La demócrata se destaca en el momento en que las encuestas empiezan a ser definitvas

Hillary Clinton, disparada en los sondeos electorales a dos meses de las presidenciales

Lidera en casi todos los estados en disputa poco antes del momento en que las diferencias se vuelven insalvables

Hillary Clinton, disparada en los sondeos electorales a dos meses de las presidenciales
Hillary Clinton es la primera mujer con opciones reales de llegar a la Casa Blanca BBC

Las convenciones de los partidos en EEUU son anuncios de cuatro días dedicados a vender a los candidatos.

Clinton parece haber aprovechado mejor su oportunidad que Trump: la demócrata ha salido de su semana grande con una ventaja de 7 u 8 puntos, mientras que Trump apenas logró repuntar 2 o 3 tras la suya. Y la historia sonríe a Clinton: el candidato que lidera las encuestas dos semanas después de celebrarse las convenciones ha acabado ganando siempre.

A falta de una semana para llegar a ese momento, la demócrata empieza agosto con una ventaja mayor a la que tenía en junio, antes de la crisis de los correos electrónicos investigados por el FBI.

Tradicionalmente, el candidato que celebra una convención recibe un «rebote», una mejora en las encuestas de unos cuantos puntos gracias a votantes cercanos al partido que se deciden tras escuchar a su candidato en su día de coronación.

Trump celebró haber recibido «uno de los mayores rebotes de la historia». Sin embargo, según la recopilación del analista Sam Wang, de la Universidad de Princeton, Trump tuvo el cuarto «rebote» más pequeño desde 1964, mientras que Clinton se llevó el sexto más grande de los 23 candidatos analizados.

No solo eso, sino que la encuestadora Gallup descubrió que la Convención Republicana fue la primera de cualquier partido desde 1984 en la que el candidato terminó con un mayor índice de rechazo de con el que la empezó: apenas un 36% de votantes se declararon «más dispuestos» a votar a Trump, frente a un 51% que se mostró más reacio a hacerlo. La diferencia, en el caso de Clinton, es de 4 puntos positivos, 45% atraídos frente al 41% a los que la convención alejó de su candidatura.

En intención de voto, Trump apenas logró superar a Clinton por un punto la semana de su convención (46% a 45%), antes de desplomarse hasta un 39.9% tras el encuentro demócrata mientras Clinton se acerca al 47%.

Las encuestas de los días siguientes, pese a todo, suelen fallar bastante: ahora es Clinton la que está hinchada por el efecto de su convención. El problema para Trump es que en su mejor momento apenas ha logrado superar a su rival por un punto, mientras que, en el mejor momento de Clinton, su ventaja es de unos 8-9 puntos, e incluso roza un máximo de 15 en varias encuestas. Si el resultado final acaba en algún punto intermedio, Clinton será la favorita indiscutible.

El otro problema, y más peligroso para el republicano, es que el sistema electoral favorece actualmente a los demócratas. Las elecciones no se deciden por voto directo, sino por «votos electorales» que otorgan los estados al candidato más votado en su territorio.

Actualmente, los estados en los que el partido demócrata tiene garantizada la victoria antes incluso de empezar la campaña suman más de 200 votos, mientras que Trump comienza con unos 140.

De hecho, los estados que han votado al candidato demócrata en todas las elecciones celebradas desde 1992 suman 242. La línea de meta está en 270, por lo que a Clinton le bastaría con ganar esos estados (el «muro azul») y alguno más, como Virginia (donde su compañero de fórmula, Tim Kaine, fue gobernador y senador), Florida (que por sí sola sería suficiente), Nuevo México (donde lidera de forma clara) u Ohio.

Así, partiendo de los resultados de 2012, Trump necesitaría ganar por al menos un punto para igualar el mapa electoral con Clinton. Todo eso siempre que no aumente el voto de minorías en estados con un alto número de hispanos, como Florida o Colorado.

De hecho, algunas encuestas sitúan a los estados tradicionalmente republicanos de Arizona y Georgia, con un alto número de hispanos, en empate técnico e incluso con una ligera ventaja de Clinton.

A esto se le añade que en muchos de esos estados también están en juego escaños en el Senado, que podrían devolverle la mayoría en la cámara a los demócratas tras su derrota en 2014.

El temor de los líderes republicanos es que muchos de los votantes opten por la opción rápida de votar a todos los candidatos demócratas en la papeleta en vez de separar sus apoyos. Si eso ocurre, una clara derrota de Trump podría dejar un legislativo completamente azul, como el que Barack Obama se encontró durante sus dos primeros años de mandato.

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