Es casi una constante en la Histroría de Gran Bretaña. Cambian los tiempos y los nombres, pero el fondo es muy parecido.
Los espías que operaron en Gran Bretaña a finales de los años 40 a cuenta de Moscú estaban «alcoholizados» y eran «incompetentes», según los documentos pasado a las autoridades británicas por un responsable de los archivos del KGB en 1992, y que en 2014 se hicieron públicos.
En el Archivo Churchill de Cambridge, los visitantes pueden consultar centenares de documentos recopilados por Vasili Mitrokhin, que trabajó en los archivos de los servicios secretos soviéticos entre 1972 y 1984.
En esos informes -los más completos de la historia del espionaje, según el FBI- los llamados «Cinco de Cambridge» aparecen como borrachos y torpes en sus primeros años.
La realidad es Kim Philby (nombre en clave: «Stanley»), Donald Maclean («Homer»), Guy Burgess («Hicks») y Anthony Blunt («Johnson») e, hipotéticamente, John Cairncross, quien nunca reconoció haber pertenecido a él, se infiltraron en la sociedad británica como «topos» y rindieron enormes servicios a la URSS.
No está claro que ese sea exactamente el caso de Jeremy Corbyn. El actual líder laborista británico se encuentra en todo el centro de una polémica sobre su papel en la Guerra Fría durante la década de los 80.
Varios medios ingleses, entre ellos «The Times», aseguran que el laborista fue espía del bloque soviético durante este periodo. Exactamente habría trabajado como informante para los servicios secretos de Checoslovaquia.
Así lo denuncia un ex espia checo, Jan Sarkocy, que trabajaba para la policía secreta de este país, la Statni Bezpecnost (StB). Este confirma que conoció a Corbyn y se reunió con el en varias ocasiones en los años 1986 y 1987, incluyendo dos veces en el Parlamento británico cuando este era diputado.
No solo mantuvieron esos encuentros, sino que, según Sarkocy, fue un informante pagado al que se le conocía con el nombre en clave de «Agente Cob». Habría transmitido información de forma «consciente» durante esas reuniones.
Algo que niega el propio Corbyn, que admitía esos encuentros, pero insiste en que en todo momento pensó que este espía se trataba de un diplomático al que no ofreció ninguna información.
El ex agente desacredita estas declaraciones:
«Todos sabían que la palabra ‘diplomático’ era solo una tapadera para el espía. Fue una cooperación consciente».
Y deja claro que Corbyn pertenecía a la red de contactos del servicio secreto checoslovaco:
«él era nuestro activo, fue reclutado y estaba recibiendo dinero de nosotros».
Sarkocy, expulsado por Thatcher
Sarkocy fue expulsado de Reino Unido por Margaret Thatcher en el año 1989 después de que se revelara su tapadera y se probara su estancia en el país como espía soviético.
No es la única acusación que ha tenido que oír en los últimos días el líder laborista. Corbyn se encuentra bajo presión ante las peticiones del Partido Conservador, encabezadas por la propia Theresa May, para autorizar la publicación de una serie de archivos de la Guerra Fría y en los que, según varios informes, supuestamente Corbyn habría mantenido también contactos de este tipo con la Stasi, la policía secreta de la extinta República Democrática de Alemania.
La primera ministra británica le ha pedido «ser abierto y transparente» sobre sus vínculos con el bloque soviético.
No es el único señalado en las filas laboristas por estos hechos. Sarkocy también acusa al actual número dos del partido John McDonnell o al exalcalde de Londres Ken Livingstone de compartir información con agentes del bloque del Este y que esta fue recompensada.
Se les pagó, sostiene, entre 1.000 y 10.000 euros por información.
Algo que niegan desde la formación, un portavoz laborista compara las acusaciones de espionaje comunista con una «mala película de James Bond» y aseguraba:
«La afirmación de que Corbyn era agente, activo o informante de cualquier agencia de inteligencia es completamente falsa y una mancha ridícula».