La guerra comercial pone en gran tensión a Alemania, la tercera potencia exportadora

La guerra comercial pone en gran tensión a Alemania, la tercera potencia exportadora

Peisimismo y mucha preocupación en Alemania. La economía alemana, bajo el punto de mira de una dura desaceleración que acecha a la economía europea, sigue cosechando signos de pesimismo sobre el ensombrecido futuro que se le avecina. Un futuro que parte de una recesión en la industria alemana, así como la gran incidencia de la guerra comercial para una economía puramente exportadora. Unos fenómenos que, de acuerdo con las previsiones de crecimiento, continúan debilitando a la locomotora económica de la Zona Euro, según recoge el autor original de este artículo Francisco Coll Morales en okdiario y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

La economía alemana, como motor de arrastre de la Unión Europea, está atravesando una dura situación en lo que a su economía se refiere. La débil demanda externa que está precediendo una guerra comercial sin cuartel alguno sigue dañando a la economía germana. Una economía que, de acuerdo con la estructura de su PIB, está percibiendo los duros efectos de la abrupta caída en las exportaciones, lo que está provocando el deterioro el histórico superávit comercial que caracterizaba a la líder europea.

En Alemania, por la estructura de su PIB, el Producto Interior Bruto posee una fuerte y muy ligada dependencia del sector exterior. Tal es el nivel de supeditación del mismo al comercio global que la suma del mismo (exportaciones e importaciones) representan cerca del 86% del PIB alemán, de acuerdo con los datos que mostraba la OCDE a fecha de 2017. A su vez, y de acuerdo con la misma fuente, las exportaciones en el país soportan aproximadamente el 47% del PIB germano. Es decir, prácticamente una totalidad del PIB dependiente del comercio.

Si contamos con que las importaciones en el país soportan únicamente una cifra aproximada al 5% del PIB nacional, podemos identificar claramente que la economía germana es una economía puramente exportadora; razón que explica el fuerte superávit comercial con el que ha contado el país a lo largo de los años. Sin embargo, sumidos en una gran guerra comercial y donde, como decíamos, la demanda externa decrece de forma continuada, como es de esperar y dada la representación de las exportaciones en el PIB, la economía alemana es una de las más afectadas.

Y es que, estamos hablando de la tercera economía exportadora e importadora más importante del mundo. Un país en el que su modelo de crecimiento se ha basado principalmente en las exportaciones y el comercio, por encima de la industria. Las pesimistas previsiones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), así como el tortuoso escenario comercial que presenta el escenario a escala global, está provocando que los organismos en el país revisen a la baja los crecimientos para la economía alemana, que ya prevén un crecimiento cercano al 0,5%.

Una revisión a la baja que provoca un mayor pesimismo en un país, a expensas de una próxima recesión. Pero no solo son las exportaciones las que dañan la economía germana; pues si vamos al industria, podemos apreciar como el país germano, con un peso industrial cercano al 29% del PIB, está atravesando una dura recesión. Una recesión que está dañando la industria y que ha provocado una fuerte caída de la producción industrial. La desaceleración económica y la caída de la demanda externa también ha llegado a las fábricas, donde los niveles de actividad se están moderando considerablemente.

De acuerdo con los registros que muestra el PMI manufacturero en el país, los niveles ya se encuentran en los 41 puntos; muy por debajo del umbral de los 50 puntos, lo que pone de manifiesto la situación recesiva que vive la actividad manufacturera en el país; donde la industria se encuentra en una severa contracción. Una situación que sitúa Alemania en un escenario complicado, donde la desaceleración sigue acechando con acabar con todo el dinamismo del que gozaba la economía germana.

Como comentaba, de acuerdo con las previsiones económicas conocidas, los principales institutos económicos en el país ya muestran revisiones a la baja en el crecimiento futuro de la economía alemana. Unas proyecciones que, ahora, quedan muy lejos del 1,9% que pronosticaban hace un año. Mientras en abril se preveía un crecimiento cercano al de la media europea (1,1%), ahora, el 0,8% previsto se ha quedado grande para una economía maniatada y debilitada. Los crecimientos se acercan más bien al 0,5%. Una rebaja más que significativa, que pone de manifiesto esta escalada proteccionista de la que hablábamos, así como los shocks de incertidumbre de un posible Brexit caótico.

Una situación que, como comentábamos, está obligando a Alemania a plantear maniobras alternativas entre las que se encuentra la aplicación de nuevos estímulos monetarios para tratar de relajar la economía con políticas más laxas. Aunque la economía alemana pose un mayor margen de maniobra, por contar con una tasa de desempleo bastante menor a sus homólogos europeos, así como unos niveles de apalancamiento infinitamente inferiores al resto de economías de la zona euro, lo cierto es que ya está comenzando a destruir empleo y a notar, más significativamente, los duros efectos de una desaceleración económica con mayor incidencia en su territorio.

Una situación que los analistas esperan que se revierta para 2020, donde se prevé un nuevo impulso de la economía que la vuelva a situar en el 1,5%. Impulso que sí la dejaría en ritmos cercanos a la media europea, así como con un dinamismo aproximado a la tendencia que seguía la economía alemana en los últimos años, donde los niveles de crecimiento crecían a ritmos similares. Sea como sea, una desaceleración que ya es más que una realidad.

Una realidad que está dañando las economías ante la impasible actuación de los gobiernos y las políticas fallidas de los Bancos Centrales. Ahora bien, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en la situación vigente, la actuación de la política jugará un papel determinante, por lo que, en cuanto a decisiones se refiera, los países deben adoptar medidas consensuadas y atendiendo a diagnósticos reales; pues de lo contrario, adoptando medidas completamente arbitrarias y sin diagnóstico alguno –como está ocurriendo en algunos casos-, iremos de lleno a una nueva recesión.

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético y innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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