REVUELTA CALLEJERA EN FRANCIA

La respuesta del presidente Macron a los chalecos amarillos: bajar impuestos y subir pensiones

La respuesta del presidente Macron a los chalecos amarillos: bajar impuestos y subir pensiones
Emmanuelle y Brigitte Macron. EP

Alguno debería en España tomar nota y seguir el ejemplo (Un obrero de derechas propina una picante colección de zascas al reportero ultraizquierdista de CTXT: «Votaré a VOX»).

Después de la tregua política impuesta por el siniestro de la catedral de Notre Dame, Emmanuel Macron anunció ayer la hoja de medidas con la que pretende dar carpetazo definitivo a la interminable crisis de los «chalecos amarillos» e impedir que las protestas se cuelen en la campaña para las elecciones europeas del 26 de mayo de 2019.

«No quiero que la deriva de algunos esconda las justas reivindicaciones del movimiento», arrancó Macron su conferencia ante más de 300 periodistas haciendo un guiño a los «chalecos amarillos» que llevan cinco meses sábado a sábado manifestándose en las calles de Francia.

El presidente galo se adhirió al diagnóstico de la «Francia olvidada» para reconocer que la crisis de los «chalecos» ha revelado un profundo malestar y un sentimiento de «injusticia social» que no se puede ignorar.

Todo un ejercicio de reconocimiento con el que Macron ha intentado distanciarse de esa imagen de presidente arrogante y desconectado de la sociedad que lo persigue desde que llegara al Elíseo en 2017. Lo cual no significa, puntualizó, que la solución sea subir impuestos a los ricos, sino bajarlos a las clases más agobiadas. Y bajo esa premisa ha establecido las líneas fundamentales de su discurso.

Macron ha anunciado una bajada «significativa» de impuestos sin especificar aún cómo va a concretarse, aunque apuntando a todas las franjas del impuesto sobre la renta.

A sabiendas del recelo con el que los jubilados miran su figura y el protagonismo que han tomado dentro del movimiento de los «chalecos», el inquilino del Elíseo ha querido tener un gesto significativo y en esta ocasión precisó: las pensiones de menos de 2.000 euros se indexarán a la inflación a partir de 2020, y todas las demás a partir de 2021.

Pero al mismo tiempo, Macron reforzó su intención de continuar las reformas, con el objetivo de reducir la tasa de paro al 7% antes de 2022, y rechazó algunas de las principales medidas reclamadas por los «chalecos», empezando por reintroducir el criticado suspendido impuesto sobre la fortuna (ISF), algo que volvió a descartar. Un ejercicio de cantos de reconciliación aderezados con citas de firmeza.

La descentralización es la otra gran baza con la que el presidente quiere atender a la «Francia olvidada». Macron ha explicado que en mayo el Ejecutivo presentará «una profunda reforma de la administración» que deberá arrancar como tarde a principios de 2020, destinada a desplegar a más funcionarios sobre el terreno y a suprimir puestos en la administración central. A juicio del presidente, «no hay suficientes personas en el terreno» para «aportar soluciones».

Además el presidente volvió a evocar sus deseos de cerrar la Escuela Nacional de Administración (ENA), el vivero de donde hoy en día salen prácticamente todos los altos funcionarios franceses, el propio Macron incluido, pero percibida popularmente como un símbolo de las élites que se perpetúan eternamente en Francia.

La verdadera cuestión a partir del anuncio de esta batería de medidas es saber si serán suficientes para apaciguar la ira social que ha mantenido en jaque a su Gobierno desde noviembre. La filtración de las primeras propuestas sobre bajada de impuestos y ayudas sociales, difundidas por la prensa poco antes del incendio de Notre Dame y nunca desmentidas por el Elíseo, no impidieron que los «chalecos amarillos» lanzaran un nuevo ultimátum el sábado pasado al Ejecutivo.

El calendario para el presidente es ajustado. No sólo por el horizonte de las elecciones europeas sino, más a corto plazo, a pocos días del primero de mayo, día tradicional de manifestaciones de los trabajadores.

La crisis de los «chalecos amarillos» irrumpió brutalmente en noviembre con protestas semanales en las grandes ciudades y bloqueos de carreteras y rotondas en varias regiones de la Francia de provincias.

Al principio pedían la supresión del aumento de la tasa sobre el carburante, que perjudicaba a los franceses que necesitan el coche para desplazarse al trabajo en las regiones peor comunicadas y castigadas por el recorte en líneas de transporte público. Pero la lista de reclamaciones de este movimiento sin líderes ni programa coherente era más amplia, desde la mejora del poder adquisitivo hasta la dimisión del propio Macron.

El presidente quiso contrarrestar la crisis con un invento político que diese voz al pueblo en el que el propio presidente galo tomara protagonismo. Así surgió el gran debate nacional.

Entre mediados de enero y mediados de marzo se celebraron más de 10.000 reuniones por todo el territorio, en las que participaron más de un millón y medio de personas. Para preparar su respuesta de ayer, Macron ha sintentizado lo esencial de los 630.000 folios recogidos en el gran debate, según relata el diario «Le Parisien».

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