El cura de Oriago e Ca’Sabbioni en Venecia

Este párroco cobrará un impuesto por cada centímetro de más que enseñen las novias en las bodas

Cristiano Bobbo propone cobrar una tasa a las que se casen con vestidos demasiado escotados o llamativos

Este párroco cobrará un impuesto por cada centímetro de más que enseñen las novias en las bodas
Don Cristiano Bobbo, parroco en Venecia. EP

Basta ya de iglesias convertidas en pasarelas de moda, donde las novias se presentan con escotes exagerados o modelos que en demasiadas ocasiones resultan vulgares.

Esto es lo que piensa don Cristiano Bobbo, párroco de Oriago e Ca’Sabbioni, en Venecia, quien ha lanzando una provocadora propuesta que pretende hacer reflexionar a sus feligreses: poner una tasa a las novias que suban al altar con un vestido demasiado llamativo o demasiado escotado.

Será un impuesto progresivo, es decir, cobrará un euro por cada centímetro de escote más abajo de la línea de la clavícula.

La idea surge de la irritación de don Cristiano al verse obligado a celebrar bodas en las que la novia olvida, según el párroco, «la sencillez y el buen gusto», dejándose llevar por «las deformaciones de la moda, que hoy parece imponer modelos que aman recrearse en experiencias posiblemente desviadas y desbordantes», según recoge Ángel Gómez Fuentes en ABC.

Don Cristiano Bobbo expuso sus ideas en el informativo «La Voz de la Riviera», donde cada semana tiene un espacio para dirigirse a sus parroquianos. Antes de lanzar su controvertida cruzada, el sacerdote contó, medio en broma y medio en serio, una anécdota. Evocó la historia de un pueblo en el que era práctica común ofrecer al sacerdote que celebraba la boda una cantidad de dinero proporcional a la belleza de la novia. Cuanto más bella era la futura esposa, el ofrecimiento al cura era más cuantioso. En cambio, cuando la novia no era una venus, sino que resultaba poco agraciada físicamente, por no decir fea, el propio párroco devolvía la mitad de la recaudación al futuro marido. «Haced vosotros -dijo don Cristiano con ironía a sus feligreses- las debidas proporciones: la historia podríamos adoptarla también nosotros, sacerdotes, estableciendo una tasa que se debería pagar en proporción a la decencia del vestido de la novia, que muy a menudo se presenta vulgar y sin gusto, inadecuado para la ocasión. Así, las que se presentan más desvestidas, más pagan».

Por la sencillez

Al final, el párroco lanzó una reflexión. «Hay un estilo de dignidad y compostura que debe ser reconquistado; debe haber un respeto hacia el otro, algo que está en la base de una vida social seria y serena. Sería importante que las esposas hicieran comprender, a través de la sencillez y el buen gusto de su vestido, la poesía y frescura del momento que están viviendo », concluyó don Cristiano.

Obviamente, la proposición ha desatado la polémica y el debate. Algunos feligreses lo apoyan, mientras que otros consideran que el sacerdote no se debe meter en la esfera privada y en los gustos de las personas. Pero don Cristiano no está solo. El obispo de Asís, Domenico Sorrentino, ha comunicado que en la célebre basílica de la ciudad de San Francisco no se celebrarán bodas de novios procedentes de otras parroquias. Monseñor Sorrentino está contra la expansión del «turismo de las bodas» y critica que, a la hora de casarse, prime una escenografía bella, en lugar de la solemnidad del sacramento

En definitiva, don Cristiano y don Domenico vienen a decir lo mismo: la Iglesia no debe ser una pasarela. El que quiera espectáculo, exhibirse y que nadie se entrometa en su vida privada, siempre podrá casarse en el ayuntamiento.

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