Erdogan designa a un general de su confianza al frente de la Fuerzas Armadas

La revuelta del Ejército turco facilita al Gobierno islamista una ‘victoria’

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha impulsado una oleada de reformas constitucionales destinadas a acabar con la tutela del Ejército

La revuelta del Ejército turco facilita al Gobierno islamista una 'victoria'
Recep Tayyip Erdogan con el Consejo Supremo Militar turco. EP

Tras nueve años en el poder, el AKP ha conseguido acaparar gran parte del poder que pertenecía a los militares y ha llevado ante los tribunales civiles a 250 oficiales de alto rango

El Gobierno turco intenta poner fin al grave conflicto abierto el viernes 29 de julio de 2011 con la dimisión en bloque de la cúpula militar, un episodio que no tiene precedentes en el largo enfrentamiento entre las autoridades islamistas moderadas, que llegaron al poder en 2002, y un estamento castrense que se considera garante de la laicidad del Estado.

Como explica B. López Arangüeña en ‘El País, lejos de poner en jaque al Gobierno, la renuncia del general Isik Kosaner, jefe del Estado Mayor, y de los jefes de las tres fuerzas ofrece al primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, una oportunidad para extender su autoridad sobre las otrora todopoderosas Fuerzas Armadas.

El mismo viernes, Erdogan nombró al general Necdet Özel, comandante de la Gendarmería, jefe provisional del Estado Mayor y jefe del Ejército, lo que le sitúa como el previsible sucesor de Kosaner.

Avalado por un programa reformista que contaba con el beneplácito de la Unión Europea y respaldado por un gran apoyo popular, que le ha dado tres victorias electorales consecutivas desde 2002, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha impulsado una oleada de reformas constitucionales destinadas a acabar con la tutela del Ejército y cuyo mayor éxito fue el inicio de las negociaciones de adhesión con la UE en 2005.

Hoy, tras nueve años en el poder, el AKP ha conseguido acaparar gran parte del poder que pertenecía a los militares y ha llevado ante los tribunales civiles a 250 oficiales de alto rango acusados de intentonas golpistas. Entre ellos hay 42 generales, casi el 10% del total.

Esta es precisamente la razón de fondo de la dimisión de la cúpula castrense, que este 1 de agosto de 2011 debía reunirse con el Gobierno para debatir las promociones de la alta oficialidad en el Consejo Militar Supremo.

En la agenda de este año estaba el ascenso de 17 uniformados sospechosos de pertenecer a la Operación Mazo, una trama golpista que, presuntamente, buscaba desestabilizar el Gobierno de Ankara con atentados que serían luego achacados a grupúsculos radicales. Según la prensa turca, las Fuerzas Armadas exigieron esta semana al Ejecutivo que se permitiera a los sospechosos beneficiarse de las promociones, ya que sus sentencias todavía no han sido emitidas. El rechazo de la propuesta, así como la orden de arresto emitida el mismo viernes contra otros siete generales acusados de «propaganda antigubernamental» ha sido, según el diario turco Milliyet, la gota que ha colmado el vaso.

«Uno de los objetivos de esas investigaciones y estas detenciones es mantener a las Fuerzas Armadas en el banquillo y dar la impresión a la opinión pública de que somos una organización criminal», declaró el general Isik Kosaner al presentar su dimisión. Esta renuncia, y la de sus compañeros, es la última revuelta, esta vez pacífica, de un estamento acostumbrado a ejercer de árbitro de la vida política turca durante más de 70 años, esgrimiendo la defensa de los principios de laicidad y unidad nacional impuestos por el general Mustafá Kemal, Atatürk, al término de la I Guerra Mundial. Son esos mismos principios los que sirvieron para justificar los cuatro golpes de Estado perpetrados desde 1960.

Esta vez, la renuncia de la alta cúpula, que ha visto cómo su autoridad se desvanecía en los últimos años, marca para analistas como Ahmet Insel el fin de la era de los golpes de Estado. «Los militares se han retirado porque no son capaces de hacer frente a las acusaciones del poder civil, porque son acusaciones con fundamento», asegura. La clave, según Insel, es el fuerte apoyo popular al partido del gobierno que en junio renovó su mandato por tercera vez consecutiva.

Pero también hay quien teme por el futuro de las Fuerzas Armadas. Su desprestigio es un asunto delicado para un país que mantiene un enfrentamiento armado con la guerrilla kurda del PKK dentro de su territorio, y que tiene vecinos problemáticos como Irak o Siria.

En la reunión de mañana, el nuevo jefe provisional del Estado mayor, Necdet Özel, deberá negociar la restructuración de las Fuerzas Armadas, que con 600.000 efectivos constituyen el segundo ejército de la OTAN, tras Estados Unidos. El desmembramiento de la cúpula militar podría dar paso a una nueva generación de militares. Y es que sus predecesores, ascendidos a punta de asonada, son quizás demasiado viejos para empezar a respetar la voluntad popular.

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