"¿Dónde ocultar un elefante? Muy fácil: en una manada de elefantes"

La inmensa fortuna que Hitler robó a Alemania, sus testaferros y los insólitos escondites del oro nazi

La gran fortuna nazi llegó a bancos suizos y sudamericanos, por ruta, y luego en barcos y submarinos rumbo a las islas Baleares... y a la Argentina

La inmensa fortuna que Hitler robó a Alemania, sus testaferros y los insólitos escondites del oro nazi

Simón Wiesenthal, el héroe silencioso que sufrió con su propia piel en nueve campos de exterminio dejó un augurio: «Los espera una larga caza: hay dinero como para comprar media docena de países»

Se refería la inmensa fortuna que habían acumulado Adolf Hitler y el nazismo, según algunos cálculos la fortuna sobrepasaba  los ocho billones de dólares.

El dinero lo consiguieron de múltiples formas, entre robo, oro arrancado de los dientes de los masacrados en los campos de concentración, cuadros célebres incautados en los grandes museos de Europa, moneda real y falsa –esta, un ardid del führer para quebrar a Inglaterra-, solo pensaban en una cosa. !Oro!

Oro. Oro. ¡Oro! El oro que le da cuerda al mundo…. Y detrás de él, cierto o leyenda, la codicia salvaje del Hombre. Así lo publica Alfredo Serra en Infobae.

El robo a Alemania

Una gran parte del botín era del estado: es decir, robado al pueblo alemán. En la enorme caja fuerte del Reichsbank aparecieron, de a miles, alianzas matrimoniales, relojes, joyas con diamantes, y dentaduras de oro: lo arrancado a los muertos de los millones de judíos, gitanos, homosexuales, inválidos y un largo etcétera.

En apariencia, el gran botín estaba más cerca de las nubes que de la tierra: en los Alpes autríacos, entre Alemania, Suiza e Italia, último refugio previsto por Hitler y sus esbirros predilectos: Göring, Goebbels, Hees, y los matones que solían acompañarlos (más los feroces perros entrenados para matar…).

Pero no hubo tiempo: ni bajo amenazas los ingenieros llegarían a tiempo a construir dicho búnker antes de 1945.

Los personeros de Herr Adolf como testaferros

Ya perdida la guerra, Otto Skorzeny, llamado «el hombres más peligroso de Europa», arrojó en el lago Toplitz veintidós cajas con lingotes de oro de casi tres kilos por barra, y con sus pares Fabianke y Spaci, hundió tres camiones del mismo metal en el lago Altan.

En cuanto a Martin Bormann, el siniestro guardaespaldas y perro faldero de Herr Adolf, ocultó treinta millones de libras esterlinas en una cueva de las montañas que rodean ese lago… Lo mismo que Kaltenbruner, jefe de la temible Gestapo, hizo lo mismo con cinco cajas de oro, diamantes y otras valiosas piedras, más cinco millones de dólares...

Las toneladas de libras esterlinas falsas que inventó el führer fueron, si no del todo, un fracaso. Usaron para imprimirlas a prisioneros de Auschwitz, castigados y famélicos, y solo se logró una burda falsificación… Pero no era necesario tanto misterio y ocultamiento en montañas y fondos de lagos.

La real fortuna nazi imitó el acertijo «¿Dónde ocultar un elefante? Muy fácil: en una manada de elefantes».

El escondite ‘secreto’

Su gran dinero estaba en los bancos suizos y sudamericanos. En parte llegó, por ruta, y luego en barcos y submarinos rumbo a las islas Baleares… y a la Argentina.

El operativo fue el mismo a través del que llegaron a tierra americana cerca de doscientos jefes nazis: la mítica pero atrozmente real Odessa descripta en el bestseller del británico John Forsyt –escritor y hombre de los servicios secretos de su país–.

Dinero secreto y seguro: todavía Suiza aplicaba con celo el secreto bancario.

Sólo en el fondo del lago Toplitz había, ente oro y diamantes, cinco billones de dólares. Eso deja en claro por qué en sus orillas aparecieron decenas e cadáveres: aventureros -en muchos casos, ex oficiales nazis que conocían ese destino- que soñaban con atrapar algún valioso pez en el incalculable cardumen…

Los grandes fanáticos del arte fueron Hitler, Goering y Ribentropp. Paradoja. Producido el desbande de las ratas, en 1946 un granjero alemán cambió su Monet por un kilo de manteca

El gran enigma: con tanto dinero y codiciosa felicidad entre los grandes bonetes de la cruz gamada, ¿llegó a haber una mafia nazi que aún creía en la resurrección del despedazado Reich, o todo terminó con una bala y una cápsula de cianuro en un bunker ya inútil y una Berlín hecha polvo?

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