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Los británicos se quedan ‘hUErfanos’ tras la ajustada victoria del Brexit

La salida de la Unión Europea gana por cuatro puntos y algo más de un millón de sufragios

Oxford, Ciudad de Londres, Stirling y tres de los cuatro distritos de Belfast votaron a favor del “remain”, mientras que Sunderland, Middlesbrough y Harlow lo hicieron por el “Leave”

La ruptura del Reino Unido con la Unión Europea ya es una realidad. Cuatro puntos de diferencia (52%-48%) y algo más de un millón de votos de diferencia a favor del Brexit sobre el Remain (la permanencia en la UE) han provocado la salida de los británicos de la gran coalición europea.

Económicamente, los efectos ya empiezan a notarse. La libra cae a niveles históricos con respecto al dólar, a niveles de 1985, y los mercados sienten ya el vértigo de lo desconocido.

RESBALÓN DE LOS SONDEOS

De nuevo, los sondeos resultaron una patraña. Al cierre de las urnas, a las 22 horas (horario del Reino Unido) del 23 de junio de 2016, se daba por hecha la victoria por un estrecho margen de la permanencia en la Unión Europea.

Incluso los primeros resultados por distrito parecían respaldar esas previsiones, ya que arrojaron que el centro de Londres, tres de los cuatro distritos de Belfast, Oxford y Gibraltar votaron a favor de permanecer en la Unión Europea (UE).

Pero a lo largo de la madrugada del 24 de junio de 2016, la situación fue inclinándose hacia el Brexit y, a falta de pocas sedes electorales donde aún se recuentan votos, la conclusión es que el Brexit ha ganado por algo más de un millón de votos y cuatro puntos de diferencia.

Con una participación del 71,3 por ciento, la mayor en una votación en Reino Unido desde 1992 y más de seis puntos por encima del plebiscito de 1975 que había confirmado la permanencia en la por entonces Comunidad Económica Europa, el escrutinio ha dado un vuelco sin precedentes a una noche electoral que había arrancado con las encuestas a favor de la continuidad.

Este desenlace tiene profundas connotaciones políticas e institucionales, puesto que el debate sobre la sostenibilidad de Cameron al frente del Gobierno, del que había avisado que no dimitiría en caso de Brexit, está ya planteado, incluso pese a la carta de dos tercios de los diputados conservadores que habían defendido la salida y que le han expresado su apoyo para permanecer en Downing Street por el «mandato y deber» obtenido hace tan sólo un año.

Además, otra de las incógnitas es el grado de preparación de Reino Unido para un proceso que podría llevar años, puesto que el propio primer ministro había asegurado públicamente que no había ‘plan B’.

Tras jugarse su credibilidad a la carta de una apuesta que, según él, haría al «más fuerte y más seguro», Cameron ha quedado ya como el principal perjudicado de una campaña que ha dividido a la sociedad británica por una estrategia partidaria, puesto que, más que por clamor popular, el referéndum surgió para sofocar el incendio que Bruselas llevaba generando en los conservadores desde hace décadas.

La oposición laborista ha sugerido ya la necesidad de su dimisión ante un escenario sin precedentes en el que la única certidumbre es que, de vencer la salida, la decisión sería «irreversible». No en vano, David Cameron había avanzado ya que el proceso formal de retirada de los Veintiocho comenzaría de inmediato.

Aunque el Tratado de Lisboa establece las pautas de este procedimiento en el artículo 50, el primer movimiento ha de partir del estado miembro, que debe notificar a la UE su deseo de abandonar.

De hecho, Londres no está obligado a proceder inminentemente, es más, los partidarios de romper con Bruselas han manifestado ya su preferencia por aguardar, puesto que, pese a meses de campaña, la fórmula que regiría sigue siendo una incógnita.

Los plazos, a priori, están marcados, si bien los dos años establecidos en la normativa comunitaria podrían ampliarse siempre que lo autoricen los otros veintisiete socios. Expertos en Derecho europeo creen que, dada la complejidad, las negociaciones podrían llevar hasta una década y los propios defensores del divorcio asumen que, como mínimo, serían necesarios cuatro años.

 

De momento, los mercados han evidenciado las secuelas del escenario que se abre en el bloque occidental: la divisa británica ha caído a niveles inéditos desde 1985, lo que podría acarrear una intervención de contingencia del Banco de Inglaterra, que ya había avanzado que tenía previstas medidas para garantizar la estabilidad financiera.

Junto a la City y Downing Street, la atención estará en el continente, donde se espera que los demás líderes, que han mantenido en secreto su plan de acción en caso de ‘Brexit’, se reúnan a la máxima urgencia y exijan a Reino Unido clarificaciones sobre las áreas más delicadas, como el futuro de los casi tres millones de ciudadanos comunitarios que residen al norte del Canal de la Mancha.

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