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La discusión que tuvo el presidente de EE.UU., Donald Trump, con el reportero de la CNN Jim Acosta ha derivado en una absurda polémica sobre si una joven empleada de la Casa Blanca fue tocada de manera inapropiada durante la conferencia de prensa posterior a las elecciones de medio término (Trump cumple su promesa y firma un documento que prohíbe a los inmigrantes irregulares pedir asilo ).

Durante el incidente, el mandatario criticó al periodista como una "persona grosera y terrible", luego que este se negara a devolver el micrófono a la mujer encargada de coordinar la rueda de prensa (Donald Trump sacude a una periodista: "¡Qué pregunta más estúpida, qué pregunta más estúpida!").

Poco después, la Casa Blanca decidió revocar la credencial periodística al reportero justificándolo no con el duro intercambio verbal con Trump sino con su "comportamiento inapropiado" por haber colocado "sus manos sobre una mujer joven que estaba tratando de hacer su trabajo como becaria de la Casa Blanca" (Trump retira la credencial de la Casa Blanca al periodista de CNN al que insultó).

Acosta respondió que la acusación es "mentira".

Algunos observadores reaccionan afirmando que en realidad fue la empleada la que tocó a Acosta en repetidas ocasiones. Una periodista incluso publicó un video a cámara lenta del breve contacto físico entre ambos.

Algunos periodistas también trataron de defender a Acosta diciendo que la secretaria de prensa, Sarah Sanders, "ha tergiversado claramente lo que sucedió". "La asistente de la Casa Blanca trata agresivamente de tomar el micrófono de Acosta y él nunca pone una mano sobre ella. La verdad todavía importa", escribió el periodista Michael Barbaro.

"Acosta, quien, según alega la Casa Blanca, 'puso sus manos' sobre la joven becaria, dijo "perdóneme, señora" mientras trataba de hacer su pregunta", escribió, por su parte, la reportera de The New York Times Maggie Haberman en defensa de su colega de la CNN.

La joven empleada que en realidad solo hacía su trabajo podría resultar la única y verdadera víctima de este juego político absurdo en el que, al parecer, ya no importa mucho lo que realmente muestra el video. Es posible que la becaria tenga que responder a las preguntas sobre si sintió que la tocaron de manera inapropiada.