era su medio de vida. «Tenían todo preparado acabar con mi vida», señala. El 24 de mayo de 2015, recuerda, la atacaron a machetazos y, tratando de protegerse la cabeza, perdió la mano izquierda, donde un muñón permanece ahora como recuerdo de la agresión.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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