Al trabajador social Klaus Roth, de 74 años de edad y medio inválido, no le queda otra opción más que largarse con viento fresco: lo ha decidido el Juzgado del Distrito alemán de Göttingen

El pensionista progre al que echan de su casa por orden judicial para que la ocupen unos inmigrantes

El alcalde 'podemita' del lugar: "Lo único que puedo hacer es ofrecerle la ayuda de trabajadores municipales para realizar la mudanza"

El pensionista progre al que echan de su casa por orden judicial para que la ocupen unos inmigrantes
Klaus Roth. PD

Es la factura que pasa la política de manos abiertas con los inmigrantes en Alemania, y el renegado Klaus Roth está ahora que trina a sus 74 años de edad. (El político progre al que ha sodomizado un refugiado ¡llora por su deportación!).

Y no es porque apenas pueda moverse después de haberse sometido recientemente a dos cirugías de disco intervertebral, -lo que le tiene medio inválido-, sino por una notificación judicial que acaba de recibir en su domicilio que le conmina a abandonarlo cuanto antes para que seis inmigrantes venidos de Oriente Medio, en plan refugiados, se queden a vivir en el mismo. (La oscura guía de Podemos para captar el voto de los inmigrantes acojonándoles con VOX).

Tras haber residido 24 años en su vivienda, este antiguo trabajador social maldice ahora el haber ayudado en 2015 y en plan buenista a los inmigrantes de turno a encontrar trabajo cuando pertenecía al Grupo de Trabajo Asyl, aunque nada puede hacer, ya que hasta el alcalde de su ciudad, en Göttingen, se limita a decir que en lo único que puede mediar es «en ofrecerle la ayuda de trabajadores municipales para realizar la mudanza», tal y como ha declarado a ‘Nürtinger Zeitung‘.

Todo radica en un fallo judicial que se remonta a los años 90, y que permite a los municipios alemanes desalojar a los inquilinos para alojar a los refugiados si se agotan otras opciones.

El miope pensionista debe trasladarse así a la fuerza a un apartamento la mitad de grande del que va a dejar, y de poco sirven sus quejas y sus lloros por las esquinas:

«He puesto mucho dinero y trabajo en el apartamento. Lo renové completamente desde cero «.

Ante el cabreo general que ha levantado el tema, el citado alcalde sigue echando balones fuera:

«Estamos bajo presión para acomodar a más refugiados. Ya no hay manera de decir que no lo estamos haciendo».

Y el portavoz del distrito trata de echar también una mano:

«La distribución equitativa de los refugiados entre los municipios en alojamiento de seguimiento es un requisito legal. De acuerdo con el principio de solidaridad comunitaria, las asignaciones se hacen de acuerdo con el número de habitantes».

Alrededor de 1,430 solicitantes de asilo se encuentran en espera de encontrar hogar en el condado de Esslingen, ciudad alemana de la región de Stuttgart cercana al lugar escenario de este sangrante caso.

José María Rodríguez es redactor en Periodista Digital.

El vídeo del inmigrante de color que simpatiza con VOX y que pone negro al rojerío podemita

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