Fragilidad en la economía transalpina

Italia, sin rumbo, pierde sus joyas empresariales

Capital foráneo se ha hecho con grupos como Mediaset, Pirelli y Bulgari ante la inestabilidad política, falta de planes industriales y un capitalismo sin visión

Italia, sin rumbo, pierde sus joyas empresariales
Silvio Berlusconi. EP.

Mediaset, la empresa símbolo del imperio económico de Silvio Berlusconi, ha sido asaltada por Vivendi, la sociedad de su examigo y exsocio Vincent Bolloré, industrial y financiero francés. Berlusconi es hoy el reflejo de la debilidad del país. Desde hace tiempo, Italia se ha convertido en tierra de conquista. Francia sobre todo asalta a las grandes empresas italianas, que se muestran impotentes, por incapacidad pública y privada, de competir en un mercado globalizado.

En esta guerra global, cuenta el diario ABC, Italia combate con las manos desnudas: ha sido un país inestable con gobiernos débiles, sin una gran política industrial para promover grupos estratégicos y con capitalistas sin capital que se han dedicado sobre todo a las fáciles ganancias sin invertir en innovación.

La operación sobre Mediaset es solamente la punta del iceberg: desde hace decenios Italia está perdiendo algunas de sus mejores empresas. Un descenso que se acentuó con la crisis. Desde 2008 cientos de empresas han pasado a manos extranjeras. Algunos casos son muy emblemáticos. Frecciarossa, el tren de alta velocidad, joya de la ingeniería mecánica del país, es japonés; la cerveza Peroni, símbolo del imaginario italiano, está controlada por la nipona Asahi.

Francia, sobre todo, está poniendo en evidencia la frágil salud de la economía italiana y se está haciendo con un botín de oro. A suelo francés emigraron Edison -controlada por Électricité de France-, Parmalat, Galbani, Banca Nazionale del Lavoro -de BNP Paribas-, Cariparma -ahora de Crédit Agricole-, Bulgari y Fendi -engullidas por el coloso del lujo LVMH-, Pomellato, Loro Piana y otras firmas de moda. El elenco es interminable.

No es casual que Francia haga de Italia su tierra de conquista. El caso de Mediaset, asaltada por Vivendi, es muy emblemático. El miércoles pasado Bolloré anunciaba la compra del 20% de Mediaset, una sociedad con gran valor político, económico y simbólico, hasta el punto de ser declarada en 1998 estratégica, «patrimonio del país», por el entonces primer ministro de centro izquierda, el excomunista Massimo D’Alema. Muchos en Italia, comenzando por el Gobierno, han sentido herido su orgullo por el ataque al corazón mediático berlusconiano.

El magnate ha implorado la ayuda del Ejecutivo, y el nuevo primer ministro, Paolo Gentiloni, ha acudido en su ayuda, porque Berlusconi, líder de Forza Italia, puede jugar aún un papel importante en la elaboración de una ley electoral que permita frenar al populista Grillo y su Movimiento 5 Estrellas.

Gentiloni ha pretendido advertir a Bolloré para que no siga con su escalada en Mediaset:

Está en juego la Hacienda Italia.

La Empresa italiana, con mayúscula, o mejor dicho: el sistema empresarial italiano. Pero este sistema se está quedando viejo, como el propio Berlusconi, que a sus 80 años aparece como un anciano fatigado y sin la visión de futuro que lo caracterizó en sus inicios como empresario. El cómico Grillo y los suyos le dicen a Berlusconi que Mediaset dejó ya de ser una sociedad estratégica y que hay otras muchas compañías y pequeños empresarios a los que debe defender el Gobierno.

La realidad es que Italia parece no darse cuenta que puede ser inútil levantar murallas para defender a Berlusconi en la era de los mercados libres y mientras el de las telecomunicaciones y los media registra una concentración que está dejando a Italia en la absoluta irrelevancia. El objetivo de Bolloré es formar un gran grupo mediático en Europa y crear también una especie de Netflix europea. La compra de Mediaset tiene un claro sentido industrial: controlar por una parte los contenidos, y por otra la distribución en la red.

Mientras Mediaset no tiene una escala internacional, salvo en España, Vivendi cuenta con sinergias importantes, pues produce contenidos y es el accionista principal de Telecom Italia. Cuando en todo el mundo hay una convergencia total entre las compañías de media y las de telecomunicaciones, Italia está muy atrasada.

¿Qué ocurre en Italia para que pierda sus joyas más preciadas? El economista Lorenzo Bini Smaghi, que fue miembro del comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE) entre 2005 y 2011 y hoy preside el banco francés Société Génerale daba ayer una respuesta muy clarificadora al Foglio:

Esta conquista es resultado del fracaso del modelo capitalista, que ha pensado bastante poco en crecer en el exterior y se ha dedicado sobre todo a defenderse, quedándose disminuido, frágil y vulnerable. Hemos jugado en pequeño, ahora necesitamos nuevo capital.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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