No más Mentiras

Antonio García Fuentes

VIAJE A PAÍSES ALPINOS II

VIAJE A PAÍSES ALPINOS II

La salida estaba prevista para las veintidós horas, si bien y como era de esperar, surge el incidente y al final lo podemos hacer veinticinco minutos después; una pasajera que se ha despistado y confundido el horario y hay que llamarla a su casa, luego se justifica y este es el incidente que nos hace perder un tiempo que luego recuperaremos en carretera y en el transcurso de la larga e incómoda noche de viaje, que nos espera a bordo del autocar que nos traslada, el que no obstante ser moderno y bien equipado; y con las «máximas comodidades de la actualidad», resulta incómodo por causas fáciles de comprender, ya que nuestra primera etapa será hasta nada menos que… «Aix en Provence», ciudad que se encuentra «a la altura» de Marsella y por tanto, ya bastante adentrada en el territorio francés; por ello esta primera etapa será de mil cuatrocientos kilómetros… aproximadamente, lo que ya es muy digno de tenerse en cuenta.
Partimos (pues) con estas perspectivas de viaje bien asumidas y pese a ello, lo hacemos con ánimo e ilusiones, ya que por otra parte como nuestro vehículo va ocupado sólo en algo más de la mitad de su capacidad, iremos muy amplios y ello nos permitirá cierta movilidad, lo que es de agradecer en tan largos trayectos.- Este autocar es el mismo que el año pasado nos llevó hasta Bélgica y es igualmente conducido por «Paco» (ya hablé de todo ello en mi relato dedicado a aquel viaje) y al que auxilia en una primera etapa otro conductor, el que curiosamente también tiene de nombre el de «Paco» (Francisco) que es bastante corriente en España.- Este «Paco II» nos llevará hasta Tarragona, donde nos dejará, ocupando el volante nuestro «Paco I», y todo ello, obligado por el reglamento de circulación viaria para conductores de vehículos al servicio público, que limita la distancia y tiempo de conducción…»para evitar posibles accidentes, por agotamiento».
Ya en carretera y para entretenernos y amenizarnos la larga noche, nos ponen una película titulada «El Expreso de Chicago», el que nos entretiene y distrae en estas dos primeras horas de viaje.
Hemos tomado la carretera (luego autovía) que en dirección Norte lleva hasta Madrid, si bien nos desviamos a la altura de Manzanares, ya en la Meseta de «Castilla la Nueva»… pasaremos por Tomelloso, Villarrobledo, San Clemente, Motilla del Palancar… donde ya tomaremos la carretera Madrid-Valencia y donde ya entraremos en la red de autopistas europeas, que nos llevará a casi todos nuestros destinos ya descritos globalmente, al principio de este relato.
La primera parada que realizamos es «en un lugar de La Mancha», situado entre Tomelloso y Villarrobledo; y esta se realiza a las 0,30 horas del lunes 15-11-1993.- En este lugar («sin nombre») existe uno de tantos establecimientos de carretera, dotado de bar y restaurante, el que con servicio las «veinticuatro horas de cada día»… son como escalonados oasis, que prestan al viajero, el servicio que necesita en cualquier momento de esos largos viajes que hoy se realizan por carretera; servicio o atención que siempre se presta bien en España y a precios bastante razonables («salvo excepciones que las hay»).
Al bajar del autocar, notamos que «ya hace bastante frío en La Mancha de Don Quijote», lo que nos obliga a abrigarnos y nos sirve de un principio de «aclimatación», en relación a los días que nos esperan.- Hemos bajado todos, unos a tomar café, otros para tomar algo de comer, casi todos a visitar «los servicios de WC»; y tras un tiempo de no más de treinta minutos, volvemos al autocar y continuamos viaje.
Han transcurrido tres horas y ya nos encontramos dentro de la autopista que va de Valencia a Barcelona.- Nos detenemos de nuevo en el área de servicios de Sagunto, no todos bajan del vehículo, yo si lo hago, hace una noche estrellada y la temperatura es agradable puesto que estamos cerca del mar; al mirar al cielo veo «encima de mi» a la constelación siempre presente en nuestro hemisferio, o sea la que vulgarmente denominamos como «El Carro» (Osa Mayor) la que con sus siete estrellas visibles a simple vista, parece augurarnos un buen viaje.- Entramos en el bar y tomo un agua tónica puesto que llevo sed… tras veinte minutos reemprendemos viaje.
Va transcurriendo la larga e incómoda noche, apenas puedo dormir, otros van igual que yo, pero algunos otros incluso roncan felices de ir durmiendo («¡que felicidad!»).
Por fin amanece y veo una vez más ese maravilloso hecho cotidiano, «de paz y concordia»… cuál es la llegada de un nuevo día y al que tan poca importancia damos los mortales.- Se va animando «el pasaje» y los viajeros ya empiezan a hablar.- Algunas de estas amas de casa, se levantan de sus asientos y van hacia la parte trasera del autocar y allí cogen «algo» que nos ofrecen y que nos ocasiona grata sorpresa, puesto que solícitas, nos van ofreciendo una «copita» de anís dulce y «un mantecado»; es claro que el anís lo tomamos en vasitos de plástico, pero qué duda cabe que ese hecho amenizado con palabras amables y sonrisas, nos reconforta mucho en la larga vigilia que llevamos.- No será esta la única sorpresa, puesto que estas previsoras mujeres, llevan otras muchas cosas (mi esposa también aporta un buen refuerzo en forma de jamón, queso y frutos secos) y en su momento podremos tomar un aperitivo con buen vino (todo mientras el autocar sigue circulando) tapas variadas e incluso cerveza fresca y refrescos «enlatados», de los que el chófer lleva buena provisión y la nevera llena, la que irá reponiendo… y todo ello nos va a durar casi para todo el viaje…»es claro que luego pagaremos el gasto a escote», salvo las cervezas y refrescos, que iremos liquidando a Paco, a medida que las vamos retirando de la nevera o frigorífico, que lleva incorporado este moderno autocar; y en el que caben bastantes unidades de estas latas de aluminio.
Dejamos al segundo chófer («Paco II») en las afueras de Tarragona y en un determinado lugar, donde aguardará a otro autocar de la compañía y el que lo recogerá, posiblemente para igual servicio de «refuerzo».
Hemos pasado -pues- por esta catalana ciudad, que en tiempos del Imperio Romano, fuese, «imperial ciudad de Tarraco», observando yo, hoy en «su cielo», la gran polución o «sucia nube», que se desprende de un enorme y cercano complejo industrial, que me parece es petroquímico y lo que visto al amanecer. Destaca fantasmagóricamente sobre la vieja e histórica urbe…»es el progreso» (dicen).
Sobre las ocho de la mañana, nos detenemos en una nueva área de servicios de la autopista, en cuyas instalaciones desayunamos y donde reposamos un poquito, para coger nuevas fuerzas y continuar, puesto que ya estamos cerca de «la ciudad condal».

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí más temas)

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Antonio García Fuentes

Empezó a escribir en prensa y revistas en 1975 en el “Diario Jaén”. Tiene en su haber miles de artículos publicados y, actualmente, publica incluso en Estados Unidos. Tiene también una docena de libros publicados, el primero escrito en 1.965, otros tantos sin publicar y mucho material escrito y archivado. Ha pronunciado conferencias, charlas y coloquios y otras actividades similares.

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