Turquía deportó a Bélgica a Brahim El Bakraoui, uno de los terroristas suicidas de Bruselas y avisó de su 'peligrosidad'

El incompetente ministro del Interior belga presenta su dimisión y el incapaz del presidente no la acepta

Las autoridades belgas, además de llorar como magdalenas, reconocen falta de recursos y cuerpos policiales disgregados

El incompetente ministro del Interior belga presenta su dimisión y el incapaz del presidente no la acepta
El primer ministro de Bégica, Charles Michel (izda), y el ministro de Interior Jan Jambon. EP

Juncker acusa a los Gobiernos europeos de pasividad ante el terrorismo islamista y de no aplicar los planes antiyihadistas del Ejecutivo comunitario

El ministro de interior de Bélgica, el incompetente Ene Jambon, ha renunciado este jueves 24 de marzo de 2016 a su cargo por los errores en la lucha antiterrorista.

Lo asombroso no es que tire la toalla un inútil que no ha sido capaz de tomar la mínima medida contra el terrorismo islamista y bajo cuyas narices han campado tan frescos asesinos como los de la discote Bataclan de Parós, sino que el primer ministro del país, el también inútil y ‘bondadoso‘ Charles Michel, ha rechazado este ofrecimiento.

El mantenimiento en sus puestos de personajes de esa catadura, explica bastante el sangriento desastre de estos días (Polonia se niega a aceptar refugiados musulmanes tras los atentados de Bruselas).

Los cuatro meses de fuerte despliegue de soldados y policía en las calles de Bruselas no sólo no han evitado el peor atentado en la historia de Bélgica, sino que han sido una simple pantalla tras la que fanátyicos islamistas de todo pelaje han prosperado, conspirado, vivido y reclutado a sus anchas..

Tampoco la informacion obtenida de Salah Abdeslam, autor de los atentados de París, capturado el pasado viernes y quien, horas después de su detención, comenzó a colaborar con la justicia para evitar su extradición a Francia (Arturo Pérez-Reverte: «Los yihadistas deben de estar acojonados por las florecitas, las velitas y nuestro enérgico ‘todos somos Bruselas'»).

El que no se detectase en Bruselas a Abdeslam, que compartía piso con los dos hermanos Bakraoui, suicidas en el Aeropuerto de Zaventem y en el metro de Malenbeek, ha revelado nuevas deficiencias en unos cuerpos de policía descoordinados y escasos de recursos (El alcalde de Valencia, otro bobo a las tres: «Lo de Bruselas tiene que ver con la invasión de Irak»).

Igual que en noviembre, se acusa a las autoridades de Bélgica de cometer errores graves en su política antiterrorista (Ignacio Camacho sobre los atentados de Bruselas: «Esta es la sociedad que mejor llora por las víctimas que no defiende»).

Este 23 de marzo de 2016, las declaraciones del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dejaron ‘con el culo al aire’ a las irresponsable autoridades de Bruselas:

«Uno de los autores de los ataques de Bruselas es una persona que detuvimos en junio de 2015 en Ganziatep, y fue deportado. Informamos a la embajada belga sobre la deportación el 14 de julio. Bélgica lo dejó libre«.

En realidad, Turquía detuvo y expulsó a Holanda en julio de 2015 a uno de los yihadistas que cometieron los atentados, al que varios medios identificaron como Ibrahim El Bakraoui (¿Le seguirá pareciendo a Ignacio Escolar que la policía actúa con «impunidad y sin freno» en Bélgica?).

«Pese a nuestras advertencias de que esta persona era un combatiente extranjero, Bélgica no pudo determinar sus vínculos con el terrorismo».

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