El FMI confirma que el Gobierno de Atenas no ha pagado los 1.600 millones de deuda

Europa se niega a negociar con la Grecia de Syriza bajo el chantaje del referéndum montado por Tsipras

El Gobierno de Tsipras reclama un tercer plan de ayuda sin la participación del FMI y una restructuración de la deuda

La Grecia de Syriza tiene la mayor deuda de un país con el FMI y es el primer país desarrollado en incumplir un vencimiento

Nueva reunión del Eurogrupo con las posturas negociadoras más enfrentadas que nunca.

Los ministros de Finanzas del euro dieron este martes un portazo a la última petición helena, que bajo la terminología del rescate, se limitaba a solicitar un préstamo de más de 29.000 millones de euros sin condiciones aparejadas.

En estado de máximo desencuentro, convocaron para este miércoles una nueva reunión del sanedrín de la Unión Europea.

Uno y otro polo negociador buscaban atribuir al contrario la culpa de cualquier quiebra helena y eventual posterior salida del euro. En este contexto, los socios europeos y Grecia intensificaron este martes sus escaramuzas políticas horas antes de la conclusión del programa de rescate heleno en la noche del martes (El Ibex 35 se toma un respiro: sube un 0,8% en la apertura, mientras la prima de riesgo se relaja).

Como explican Jorge Valero y Yiannis Mantas en ‘El Economista’, tras cinco años de ayuda de la UE y el FMI, y casi 240.000 millones de euros transferidos, la maltrecha economía griega volvió a la intemperie en el peor momento, cuando sufre un corralito en su sistema bancario, y se juega el próximo domingo su permanencia en el euro en un referéndum convocado por su primer ministro, Alexis Tsipras.

Con la mirada puesta en el referéndum convocado para el próximo domingo, y buscando munición con la que disparar a los socios del euro, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, se sacó de la chistera una oferta de último minuto envenenada.

El líder griego solicitó este martes por la tarde un nuevo programa de rescate de 29.100 millones de euros para cubrir sus necesidades financieras hasta finales de 2017.

La petición pilló por sorpresa a las capitales y a las instituciones europeas, que ya se preparaban para digerir el final del rescate de Grecia en la medianoche, y el impago al FMI que estaba previsto que cometiera al mismo tiempo, al no contar con los 1.550 millones que debía devolver al fondo.

Convocatoria de urgencia

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, reaccionó convocando de urgencia una teleconferencia del Eurogrupo para discutir la solicitud griega. Sin embargo, la propuesta se encontró con un esperado portazo por parte de los ministros de Finanzas del euro (Cristobal Montoro: «España no es Grecia, pero pudo serlo de no haber hecho los deberes»).

La solicitud helena contaba con pocas opciones de ser aceptada, ya que Grecia pedía 29.145 millones sin aceptar condiciones aparejadas al auxilio económico.

Con un medido uso de las palabras, hacía referencia a un «préstamo», obviando cualquier referencia a un memorando de entendimiento, o programa, donde se incluyen las reformas o ajustes que debe aplicar a cambio.

Más aún, pedía una renegociación de su deuda como parte del acuerdo, en lugar de modificar algunos puntos como los vencimientos o los intereses a partir de octubre, como ofrece la última oferta de la eurozona, siempre que se apliquen las reformas.

«La extensión del programa o la quita no es posible», manifestó al respecto el ministro de Fianzas finlandés, Alex Stubb.

La petición de Tsipras llegó además en un momento en el que el pesimismo y la desconfianza ha dado paso incluso a la hostilidad entre ambos lados (Mariano Rajoy: «Si pierde Tsipras en el referéndum del domingo, será bueno para Grecia»).

Un alto funcionario comunitario resumió el estado de ánimo diciendo que la confianza está rota a todos los niveles, con pocas opciones para repararla.

No obstante, nadie quiere cortar todos los puentes en un momento en el que cualquier gesto puede suponer la atribución de la responsabilidad de la salida de Grecia del euro. Por eso, el Eurogrupo se volverá a reunir este miércoles para tratar las condiciones y los detalles sobre los que se podría continuar ayudando a Grecia, una vez que el segundo programa de rescate ha expirado.

La maniobra del líder griego vino precedida de la oferta final del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien sugirió a Tsipras en una conversación telefónica el lunes por la noche la posibilidad de un desembolso de urgencia con el que evitar el impago al FMI la pasada noche, siempre que el griego aceptara el paquete de ajustes final ofrecido por la UE y el FMI, e hiciera campaña por el sí en el referéndum del domingo.

Sin embargo, tanto las jugadas de Juncker como de Tsipras tenían pocas oportunidades de prosperar, y buscaban más bien argumentos con los que empezar a gestionar los daños que pueden llegar después del plebiscito del domingo, sobre el que los líderes de la UE ya han avisado que será percibido como una decisión sobre la permanencia del país en la eurozona (Tsipras consuma su pérfido plan: el FMI confirma el impago y declara moroso a Grecia ).

Moratoria

El plan griego que se debatió este martes en el Eurogrupo de emergencia preveía una moratoria del pago de intereses y la prolongación de la amortización de la deuda griega, mientras que solicitaba la exclusión del FMI de las negociaciones. La propuesta griega supondría un nuevo memorándum y por eso vino acompañada por medidas que el Gobierno griego sí está dispuesto a tomar, de las cuales no se han hecho públicos los detalles.

El plan pivotaba sobre tres puntos clave: un compromiso de que no haya recortes en sueldos ni pensiones, un compromiso de aumentar progresivamente el salario mínimo y de restaurar los convenios colectivos y, por último, una propuesta de un paquete de inversiones.

Necesidades financieras

En concreto, según la carta oficial del primer ministro Alexis Tsipras, Grecia, solicita un tercer préstamo para el periodo 2015-2017 de un valor de 29.145 millones de euros. Tsipras hizo referencia a las necesidades financieras del país que serán de 12.335 millones en 2015, 7.191 millones en 2016 y 9.619 en 2017.

En la decisión del primer ministro de abordar una nueva propuesta a horas de vencer el segundo salvamento a Grecia pesaron las imágenes de los últimos días, de las colas de pensionistas en los cajeros automáticos, la situación general de la economía durantes los dos primeros días del corralito, y también las sugerencias de ministros y miembros de su gobierno.

Un acuerdo rápido entre Atenas y sus acreedores es la única opción para evitar el referéndum convocado por el próximo domingo 5 de julio.

Por muy remota o complicada que parezca la posibilidad de un acuerdo relámpago entre las dos partes, y a pesar de que el portavoz del Gobierno griego, Nikos Pappas, ha declarado que el referéndum se celebrará sí o sí, no se puede descartar la posibilidad de que el proceso se detenga si finalmente se cerrase un pacto.

Por otro lado, en el interior de Grecia hay imágenes contradictorias: colas en las gasolineras, donde comienzan a subir los precios, y también en los supermercados, donde la población hace acopio de víveres.

Por otro lado, se notan las primeras consecuencias en tiendas de ropa y calzado, restaurantes y empresas manufactureras, con fuerte caída de las ventas.

El miércoles se espera que abran algunas sucursales bancarias únicamente para que los jubilados retiren parte de su pensión, en principio limitándose la disposición a 240 euros, independientemente del importe de la prestación.

Es una medida adoptada habida cuenta de que buena parte de los pensionistas griegos no disponen de tarjetas de crédito. Además, las disposiciones se limitan en general a 60 euros diarios por cuenta.

Por último, cabe añadir que con la finalización del programa de financiación este martes por la noche, Grecia se enfrenta al menoscabo de unos 39.500 millones de euros.

Esta cantidad viene de los 10.900 que quedaron en el MEDE tras la recapitalización de los bancos griegos, otros 1.200 millones que Grecia devolvió al MEDE por error, unos 1.800 millones que deberían haber sido desembolsados en agosto de 2014 por el fondo de rescate, 16.000 millones de euros del último tramo de ayudas por el FMI y otros 9.600 millones de euros de beneficios de los bonos griegos en manos del BCE.

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