Obama se muestra dispuesto a actuar en solitario contra Bachar el Asad

El Parlamento británico rechaza sumarse al castigo militar contra Siria

El fantasma de la guerra de Irak frena al premier británico, que aseguraba su participación en la operación bélica

La oposición de la bancada laborista y de un grupo de 'tories' sacude al Gobierno y deja a Cameron a los pies de los caballos

El Parlamento británico se ha negado este 29 de agosto de 2013 a avalar la intervención militar en Siria que reclamaba David Cameron, rechazando el argumento del primer ministro de que existen pruebas «convincentes» sobre la implicación del régimen de Bachar el Asad en un ataque con armas químicas contra civiles el miércoles de la semana pasada en las afueras de Damasco.

Cameron, que sale del envite muy debilitado y deberá ahora explicar a Obama como su mejor aliado no acompaña a EEUU en la operación de castigo, dejó claro que había entendido el mensaje:

«Les puedo asegurar que creo firmemente en la necesidad de responder con contundencia al uso de armas químicas, pero también creo en el respeto a la Cámara de los Comunes».

La moción impulsada por Cameron fue rechazada por 285 votos en contra frente a 272 a favor, con los laboristas votando en blouqe, apoyados por varios diputados conservadores.

«Me queda claro que el Parlamento, reflejando la voluntad popular, no quiere ver al Ejército británico en acción. Lo entiendo y actuaré en consecuencia».

EL ESPECTRO DE SADAM HUSEIN

El espectro de Tony Blair, el jefe de Gobierno laborista que embarcó a su país en una campaña militar en Irak con la oposición de una mayoría de la opinión pública británica y de un sector importante de su propio partido, estuvo ayer muy presente en los banquillos de Westminster.

Hace una década, la Administración Blair manipuló los informes del espionaje para defender su justificación de la guerra: alegó que Sadam Husein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva capaz incluso de alcanzar territorio británico, algo que no ha sido probado hasta la fecha.

Cameron no ha llegado a tanto, pero su aseveración durante el debate de que existen pruebas “convincentes” sobre la implicación del presidente sirio El Asad en el ataque del 21 de agosto en las cercanías de Damasco, y aportando únicamente vagas referencias a los datos recabados por la inteligencia británica, ha jugado en su contra.

OBAMA SEGUIRÁ SOLO

Poco después de la votación en el Parlamento, el ministro de Defensa, Philip Hammond, insistió en que Londres «no participará» en una operación contra Siria:

«No creo que la ausencia británica detenga una acción militar».

 

La noticia sobre el revés sufrido por Cameron en el Parlamento cayó como una bomba en Washington al final de una jornada en la que Obama se había enfrentado a dudas crecientes sobre la legitimidad y la oportunidad del ataque previsto sobre Siria.

Aunque oficialmente no se ha tomado ninguna decisión, Barack Obama parece dispuesto a actuar en solitario contra Siria, después de que el Parlamento británico haya votado contra los planes de Cameron.

Los principales responsables de la Administración norteamericana en materia de seguridad informaron anoche al Congreso sobre las pruebas de que, según los servicios de inteligencia norteamericanos, el régimen de Bachar al Asad utilizó armas químicas contra los rebeldes.

“Estados Unidos tiene capacidad para tomar sus decisiones en el caso de Siria”, declaró un portavoz de la Casa Blanca cuando los parlamentarios del Reino Unido debatían sobre la intervención.

Un alto funcionario confirmó posteriormente la voluntad de actuar en solitario. La ausencia de Londres puede obligar, en todo caso, a disminuir el número de objetivos militares y la duración de la campaña.

La obligada deserción de Cameron deja a Obama en una soledad que ningún presidente de EEUU había conocido desde hace décadas. Desde hace más de un siglo y con escasas excepciones, el gran primo británico ha estado ahí cada vez que Washington ha requerido su colaboración en material militar.

Incluso con ocasión de la falsa campaña orquestada para justificar la guerra de Irak, Tony Blair, un laborista, se unió al presidente republicano George W. Bush.

Esta vez, por ironías de la vida y tal vez bajo el síndrome de aquel desastroso conflicto, un primer ministro conservador ha tenido que decirle no a un presidente demócrata que se ve ahora solo ante el abismo de una monumental crisis internacional. Queda Francia, cuyo presidente, François Hollande, compartía estos días el tono bélico de Obama y Cameron, pero habrá que esperar a ver si París, que tiene sus peculiaridades en política exterior, sigue hasta el final.

Obama no parece tener más remedio que continuar, ahora ya de acuerdo a su propio calendario, probablemente sin más preocupación que esperar a que los inspectores de Naciones Unidas que se encuentran en Siria salgan del país, lo que ocurrirá este fin de semana.

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