OPINIÓN / CAROLINE GLICK

Los tontos útiles de la Hermandad Musulmana

Los tontos útiles de la Hermandad Musulmana
Mohamed Morsi. EP

Una cosa hay que admitir a la Hermandad Musulmana. Conocen la política del poder. Saben cómo ganar poder. Y saben cómo utilizar el poder.

El pasado junio, la víspera de que los electores eligieran según la mayoría de las crónicas al candidato de la Hermandad Mohamed Morsy para ocupar la cartera de próximo presidente de Egipto, el Wall Street Journal publicaba una crónica fraccionada firmada por Charles Levinson y Matt Bradley relativa a la forma en la que la Hermandad había esquivado a los revolucionarios seculares para hacerse con el control del espacio político del país.

La Hermandad mantuvo un perfil muy discreto durante las manifestaciones masivas de la Plaza de Tahrir en enero y febrero de 2011 que han conducido a la caída del entonces presidente Hosni Mubarak. La ausencia de la Hermandad de la Plaza de Tahrir en aquel entonces es lo que permitió a los occidentales enamorarse de la revolución egipcia.

Estas manifestaciones llevaron a la impresión, generalizada en Estados Unidos, de que los sucesores Mubarak iban a ser demócratas seculares con perfil en Facebook. El papel del joven ejecutivo egipcio de Google Wael Gonim a la hora de organizar las manifestaciones fue recogido de forma creciente. Su participación en las protestas contra el régimen — como su breve paso por prisión — se consideraron pruebas de que el próximo régimen egipcio iba a ser indistinguible de la Generación X y la Generación Y de europeos y americanos.

En su crónica, Levinson y Bradley ponían de relieve la forma en la que la Hermandad se había valido de los seculares para derrocar al régimen, y para brindarse un disfraz de moderación hasta marzo de 2011, cuando la opinión pública participó en el desmantelamiento y transformación del Egipto post-Mubarak de dictadura militar en régimen populista. La mayoría aplastante de la opinión pública votó a favor de celebrar parlamentarias y de dotar de competencias al parlamento recién elegido para elegir a los miembros de la asamblea constitucional encargada de redactar la nueva constitución de Egipto.

En calidad de mayor fuerza social de Egipto, la Hermandad sabía que podía hacerse con la mayoría de los escaños en el nuevo parlamento. Los comicios de marzo de 2011 aseguraron su control sobre la redacción de la constitución egipcia.

En julio de 2011, la Hermandad decidía celebrar su dominio del nuevo Egipto con una concentración masiva en la Plaza de Tahrir. Levinson y Bradley explicaban la forma en la que durante los preparativos de ese acto los revolucionarios seculares egipcios fueron desplazados por completo.

Según su crónica, la Hermandad había decidido llamar a la concentración «del viernes de la ley islámica». Al no comprender que la partida había terminado, los seculares trataron de conservar lo que creían era la unión de las filas anti-régimen de principios de año.

«Líderes islamistas y revolucionarios pasaron tres jornadas negociando los principios comunes de la próxima manifestación del viernes en la Plaza de Tahrir de El Cairo. Alcanzaron un acuerdo y la revolución parecía encauzada».

Una líder secular, Rabab el-Mahdi, se refería al acuerdo como «el momento idóneo. Un enorme logro».

Pero a continuación aparecía la letra pequeña.

«Horas antes de la concentración, los islamistas salafistas radicales empezaron a adornar la plaza con banderas negras y blancas y pancartas que pedían la implantación de la ley islámica. Mahdi hizo frenéticos llamamientos a los líderes de la Hermandad, que le dijeron que no había nada que pudieran hacer».

Jaque mate.

La diferencia entre los seculares y la Hermandad es fundamental. La Hermandad siempre ha tenido claro el Egipto que quiere alumbrar. Siempre ha utilizado todas las herramientas a su disposición para impulsar el objetivo de crear en Egipto un estado islámico.

Por su parte, los seculares carecen de unidad ideológica y por tanto no tienen una visión común de un Egipto futuro. Simplemente son contrarios a la represión del ejército. Oponerse a la represión no constituye un programa político. Es un acto político. Puede destruir. No puede gobernar.

Por eso cuando surgió la pregunta de cómo transformar las protestas que habían hecho que Estados Unidos abandonase a Mubarak sellando el destino de su régimen en un régimen nuevo, los seculares no tenían respuesta. Todo lo que pudieron hacer es seguir protestando contra la represión del ejército.

La Hermandad lleva décadas siendo la fuerza más popular de Egipto. Sus líderes reconocen que para hacerse con el país, todo lo que les hizo falta es el poder para participar en las elecciones y la autoridad para garantizar que los resultados importaban — es decir, que tenían control sobre la redacción de la constitución. Y por eso, una vez los seculares posibilitaron la caída de Mubarak, su objetivo consistió en garantizar la capacidad de participar en las elecciones y asegurarse de que el parlamento controlaría el proceso de redacción constitucional.

Para alcanzar estos objetivos, se mostraron igualmente dispuestos a colaborar con los seculares contra el ejército y con el ejército contra los seculares. Para alcanzar estos objetivos, estuvieron dispuestos — como lo estuvieron antes del viernes de la ley islámica el pasado julio — a negociar de mala fe.

Aunque instructivo, el artículo del Journal se queda corto porque los periodistas no se dieron cuenta de que la Hermandad había desbancado a la junta militar de la misma forma que había desbancado a los seculares. El artículo parte de la premisa de que la decisión del ejército de protagonizar un golpe de estado en la práctica la pasada semana vaticinaba el final de la revolución egipcia y la vuelta del país a la dictadura militar que llevaba gobernando desde los años 50.

Levinson y Bradley dicen: «Tras el fallo del Supremo esta semana cancelando los resultados de las parlamentarias y garantizando el control militar continuado del país con independencia de los resultados de las presidenciales, la estrategia de cooperación con el ejército de la Hermandad parece condenada».

Pero en la realidad, no fue el caso. Al permitir participar a la Hermandad en las parlamentarias y las presidenciales, el ejército firmó la sentencia de muerte de su régimen. La Hermandad gobernará Egipto. Lo único que queda por ver es si la toma de control se produce lenta o rápidamente.

Para comprender la razón, es importante destacar lo sucedido en Turquía. Cuando el partido islamista AKP ganó las elecciones de 2002, el ejército turco tenía autorización constitucional para controlar el país. En calidad de garante del estado secular turco, el ejército de Turquía tenía competencias constitucionales para derrocar a gobiernos elegidos democráticamente.

10 años más tarde, Turquía es un estado islámico populista y autoritario. La mitad del cuerpo de oficiales está en la cárcel, sin pruebas o bajo cargos inventados. El estamento judicial turco o los servicios sociales están controlados por islamistas. El AKP está ocupando vacantes en el ejército con incondicionales.

Cuando sabes lo que quieres, utilizar todas las herramientas tu disposición para lograr los objetivos. Cuando no sabes lo que quieres, no importa las herramientas que tengas, no lograrás tus objetivos.

El ejército egipcio hoy es mucho más débil que el ejército turco en 2002. Y ya ha sido desbancado por la Hermandad. La única forma de garantizar su control del poder es la fuerza bruta. Y los Generales ya han demostrado ser reacios a utilizar la fuerza suficiente para reprimir a la Hermandad.

La decisión del régimen de ilegalizar el parlamento y anteponer el ejército al presidente no fue una demostración de fuerza. Fue el acto de desesperación de un régimen presa del pánico que sabe que sus días están contados. De ahí su decisión de aplazar el anuncio del ganador de las presidenciales.

Cuando Morsy anunció la victoria en las presidenciales del domingo, lo hizo rodeado de miembros del parlamento recién disuelto. Su actuación era una advertencia dirigida al ejército. La Hermandad no permitirá que el fallo del tribunal se respete.

Es posible que la Hermandad aguante en esta confrontación con el ejército por las parlamentarias. Pero el ejército sale muy mal parado. Cuando se produzca la siguiente ronda de hostilidades inevitablemente, el ejército tendrá todavía menos peso. Y así sucesivamente.

LA INEVITABILIDAD de la toma de control islamista de Egipto se traduce en que la paz entre Israel y Egipto no tiene ningún sentido. Se avecina la confrontación. El único interrogante que queda es cuánto tiempo pasará y qué forma cobrará. Si sucede lentamente, se caracterizará por una escalada gradual de ataques fronterizos desde el Sinaí perpetrados por Hamás y otros grupos yihadistas. La súbita impaciencia de Hamás por reivindicar los ataques de mortero contra el sur de Israel así como el ataque criminal de la mañana del lunes son aperitivos de lo que se avecina.

Con la Hermandad en el poder, la cooperación con Israel en materia de seguridad por parte de las fuerzas egipcias en el Sinaí es historia. Y el régimen no se quedará cruzado de brazos para impedir el terror. Lo alentará. Igual que el ejército egipcio organizó y auspició las incursiones de los fedayines de Gaza durante la década de los 50, el régimen hoy auspiciará y organizará atentados irregulares desde Gaza y el Sinaí.

En este escenario de confrontación, el propio ejército egipcio participará en los ataques contra Israel. Tropas egipcias abrirán fuego contra los israelíes del otro lado de la frontera. Podrían remilitarizar el Sinaí. Podrían escalar los ataques contra las fuerzas estadounidenses destacadas en el Sinaí que supuestamente van a mantener la paz, con el objetivo de convencerles de que se marchen.

Tanto si la confrontación se produce mañana como si lo hace en un par de años, el interrogante es si el ejército sigue siendo el gobernante secular de Egipto o si es irrelevante de cara a Israel.

En su intento por conservar su poder y sus privilegios, lo primero que ofrecerán sacrificar los Generales en su apoyo a la paz con Israel. Con Estados Unidos de parte de la Hermandad contra el ejército, mantener el tratado de paz ha dejado de ser relevante para los Generales.

Esta decepcionante situación exige que los líderes israelíes adopten varios pasos con efecto inmediato. En primer lugar, nuestros líderes tienen que prescindir de su lenguaje diplomático con Egipto. No tiene sentido no reconocer que el frente sur — tranquilo desde 1981 — se ha debilitado y que la paz de Israel con Egipto carecería de sentido.

Recuerde que fue con la dirección de Mubarak que los medios egipcios informaron de que el servicio secreto estaba desplegando tiburones como agentes secretos y ordenando que atacaran a los turistas a lo largo de la costa egipcia en un esfuerzo por destruir la industria turística de Egipto.

Puesto que Israel no tiene que decir o hacer algo que provoque a los egipcios, tendríamos también que ser honestos en nuestro propio debate de la situación. Como mínimo, el diálogo franco garantizará que se dan los pasos para que el reto de Egipto se afronte desde la realidad y no desde un intento de ignorar la realidad.

El debate honesto es también importante en el terreno internacional. Durante los 30 últimos años, en aras de proteger el tratado de paz, Israel no se defendió nunca de los ataques diplomáticos egipcios a su derecho mismo a existir. Ahora puede y tiene que responder con todo.

Como mínimo, esto garantiza que Israel emprende una defensa diplomática coherente de cualquier acción militar que pueda hacer falta eventualmente para defenderse de la agresión egipcia.

En cuanto a esa agresión, no tenemos buenas opciones sobre el terreno. No podemos operar abiertamente en el Sinaí. Si respondemos a los ataques balísticos con ataques aéreos, el gobierno egipcio de la Hermandad utilizará nuestra medida defensiva para justificar la guerra. Así que tenemos que ampliar masivamente nuestra capacidad de operar en forma encubierta.

Aparte de eso, tenemos que equipar y formar a nuestros efectivos para ganar una guerra contra el ejército egipcio armado y entrenado por Estados Unidos.

Con independencia del sentido de las elecciones, se han repartido las cartas. Hemos de prepararnos para lo que se avecina.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído