La contienda entre Estados Unidos e Irán entra en su tercera semana, y el panorama se oscurece con un nuevo episodio de tensión: los bombardeos estadounidenses sobre Kharg Island, la joya del sistema petrolero iraní.
El presidente Donald Trump ha comunicado que fuerzas estadounidenses han «aniquilado» ciertos objetivos militares en la isla, aunque se han cuidado de no afectar las instalaciones energéticas. La advertencia es evidente: esos activos podrían ser los siguientes en la lista.
Irán no tardó en reaccionar con una amenaza firme. Las fuerzas armadas iraníes han dejado claro que cualquier ataque a sus infraestructuras petroleras y energéticas desencadenará represalias contra instalaciones energéticas de empresas vinculadas a Washington en la región. El mensaje es directo: si se atentan contra nuestro petróleo, el mundo entero sufrirá las consecuencias.
La isla que sostiene la economía iraní
No se puede subestimar la importancia de Kharg Island. Situada a 26 kilómetros de la costa suroeste de Irán, esta pequeña extensión coralina de apenas 7,7 millas cuadradas es responsable del 90% de las exportaciones petroleras del país. Desde 1960, cuando una empresa estadounidense comenzó su desarrollo durante el auge del petróleo, la isla se ha convertido en el núcleo vital de la industria energética iraní.
Lo que distingue a Kharg es su geografía privilegiada. A diferencia de muchas costas iraníes, que son demasiado someras para permitir el atraque de superpetroleros, esta isla cuenta con aguas profundas y muelles que facilitan el embarque simultáneo de varios buques. Tres grandes campos petroleros submarinos —Aboozar, Forouzan y Dorood— transportan su crudo mediante tuberías submarinas hacia la terminal, donde se procesa, almacena o carga para mercados internacionales.
La capacidad de almacenamiento es verdaderamente impresionante. En mayo de 2025, S&P Global Commodity Insights informó que Irán había aumentado su capacidad en dos millones de barriles tras modernizar tanques con capacidad para un millón cada uno. Actualmente, la isla guarda entre 18 y 30 millones de barriles en reserva. La Falat Iran Oil Company, una de las tres grandes instalaciones energéticas presentes, produce 500.000 barriles diarios y se considera la mayor refinería del país.
Antes del estallido del conflicto el 28 de febrero, Irán había acelerado sus exportaciones desde Kharg, llevándolas de 1,5 millones a casi 4 millones de barriles diarios. Desde entonces, las cifras han oscilado entre 1,1 y 1,5 millones diarios, según datos proporcionados por TankerTrackers.com. La mayoría del crudo tiene como destino a China, que recibe el 90% de las exportaciones iraníes y para quien el crudo iraní representa entre el 10% y el 13% de sus importaciones totales.
El dilema de Trump: poder sin solución
El ataque estadounidense a objetivos militares en Kharg envía un mensaje confuso. Trump ha dejado abierta la posibilidad de futuros bombardeos contra infraestructuras energéticas; sin embargo, también muestra cierta cautela. «Ciertamente, hay quienes han hablado al respecto. Hay quienes lo han pensado, pero es demasiado pronto para discutirlo», afirmó el 9 de marzo.
Los analistas especulan sobre si Washington busca apoderarse de la isla para controlar las exportaciones petroleras iraníes y así debilitar financieramente a Teherán. Una acción como esta sería técnicamente factible: dado que la isla está poco poblada y expuesta a un asalto anfibio, especialmente con las defensas aéreas iraníes «severamente degradadas», según el Comando Central estadounidense, no sería descabellado pensar en una operación militar allí. Además, Trump no ha descartado enviar tropas terrestres a Irán.
Sin embargo, todo esto implica una complejidad considerable. Destruir o tomar control sobre Kharg podría tener repercusiones globales devastadoras. Los expertos advierten que un cierre temporal o una interrupción total en esta terminal haría disparar los precios del petróleo a niveles sin precedentes. Ya esta semana el crudo superó los 100 dólares por barril y los precios de gasolina en Estados Unidos saltaron desde los 2,94 dólares por galón hace un mes hasta los 3,59 dólares este jueves.
Según advirtió JPMorgan, un ataque directo a la isla «detendría inmediatamente gran parte de las exportaciones iraníes de crudo», lo que podría provocar represalias severas en el Estrecho de Ormuz o contra infraestructuras energéticas regionales. Este estrecho es vital ya que canaliza aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo; cualquier escalada allí podría paralizar la economía global.
La estrategia de Irán: quemar todo si es necesario
La postura adoptada por Irán es clara: si Washington ataca sus instalaciones petroleras, responderá golpeando infraestructuras energéticas dentro de la región. Se trata de una estrategia cuya consigna parece ser «si ardemos nosotros, tú arderás con nosotros». Los analistas sugieren que quizás Teherán confía en poder soportar las consecuencias económicas durante más tiempo que Estados Unidos y sus aliados.
Mientras tanto, el conflicto avanza sin una salida clara a la vista. Aunque Trump sostiene que esta guerra es «muy completa», también menciona planes para «tomar control» del Estrecho de Ormuz. Así queda planteada la situación: Kharg Island, como un peón invaluable en este ajedrez energético global donde cada movimiento puede reconfigurar mercados enteros.
