No más Mentiras

Antonio García Fuentes

VIAJE A PAÍSES ALPINOS IV

VIAJE A PAÍSES ALPINOS IV

Son las cinco y cuarenta y cinco minutos del día dieciséis, cuando me despierto y aun cuando hasta las seis treinta no tenemos la llamada, me levanto para tener tiempo suficiente para todo cuanto pretendo hacer, puesto que me apetece tomar un baño caliente y reposar el mismo con sosiego, e igualmente realizar todo cuanto requiere un aseo e higiene a fondo y luego ponerme a escribir tomando notas de todo cuanto me quedó pendiente de ayer.- Logro todo ello en base a ese viejo dicho popular…»el que madruga…».
A las siete (hora prevista) estamos desayunando y treinta minutos después ya estamos en el autocar, con los pesados equipajes que portamos (molestia que casi a diario tendremos que soportar, ya que el mozo de equipajes ha desaparecido de la inmensa mayoría de hoteles del «mundo desarrollado»).- Aunque estamos en noviembre, hace mucho frío, incluso ha escarchado abundantemente y esto es apreciable en los automóviles aparcados cerca de nuestro autocar, ya que los mismos se nos muestran, «prácticamente nevados».
Emprendemos con optimismo la etapa de hoy, que finalizará en Milano (Milán) y por tanto ya en el norte de Italia, por lo que también hoy tenemos una considerable etapa; enfilamos la autopista que nos llevará a «la costa Azul»; y en principio, vamos atravesando por campos llanos y bastante «escarchados» y donde se cultiva la vid y otros tipos de frutales, amén del arbolado silvestre que se suele dar en este tipo de bosque mediterráneo, donde también aparece con cierta frecuencia, el olivo silvestre o ya cultivado en algunos predios que se cuidan… o que también aparecen abandonados.- Pronto cambia el paisaje y el terreno se muestra abrupto y bastante montañoso, puesto que entramos en las estribaciones de los «Alpes Ligures, Ligurios o de la Alta Provenza»; y los que se extienden hasta el Mar Mediterráneo.
Para combatir el frío y «animar la mañana», las solícitas mujeres nos ofrecen una copita de «aguardiente» y un mantecado (dulce navideño y típico de España) y algunas galletas, todo lo cual nos reconforta y nos llena de optimismo. Por otra parte Carlos nos va dando una charla sobre hechos y lugares por los que atravesamos, lo que es de agradecer, pues en el viaje… «aprende aquel que quiere».
Como el día es hoy, también soleado, apreciamos en la lejanía y en dirección a lo que debe ser ya Italia, algunas cumbres nevadas que «relucen a lo lejos, como inmensos espejos naturales»; el frío empaña los cristales del autocar, pero la temperatura se va a ir dulcificando a medida que «bajamos» a la tan famosa rivera marítima que comparten Francia e Italia (Costa Azul Y Riviera) donde nos va a lucir un sol primaveral, el que incluso nos llegará a molestar cuando lo recibimos de frente y a través de los amplios ventanales acristalados de nuestro vehículo.
Vamos pasando por «famosas» zonas de veraneo o residenciales para todo el año, tales como, Saint-Tropez, Cannes, Niza, Monte Carlo, Menton y otros menos famosos.- A la altura de Monte Carlo, nos detenemos en un área de servicios que cuenta con un bonito mirador ajardinado que da al mar y desde donde, podemos apreciar este minúsculo principado, el que fuera regido o entregado, a «los Grimaldi» (familia de genoveses), los que lo mantuvieron y mantienen (hoy bastante mermado) en base a «servicios prestados» (incluso eclesiásticamente depende de la «mismísima Roma») a las potencias que consintieron -y consienten- este pequeño enclave en lugar tan privilegiado, lo que no impide que «aquí se viva prácticamente del cuento»… «Amén de lo que aportan ciertos escándalos, que protagoniza algún miembro de la familia principesca y hoy reinante», a los que se les da todo tipo de propaganda, para que ello revierta en la «fama», de este moderno paraíso de la «dulce vida», la que como es lógico se mantiene por el dinero que de fuera llega aquí. Puesto que en definitiva esto debe ser “un paraíso fiscal”.
Al paso por la autopista vamos viendo, gran cantidad de villas, chalés, apartamentos, algunas lujosas mansiones o residencias de potentados, e igualmente abundan los puertos deportivos; todo lo cual confirma que esta debe ser «una costa de placer» y no al alcance de cualquier ciudadano, aun cuando este sea de la denominada «Europa desarrollada».
Dejamos Francia y entramos en Italia a las 10,40 horas. Curiosamente la frontera franco-italiana, la encontramos «dentro de uno de los túneles», que tenemos que ir pasando y por el que «cruza» esa línea imaginaria que divide a los países.- Toda esta zona y hasta Génova, es abrupta por demás (los Alpes «bajan» sus grandes gibas hasta sumergirlas en el mar) y por tanto pasamos por innumerables viaductos y túneles de doble y triple carril, todo lo cual conforma una enorme y costosísima infraestructura viaria, por la que se circula a gran velocidad; obras que en su tiempo iniciara Benito Mussolini, quien al igual que su «homólogo» Hitler en Alemania, se preocuparon por que fuesen construidas, «buenas vías de comunicación» (hay quien dice, que era pensando ya en las invasiones que pensaban realizar…?) de las que indudablemente se aprovecharon, «quienes les sobrevivieron», e incluso nosotros que hoy cruzamos con gran comodidad, debiendo aclarar que la obra actual no es aquella realizada por orden del «dictador italiano», sino que se debe en gran medida a la ayuda norteamericana, prestada a los aliados europeos, tras las II Guerra Mundial («Plan Marshall») y qué duda cabe que también, «a la laboriosidad del sufrido pueblo italiano», puesto que visto cómo han actuado los múltiples gobiernos de este país, en los últimos cincuenta años…»mejor no hablar de ello, a tenor con la corrupción enorme y actual que están padeciendo».
Ya en Italia, continuamos recorriendo y viendo, «a vista de pájaro», esta bella costa de placer, puesto que es una continuidad de la francesa ya comentada, así; pasamos por los alrededores de Sanremo y otros lugares de menor importancia, por su mucha menor población.
Como nos sigue haciendo un espléndido día «primaveral», ello nos permite un viaje placentero al haber dejado “los fríos” tras nosotros; y pese al tipo de «turismo rápido» que estamos realizando.
Aquí en esta parte de la Riviera italiana, son abundantísimos los cultivos en invernaderos (de los que se aprecian grandes cantidades en los estrechos valles que vamos atravesando) puesto que si ya hemos notado ello en Francia, aquí se multiplican enormemente y se deduce de ello, la gran riqueza que estos cultivos aportarán a las economías de toda esta zona, donde prácticamente no se deja libre «ni un palmo de terreno».
No llegamos a entrar en la ciudad de Génova, si bien en una de las panorámicas que nos ofrece esta accidentada costa, llegamos a ver el puerto de la ciudad, e incluso algún gran barco de carga anclado en la rada y fuera del puerto.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí más temas)

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Antonio García Fuentes

Empezó a escribir en prensa y revistas en 1975 en el “Diario Jaén”. Tiene en su haber miles de artículos publicados y, actualmente, publica incluso en Estados Unidos. Tiene también una docena de libros publicados, el primero escrito en 1.965, otros tantos sin publicar y mucho material escrito y archivado. Ha pronunciado conferencias, charlas y coloquios y otras actividades similares.

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