Antiguos reclusos relataron la pesadilla que le espera al político en los próximos dos años y medio

Putin manda a Alexei Navalny a un campo de trabajo para “quebrarlo psicológicamente”

El complejo Nº2 de Pokrov es hoy una de las 684 cárceles que alojan a 393.000 presos en Rusia

Putin manda a Alexei Navalny a un campo de trabajo para “quebrarlo psicológicamente”
Alexei Navalny PD

Vladimir Putin quiere que los dos años y medio de prisión de Alexei Navalny sean una verdadera pesadilla.

La cárcel donde purga su pena el opositor ruso, en Pokrov, es un centro penitenciario que tiene la reputación de lograr “doblegar” a los presos más tenaces.

Rodeado por una valla de chapa metálica rematada con alambre de púas, el complejo Nº2 se encuentra cerca de una fábrica del gigante alimentario estadounidense Mondelez.

“Se dice que es una de las prisiones más duras de Rusia”, afirma Denis, un empresario que se niega a dar su apellido, “tal vez por eso lo trasladaron aquí”.

El opositor, de 44 años, que el año pasado sobrevivió a un envenenamiento que achaca al Kremlin y pasó varios meses convaleciente en Alemania, deberá cumplir una condena de dos años y medio. Fue detenido a su regreso a Rusia y su condena provocó la indignación de la sociedad civil rusa y de las capitales occidentales.

En teoría, la prisión ofrece a los presos la oportunidad de trabajar a cambio de un escaso salario, que apenas cubre los gastos de alojamiento que se les imponen.

Pero el sistema es regularmente objeto de críticas por parte de los grupos de derechos humanos, que denuncian las duras condiciones y las interminables jornadas de trabajo.

La gravedad del sistema es conocida.

En 2013, Nadezhda Tolokonnikova, miembro del grupo de protesta Pussy Riot que fue condenada a dos años de prisión por cantar una “oración punk” contra Putin en la catedral de Cristo Salvador de Moscú, se puso en huelga de hambre en protesta por la “esclavitud” en su campo de trabajo en Mordovia, al sureste de Moscú.

El director del Servicio Penitenciario de Rusia (FSIN), Aleksandr Kalashnikov, aseguró a la agencia de noticias TASS que “no habrá ninguna amenaza” para la salud de Alexei Navalny, que podrá emplearse como cocinero, bibliotecario o modista.

Pero desde que se anunció su lugar de detención, los antiguos reclusos del centro penitenciario Nº2 informan sobre la vida cotidiana allí.

La administración de la prisión está intentando “romper psicológicamente a la gente”, explicó a la cadena de televisión de la oposición Dmitri Demushkin, un político nacionalista que pasó dos años en esta cárcel. “Allí, incluso las moscas no vuelan sin preguntar”, dijo.

Según contó Demushkin, los guardias a menudo obligan a a los presos a participar en ejercicios repetitivos destinados a derribarlos, a repetir sus nombres y crímenes una y otra vez o a permanecer de pie durante horas con la cabeza gacha.

En las colonias penales, además, la disciplina suele ser mantenida por los propios presos, ya sea por presos que colaboran con los guardias o por líderes de bandas criminales. Las colonias dirigidas por prisioneros que trabajan con las autoridades se conocen como “Zonas Rojas” en la jerga criminal rusa.

“Allí se hace todo lo posible para aislar a los presos políticos”, dijo a Open Media, un sitio de noticias de la oposición, Maria Eismont, abogada de un activista que fue sentenciado allí en 2019, alegando que a los demás internos se les prohibió hablar con su cliente.

A Navalny, no obstante, “nadie lo golpeará ni lo torturará”, dijo por su parte Vladimir Pereverzin, un ex gerente de la compañía petrolera Yukos que pasó dos años en la prisión hace 10 años. “Pero lo quebrarán psicológicamente”.

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