Teherán ha sido igualmente despectivo con los plazos fijados por la administración para que Irán responda a la preocupación internacional por su programa nuclear
El domingo, el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad ordenó al Organismo nuclear de su país que empezara a enriquecer uranio con una pureza del 20 por ciento, muy por encima del nivel de pureza necesario para alimentar una planta nuclear civil. Al día siguiente, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, anunciaba que Teherán va a «golpear por sorpresa» a las naciones occidentales de una forma que las dejará «aturdidas».
Bienvenidos al segundo año de estrategia «de diálogo» con Irán de Barack Obama. El diálogo del presidente con la brutal teocracia de Teherán comenzó desde el primer momento de su presidencia.
Barack Obama en su discurso de investidura:
«A aquellos que se aferran al poder a través de la corrupción y el engaño y la censura de la disidencia»
«Os tenderemos la mano si estáis dispuestos a abrir el puño»
Teherán respondió llamando a Obama «la mano de Satanás dentro de un guante nuevo». Un portavoz de Jamenei se despachaba:
«El Gran Satán ahora tiene un rostro negro»
Ese intercambio inicial fijó la tónica del año que ha seguido.
OBAMA «TIENDE LA MANO»
Una y otra vez Obama ha tratado de «tender una mano» a los gobernantes de Irán – grabando un mensaje de buena voluntad con motivo del Nowruz, el año nuevo iraní; guardando silencio tras las elecciones amañadas celebradas en junio; insistiendo en que «el diálogo entre nuestros dos países» proseguiría a pesar de la sangrienta represión de los manifestantes pacíficos por parte del gobierno – y cada vez que el régimen ha rechazado inteligentemente relajar su control. La respuesta de Jamenei al saludo de año nuevo de Obama consistió en acusar al presidente de haber «insultado a la República Islámica de Irán desde el primer día». Rechazó las propuestas privadas de Obama con desprecio público; negociar con Estados Unidos, dijo en noviembre, sería «ingenuo y perverso».
Teherán ha sido igualmente despectivo con los plazos fijados por la administración para que Irán responda a la preocupación internacional por su programa nuclear. Washington puede anunciar «tantos plazos como desee, no nos importa», decía Ahmadinejad a sus partidarios en diciembre. ¿Y por qué les iba a importar, cuando cada plazo ha vencido con la negativa de Irán a cooperar sin consecuencias de importancia?
DESACTIVAR LA AMENAZA CON EL DIÁLOGO PACIENTE
Durante un año, la administración Obama llegó a extremos insospechados para demostrar que la inminente amenaza de un Irán con armas nucleares se podía desactivar a través del diálogo paciente. Los déspotas de Irán emplearon ese año en ampliar su capacidad de enriquecimiento, despreciar el derecho internacional, perfeccionar un nuevo proyectil balístico, inyectar dinero y armamento a espuertas a los grupos terroristas en el extranjero, y a detener, torturar y ahorcar a los disidentes dentro del país.
Los apocalípticos gobernantes de Teherán no han aflojado sus puños, y ningún gesto de buena voluntad les convencerá de hacerlo. Puede que hace un año esto no estuviera claro para Obama. Ahora está claro para casi todo el mundo.
Cuanto más se acerca el régimen de Irán a poseer armas nucleares, más crítico es aislarlo y cambiar ese régimen. No son sólo los belicistas de derechas los que piensan así. En un reciente ensayo publicado en el New York Times, Alan J. Kuperman, director del Programa de Prevención de la Proliferación Nuclear de la Universidad de Texas – así como antiguos asesores del Congreso como los izquierdistas Charles Schumer y Thomas Foley – instaba a lanzar ataques aéreos contra las instalaciones nucleares de Irán. Daniel Pipes, del Middle East Forum, animando a Obama a ordenar esos ataques antes de que sea demasiado tarde, observa que la mayoría de los estadounidenses, medida en las últimas encuestas, es favorable a utilizar la fuerza para impedir que Irán sea nuclear.
NEUTRALIZAR LA AMENAZA IRANÍ
Durante las últimas semanas, las dos cámaras del Congreso han aprobado anteproyectos que imponen importantes sanciones a Irán, en particular suspendiendo su acceso a las importaciones de combustibles de las que depende fuertemente. La legislación fue aprobada por unanimidad en el Senado, y por un margen de 412 votos a 12 en la Cámara. No hay mucho en Washington en estos días que despierte un apoyo tan abrumador y bipartidista.
Aún podemos estar a tiempo de neutralizar la amenaza de un Irán con armas nucleares sin el uso de la fuerza militar, pero nunca lo sabremos a menos que el presidente se deshaga de su fantasía del diálogo. Millones de disidentes iraníes anhelan un gobierno decente. El respaldo incondicional de la administración Obama, concretado en sanciones muy duras, ayudaría a su causa de manera contundente.
Los mulás nunca van a relajar el puño de manera voluntaria. La mayoría de los estadounidenses reconoce esa realidad. Es hora de que el presidente también lo haga.
