MADRID

Reportaje PD/ Droga, okupas y delincuencia: el infierno diario que tienen que soportar los vecinos de Lavapiés

Innumerables protestas de vecinos por el nuevo escenario social marginal al que se tienen que enfrentar

Reportaje PD/ Droga, okupas y delincuencia: el infierno diario que tienen que soportar los vecinos de Lavapiés
Estación de metro de Lavapiés

Drogas, okupas, delicuencia a mansalva. Ese es el pan nuestro de cada día que tienen que soportar los vecinos del madrileño barrio de Lavapiés.

Sin embargo, pese a esta cruda realidad que ha vivido in situ Periodista Digital, la revista Time Out le ha otorgado el título de ‘barrio cool’.

Nos adentramos en pleno barrio desde la Plaza de Lavapiés y continuamos nuestro camino por la calle Tribulete. Observamos una gran degradación en las calles: el deterioro urbanístico es notable. Hablamos con algunos vecinos y cuentan que el barrio «está peor que nunca».–Madrid ya tiene su Mollenbeck gracias a Carmena: cinco policías apaleados por una turba de senegaleses en Lavapiés–

«Nos sentimos abandonados por el Ayuntamiento. Está todo muy sucio, robos a diario, a mi hija le robaron el teléfono en plena luz del día. La mayoría son personas de otros países y no respetan nada. Hacen sus necesidades en la calle, se drógan, duermen en los portales. Este barrio de ‘cool’ no tiene nada», nos comenta una vecina.

Seguimos nuestro recorrido y caminamos por la calle Mesón de Paredes, donde se trapichea con droga a diario y donde más narcopisos existen. Además, nos cuentan que la mayoría de los edificios están okupados por delincuentes, que pinchan la luz, y dejan todo destrozado.

Los vecinos se quejan de que el Ayuntamiento de Manuela Carmena presuma de barrio, cuando en realidad tienen que convivir con nigerianos, senegaleses o yonkis borrachos todo el día hasta altas horas de la madrugada. Un barrio no tan «idílico y cool», como lo cataloga Time Out.–El tremendo puntapié de una señora de Lavapiés a Carmena: «¡Esta gente de fuera nos está comiendo!»–

«Lavapiés no es un barrio seguro. Ahora si te descuidas te roban la cartera o lo que lleves encima. A partir de las nueve no es muy recomendable que salgas solo. Yo a esa hora no salgo porque es muy peligroso. Durante la madrugada el barrio está muy activo por mafias, drogadictos y ladrones. La seguridad brilla por su ausencia», nos comenta Amparo, vecina de la calle Caravaca.

Continuamos nuestro paseo y unos nigerianos se nos acercan para ofrecernos ayuda y de paso vendernos droga. Una estampa nada agradable y peligrosa, de la que salimos del paso. Los vecinos nos cuentan que la Plaza de Lavapiés es el centro neurálgico donde se reúne lo peor de cada casa. Numerosos grupos de inmigrantes trapichean sin disimulo alguno, la mayoría son de origen senegalés, que ofrecen droga a cualquiera que pase por la calle.–Ratas, humedades y basura: así viven los vecinos de Villaverde a los que Carmena les engañó con falsas promesas–

Los vecinos tienen que convivir diariamente con estas personas. Muchos de ellos son personas mayores y vulnerables que en cualquier momento se arriesgan a que les den un tirón y les roben. Otros son padres y madres que pasean con sus hijos a la salida del colegio y tienen que pasar por esta situación nada agradable.

«A mí no me importa que haya un senegalés ahí, lo que no quiero es sentirme intimidada por él cuando se acerca a venderme droga. Tampoco quiero ver a alguien metiéndose heroína a las cinco de la tarde en una esquina. Tengo hijos pequeños y eso lo ven», señala una vecina.

Los comercios tradicionales están desapareciendo. Ahora el comercio que abunda en el barrio son locutorios, tiendas árabes o chinas. Nada parecido al Lavapiés «castizo y singular» de hace unos cuantos años. Mientras continuamos nuestro recorrido ocurre algo sorprendente. Un grupo de nigerianos empiezan a increpar a un coche de VTC que pasaba por la zona y a vertir numerosos insultos al conductor.

Encontramos innumerables protestas de vecinos y propietarios por el nuevo escenario social marginal al que se tienen que enfrentar, en parte, por la llegada de inmigración conflictiva. Un barrio en la más absoluta decadencia: mugre, conflictos, pobreza, tensión vecinal, drogas o inmigración marginal. Y todo ello a plena luz del día. «La policía pasa y no hace nada», nos comenta otra vecina.

Terminamos nuestro paseo en la Plaza de Lavapiés, donde iniciamos el recorrido. La plaza está concurrida y, dicho sea de paso, sucia. Bancos llenos de gente de personas de extraña procedencia, que no parecen ser del todo pacíficos.

La conclusión que sacamos es que esto puede ser lo más «cool» para Manuela Carmena, Rita Maestre o Time Out pero la auténtica realidad es esta. La que tienen que soportar vecinos y turistas a diario. Un nido de delincuencia e inseguridad que hace perder la verdadera esencia castiza del madrileño barrio de Lavapiés.

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