La de Soledad Rosas es una historia de pasión, de política, de un abuso de autoridad con consecuencias nefastas

Esta es Soledad, la joven que se unió a los anarquistas en Italia y se suicidó tras ser encarcelada bajo falsos cargos

Esta es Soledad, la joven que se unió a los anarquistas en Italia y se suicidó tras ser encarcelada bajo falsos cargos
Soledad BBC

El anarquismo entendido como movimiento social emergió recién en la segunda mitad del siglo XIX a través de distintas corrientes de pensamiento y organizaciones y, si bien no dejó de ser un movimiento minoritario frente a otros movimientos políticos según wp, logró incrementar su influencia hasta tener algún nivel de relevancia política y base popular en algunos países de Europa Latina y Rusia, incluyendo algunos experimentos sociales significativos en las primeras décadas del siglo XX.

Es la historia de una chica nacida en Buenos Aires en 1974, hija de una familia de clase media que la adoraba, cuyo hobby era andar a caballo, y que paseaba perros para ganar dinero mientras estudiaba, según recoge la autora original de este artículo Dalia Ventura en BBC Mundo y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

Como premio por haber terminado la licenciatura en Administración hotelera con buenas calificaciones, y con la esperanza de que reconsiderara su decisión de irse a vivir con un novio que a sus padres no les gustaba, le regalaron un pasaje a Europa.

Fue en ese viaje que su vida dio un giro dramático.

Llegó a Italia en pleno del verano de 1997; en otoño encontró la libertad, en invierno, el amor. En la primavera, fue arrestada por las autoridades italianas y convertida en heroína pocos días después. En el verano de 1998, se suicidó.

No sorprende que, casi dos décadas más tarde, su historia cautivara a otra mujer argentina, la cineasta Agustina Macri.

Macri «conoció» a Soledad cuando una amiga le prestó la biografía novelada «Amor y anarquía, la vida urgente de Soledad Rosas» (2003), en la que el periodista argentino Martín Caparrós reconstruye su vida valiéndose de cartas y diarios, conversaciones con sus padres y hermana, y con okupas italianos con los que pasó dos semanas.

Las palabras con las que empezaba Caparrós la atraparon: «Quiero reconocerlo: lo primero que me llamó la atención fue su muerte. Los diarios la contaban y decían que había sido por una causa o un amor: en los últimos días de aquel siglo, las dos razones sonaban tan extrañas».

Leyó el relato casi de corrido.

Apenas terminó, comenzó a escribir un guión y a transitar el camino que culminó en lo que hoy es el galardonado largometraje «Soledad» (2018), su opera prima protagonizada por la actriz argentina Vera Spinetta.

Es una historia que «mueve muchas capas de amor, pero también de dolor», dice Macri.

Por lo tanto, se propuso «ser respetuosa con Sole, con Baleno (su novio), con el dolor de la familia y con los anarquistas», aunque estos últimos no lo recibieron así: boicotearon tanto la película como el libro de Caparrós, que fue traducido al italiano con ocasión del lanzamiento de «Soledad».

Soledad salió de Buenos Aires con una amiga algo mayor que ella, Silvia Gramático, y viajaron unos días por Italia antes de llegar a Turín.

«Por casualidad o azar -yo creo que por destino- llegaron a un centro social anarquista de okupas italianos», le dijo Macri a BBC Mundo.

Se llamaba el Asilo.

Al cruzar su portón verde, Soledad se encontró, de golpe, con un estilo de vida basado en un sistema filosófico y una teoría política cuyas raíces datan de la Grecia antigua, pero que es moderno, desafiante, desordenado, valiente, improbable y atractivo: el anarquismo.

Una cotidianidad en la que «nadie te mira, nadie te controla, nadie piensa en juzgar lo que hacés», cuenta Caparrós, quien también se alojó en el Asilo cuando estaba investigando su libro.

Pero eso no quiere decir que vivas aislado.

«Cada noche en el patio enorme del Asilo, todos los presentes cenaban juntos lo que algunos habían preparado: son las cenas comunes, la base de la sociabilidad okupa y son, se jactan ellos, un invento italiano».

La diferencia es que todo eso sucedía sin planeación; preparar la cena era una decisión personal y espontánea: «Si hubiera turnos tendría que haber algún tipo de autoridad que los hiciera respetar», algo inaceptable, le explicaron a Caparrós.

Soledad «quedó fascinada y enganchada con el estilo de vida de esa gente», señala Macri.

«Estoy aprendiendo cosas nuevas todo el tiempo», escribió en su diario. «Yo sentía de una forma y en Buenos Aires no encontraba el canal, no entendía bien lo que era, y ahora estoy viviendo eso que allá sentía».

Cuando Silvia le propuso que continuaran con su viaje, le contestó:

«¿Cómo me voy a ir ahora? ¿Nunca te pasó de pensar que de pronto encontraste tu lugar en el mundo?»

Además, señala Macri, «conoció a Edoardo Massari, un italiano anarquista activo y bastante ortodoxo, con quien empezó a tener una historia de amor muy intensa».

En octubre, Soledad -a la que ya le decían Sole- decidió mudarse a una edificación que un grupo de okupas había abandonado.

Había sido la morgue del manicomio de Collegno, un municipio con unos 50.000 habitantes de la provincia turinesa.

Era apenas un espacio, algo lúgubre, en el que había paredes, una mesa de disección y poco más. No tenía ni luz ni agua, y en invierno hacía un frío espantoso.

Todo estaba por hacerse y quienes llegaron a hacerlo fueron Silvano Pelisserio y Edoardo Massari alias Baleno.

Baleno había pasado casi dos años en prisión, una reclusión que fue un verdadero calvario, según su amigo Silvano.

Era un tipo inventivo, capaz de fabricar extrañas máquinas, generoso, flaco, musculoso, no muy alto, nervioso; le interesaba la macrobiótica, el yoga, las plantas medicinales, las curas alternativas, era vegano y no comía azúcar ni sal.

Según su madre, Paola Massari, «siempre decía que no quería tener mujer, pero era porque nunca había encontrado una que le interesara realmente».

Sin embargo, en diciembre, cuando un grupo que lo incluía a él y a Sole se fue a España a pasar las dos últimas semanas de 1997, aunque partieron separados, volvieron juntos… muy juntos.

«Mi hijo y Soledad tuvieron de inmediato una relación muy bella», contó la madre de Edoardo. «Aunque se llevaban diez años tenían… no sé, algo tan particular, se entendían con sólo mirarse».

«Estaban muy pegados, andaban juntos todo el día, hacían sus ayunos, sus huelgas de silencio -se pasaban sin hablar días y días, algo terrible para un italiano», contó Silvano.

En la casa tomada en Collegno, la pareja pasó los que quizás fueron los días más felices de su vida.

Pero fueron bruscamente interrumpidos.

A mediados de los años 80, la Comunidad Económica Europea lanzó un plan para conectar las grandes capitales de los Estados miembro por medio de líneas de Tren de Alta Velocidad (TAV).

El trecho entre la ciudad francesa de Lyon y Turín debía cruzar el Valle de Susa, en los Alpes italianos, donde, según sus críticos, el impacto en el medio ambiente y en la salud de los habitantes sería nefasto, y no reportaría beneficios económicos para la región.

En 1996, el rechazo contra el proyecto se comenzó a expresar en forma de resistencia directa con una serie de sabotajes contra la infraestructura.

En los primeros meses de 1998, tras 16 ataques y sin ningún imputado, la incapacidad de las autoridades para poner fin a estos ataques estaba quedando en evidencia ante la CEE y las empresas que invertían en el TAV.

Así que el 5 de marzo la fiscalía dio la orden de allanar tres casas okupadas en Turín.

Tres anarquistas fueron detenidos: Soledad Rosas, Edoardo Massari y Silvano Pelissero.

El romance suspendido por escuadrones especiales de la policía italiana «no duró más de diez semanas: 70 días, como mucho, con sus 70 noches -y alcanzó, sin embargo, para definirles la vida», subraya Caparrós.

Sole, Baleno y Silvano fueron acusados -sin pruebas contundentes- de ecoterrorismo, asociación subversiva y militancia en una banda armada, una organización paramilitar denominada Luppi Griggi o Lobos Grises.

Separados por rejas y paredes, sólo pudieron intercambiar palabras escritas en cartas y un abrazo robado un día que los llevaron a los tribunales.

23 días después de ser encerrados, en la madrugada del 28 de marzo de 1998, Baleno le quitó la sábana a la cama de su celda, ató un extremo a los barrotes de la cama de arriba, y se ahorcó.

Las manifestaciones de repudio que se habían estado dando por la detención del trío estallaron en marchas multitudinarias pidiendo justicia y castigo a los responsables de su muerte.

Desde la cárcel, Sole escribió un comunicado en el que señalaba a los que consideraba culpables.

«Compañeros y compañeras: la rabia me domina en este momento. Siempre he pensado que cada uno es responsable por sus actos, pero esta vez hay culpables (…) aquellos que mataron a Edo: el Estado, los jueces, los abogados, la prensa, el TAV, la policía, las leyes, las reglas y toda la sociedad de esclavos que acepta este sistema».

Explicó además cómo todo lo que para ellos era precioso era denegado en la cárcel.

«La cárcel es un lugar de tortura física y psíquica, aquí no se dispone de absolutamente nada, no se puede decidir a qué hora levantarse, qué comer, ni con quién hablar, ni con quién encontrarse, ni a qué hora ver el sol. Para todo hace falta hacer una «solicitud», hasta para leer un libro (…)

«Así es como te matan día a día, despacio pero seguro, para hacerte sentir más dolor».

«Por eso Edo ha decidido terminar abruptamente con este dolor infernal. Al menos él se permitió tener un último gesto de mínima libertad, de decidir él mismo cuándo terminar con esta tortura».

Contó que ni siquiera le permitían vivir su dolor.

La habían puesto en aislamiento cautelar, para evitar que se suicidara, por lo que no le daban frazadas para taparse, ni podía ver a nadie ni recibir información.

«No me dejan llorar en paz, no me dejan tener un último encuentro con mi Baleno. Veinticuatro horas al día, un agente me custodia a cinco metros de distancia».

«Después de lo que pasó, a los políticos del partido verde que vinieron para darme su pésame y para tranquilizarme no se les ocurrió nada mejor que decirme que ‘ahora seguramente todo se va a resolver más rápido, ahora todos van a seguir con más atención el proceso y pronto te darán arresto domiciliario’.

«Me quedé sin palabras, pero pude preguntarles si se necesita de la muerte de una persona para conmover a un pedazo de mierda, en este caso el juez».

Efectivamente fue así.

En mayo, la Justicia le concedió el arresto domiciliario hasta tanto se realizara un juicio.

Fue trasladada a una granja en Bene Vagienna, a 80 kilómetros de Turín.

Allí, recibió visitas de sus amigos en Italia y de su familia argentina.

Fue entonces que tomó una decisión con la que se ganó aún más respeto de sus compañeros okupas.

Podría haberse ido a Buenos Aires, como le rogó su familia y le ofreció su abogado.

Podría haber alegado lo que algunos pensaban: que se enamoró de la persona equivocada, que él le lavó la cabeza, que el amor la había hecho perder el rumbo.

Pero se negó categóricamente, insistió en que no había hecho nada malo, y eligió quedarse en Italia.

La prisión preventiva de Silvano Pelissero y María Soledad Rosas debía terminar, según las leyes italianas, el 5 de septiembre de 1998, a los 6 meses de su arresto.

Si para esa fecha la fiscalía no tenía un caso suficientemente sólido debía liberarlos.

Para evitarlo, el lunes 6 de julio la fiscalía los acusó de un hurto e incendio pensando que serían cargos más fáciles de probar.

El viernes de esa misma semana, una docena de militantes contra el TAV del Valle de Susa llegaron hasta la casa de Bene Vaggena para organizar una manifestación.

Cuatro de ellos se quedaron a cenar con otros cuatro amigos del Asilo.

Entre ellos estaba Ibrahim, quien le contó a Caparrós que los del Asilo y Soledad se quedaron bromeando, charlando y escuchando música.

A eso de las 4 de la madrugada, Soledad se fue a dormir porque, dijo, estaba «muy, muy cansada, de verdad».

Más tarde, Ibrahim fue al baño y la encontró colgada de una sábana atada al caño de la ducha.

La historia se repitió: como había escrito Soledad, se necesitó «la muerte de una persona para conmover» a un juez.

A Silvano le concedieron el arresto domiciliario diez días después de la muerte de Soledad.

Estuvo preso hasta finales de 2002, cuando la justicia italiana reconoció la inconsistencia de las pruebas presentadas contra los tres.

Edoardo y Soledad salieron absueltos del juicio.

«Es tan fuerte el sistema en el que estamos inmersos -sobre todo la gran parte del mundo que vive en un sistema capitalista- que siempre hay un momento en el que pequeño mundo que te creas con las leyes anarquistas choca con ciertos límites, y eso creo que es lo que les pasó a ellos», opina Macri.

«¿Por qué Soledad eligió lo que eligió? -me preguntan- ¿fue por sus convicciones políticas o por amor?», le contó a BBC Mundo la cineasta.

«Yo, honestamente, nunca me sentí preparada para responder. Por eso la misma película le dice al espectador ‘Vos sos libre de sentir y de creer y de tomar esa decisión, y de tratar de entenderla a ella como podás'».

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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