Ocio y Cultura

América no es una nación, América es un territorio, una ambición, un anhelo. Pero por encima de todo, América sigue siendo lo inesperado, el espacio en el que todo es posible. Todo, incluso la llegada al despacho que acumula más poder del planeta de un personaje tan irreal como Donald Trump. Manuel Vilas retrata en América la nación que nadie ve, esa de la que nadie habla, que esconde una poesía y una épica a caballo entre la tragedia y el humor.

“He visto a grandes desesperados en Estados Unidos, tipos en la calle, rebosando miseria, emperadores de la basura, y tenían estilo. No es lo mismo estar desesperado en Estados Unidos que estarlo en cualquier otra parte del planeta: tal vez ese sea el tema de este libro. Dedico este libro a todos los desesperados estadounidenses. A su estilo. Porque tenían estilo... Este libro es también autobiográfico y cuenta mis viajes por muchas ciudades norteamericanas. Entonces , dedico este libro a mi desesperación americana... Por muy grande que sea la desesperación de un país o un continente, más grande será siempre la mía.”

Con estas palabras comienza Manuel Vilas América, el resultado de un viaje y una ensoñación. Un relato asombrado por la inmensa vastedad de Estados Unidos, que tiene las proporciones de un planeta entero en el que todo cabe.

”Estados Unidos es el país más famoso del mundo, porque también existe la fama de los países. La corrección política dice que todos los países son iguales o que todos los seres humanos son iguales, pero es mentira. Sin embargo, es una mentira que esconde una utopía, y la utopía nos ayuda a todos. Sin utopías seguiríamos en las cavernas.”

La mirada poética de Manuel Vilas guía al lector por las páginas de América dibujando un país imaginado y desconocido, en el que la soledad convive con el deseo de un paraíso nunca alcanzado.

“Los pueblos (esta palabra es tal vez inadecuada) o las pequeñas ciudades del Midwest son barrios residenciales conectados unos con otros por una maraña de carreteras locales. Cada barrio tiene su categoría, y su simbología económica. La casa es el fundamento moral de la vida. No la calle . Pero la suma de casas no contribuye a la creación de la ciudad. No hay ciudad, haya casas donde la gente vive escondida. Gigantescas casas donde se rinde culto a la soledad.”

El viaje de Vilas es una deriva sentimental y alucinada por ciudades a las que no va nadie o a las que va todo el mundo, moteles fantasma, autopistas infinitas y supermercados. Supermercados abarrotados de miles de productos, de miles de marcas, porque esa es otra de las orgías americanas: comprar y vender. Consumir es existir y el existencialismo es consumismo: los únicos que no consumen son los muertos.

“No existe la calle. Hay grandes edificios, autopistas, centros comerciales, pero no hay calles. No existen las calles, pero sí existen los supermercados. Muchos supermercados están abiertos las 24 horas del día. Para mí eso es maravilloso, fantasioso, me llena de alegría. Poder ir a Walmart a las tres de la madrugada a mirar la materia de la que está hecha el mundo: comida, fruta pelada y metida en recipientes transparentes, café de cien mil marcas, consistentes bandejas con filetes de un grosor de cinco centímetros, cuchillas de afeitar, colonias, tablets, teléfonos móviles, televisiones, muebles, bolis, pantalones, sartenes, cuchillos, zapatos, relojes y sombreros.”

Pero, ¿América existe o es una invención? América es la representación de un espacio mítico; contradictorio, hermoso y siempre excesivo.

...”No se puede ser europeo toda una vida, por eso se fundó América. Para dejar el abrigo europeo en el colgador del armario de la entrada. América era el sitio para una reinvención pronosticada en nuestros genes más febriles. América era el lugar del asombro. Así lo pensó Frank Kafka en su novela del mismo título. Kafka jamás estuvo en América y sin embargo adivinó qué era América. Kafka describió una estatua de la Libertad con espada en vez de con antorcha...”

Dice Vilas que la dimensión de los avances políticos en Estados Unidos tienen que ver con la clarificación de la vida cotidiana, con la eliminación de las pequeñas incomodidades. Por eso todo está lleno de parkings que permiten el acceso a cualquier lugar, de parkings y de Concesionarios de automóviles porque sin un buen coche en Estados Unidos no eres nadie.

“Para un americano del Midwest el automóvil simboliza la libertad personal, la libertad de poderte ir en cualquier momento a otro sitio. Irse a otro sitio es comenzar de nuevo. Poderte subir a tu automóvil y largarte lejos es como una forma de felicidad, de felicidad vulgar, elemental, sencilla. Si no te gusta el sitio en el que estás, te subes a tu coche y te marchas.”

Es también América un viaje de la memoria por el que desfilan cantantes de rock, escritores, artistas, iconos del Pop, viejas glorias olvidadas o los Simpson como metáfora de la nueva American Way of Life.

“Si no sales en los Simpson, no existes, no formas de la cultura popular, hasta Fidel Castro, Dios Hitler, los Rolling Stones, Tom Jones, John Lennon, Freddy Mercury y Gorbachov salieron en los Simpson. Y, por supuesto, el propio Matt Groening.”

Un país tan singular que inventa la Coca-Cola y para celebrarlo construye el Museo de la Alegría. En Atlanta y es el único museo que explica la vida presente. El Prado, el Louvre o la National Gallery no tienen que ver con la vida que está ocurriendo ahora.

“Fue Andy Warhol quien se dio cuenta de que la Coca-Cola era el siglo XX. Por eso la pintó hasta el desfallecimiento. Era la invención de la gente corriente, era lo que la gente corriente podía llegar a beber. Hay anuncios de todas las épocas en el Museo. Cuando Warhol pintó la botella de Coca-Cola, superó a Picasso, a Miguel Ángel, a Leonardo, a Velázquez, a todos. ...La Coca-Cola nos ha socializado. Nos ha ayudado a deshacernos de lo que no tiene sabor: del agua. El mundo de la sed antes de al Coca-Cola solo podía implorar al agua. La Coca-Cola es, probablemente, la bebida que pone fin al monopolio del agua como único medio de combatir la sed.”

Es este libro de Manuel Vilas un libro singular, ingenioso, esclarecedor. Una suerte de diccionario de las costumbres, los inventos, la vida sin atributos de los americanos. Gente que ha crecido pensando que el fracaso no existe. Un sueño americano que, a modo de profecía, ha permitido colocar a Donald Trump como el hombre más poderoso de la tierra.

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