Ocio y Cultura
Carlos Herrera en La Guita (Bodegas Estévez) y el museo de arte de Bodegas Tradición. PD

¿Qué tienen en común Lewis Carroll, el autor de ‘Alicia en el país de las maravillas, Lola Flores, Goya, Picasso o el gran Carlos Herrera? Pues a todos ellos les une de una u otra manera Jerez y su apasionante mundo de los vinos y de los brandies.

Sí, en principio a uno le sorprende esa relación de nombres tan variopintos, pero todo tiene su explicación y en un intenso día y medio, el 13 y el 14 de septiembre de 2018, un grupo de periodistas asistimos curiosos no solo a las bondades de los caldos jerezanos y de ese brandy que vuelve a estar al alza, sino también de unas historias la mar de interesantes y que hacen de Jerez una ciudad con un encanto muy especial.

El intenso tour comenzó nada más llegar a la estación de Jerez de la Frontera, de ahí directos al Consejo Regulador para, después de un recorrido por sus instalaciones, asistir a una cata de los vinos de Jerez. Ahí empezamos a familiarizarnos con nombres que a lo largo de todo el viaje se nos irían haciendo cada vez más comunes, finos, manzanilla, amontillados, olorosos o palo cortado.

Seguidamente, traslado al restaurante Lú, cocina y alma, dirigido magistralmente por Juanlu Fernández, quien nos obsequió con una interminable, pero apetitosa, lista de platos donde se conjugaba a la perfección lo mejor de la alta comida francesa con las bondades de los fogones jerezanos. Una fusión de lo más lograda y que además se realzaba con los diferentes vinos jerezanos de los que pudimos disfrutar a lo largo de 11 platos y dos postres.

Amén de la sustancia y el cuerpo de los caldos, lo que llamó la atención fue que el restaurante era un guiño constante a la obra de Lewis Carroll, ‘Alicia en el país de las maravillas'. Tanto es así que el cliente tiene la sensación de que en cualquier momento y por alguno de los recovecos del establecimiento va a hacer su aparición Johnny Deep y Tim Burton.

Y casi sin solución de continuidad, nos desplazamos a Bodegas Estévez donde su responsable, Joaquín, nos hizo un amplio recorrido por las inmensas instalaciones en las que incluso hay lugar para otra de las pasiones de los jerezanos, los caballos, con unas espectaculares yeguadas. Si algo caracteriza a estas bodegas, amén de su arte con los caldos, es la labia de su propietario, un auténtico saco de sabiduría y de millones de historias por contar.

De hecho, no solo estas instalaciones son conocidas por sus vinos, también guarda una gran sorpresa, un pequeño pero valiosísimo museo, la Suite Vollard, donde se pueden apreciar un centenar de grabados de Pablo Ruiz Picasso, obras de Botero, de Miró, de Dalí y de otros artistas locales. Uno de los visitantes más ilustres que tienen estas bodegas es ni más ni menos que el genial e incomparable Carlos Herrera que, en los últimos años, ha optado por cerrar temporada en La Guita, propiedad de Bodegas Estévez, y que se enclava en Sanlúcar de Barrameda.

Y la guinda del día se puso en patio de armas de El Alcázar de Jerez, un recinto que alberga una preciosa mezquita y que fue el entorno idóneo para una cata magistral de los vinos de Jerez, ofrecida por Antonio Flores, de González-Byass, y todo aderezado con los acordes de una guitarra jerezana.

La jornada del 14 de septiembre de 2018 arrancó con una ligera lluvia y una temperatura no muy alta, condiciones ideales para hacer una visita in situ a los últimos días de la vendimia en Viña El Caribe, perteneciente a la Cooperativa Virgen de las Angustias.

¡UN BRANDY DE 400 EUROS!

Una vez observado todo el proceso de poda manual y hacernos una idea del suelo que sustenta a estas viñas, una tierra albariza que es ideal para estos pagos donde el agua escasea más dado que actúa como una esponja donde absorbe cada gota de lluvia que, posteriormente, es extraída por las vides para poder dar sus mejores frutos, tocó vuelta al casco histórico de Jerez para visitar las Bodegas Sánchez Romate.

Marcelino Piquero, un recio pero simpático oventense, director comercial de la firma, hizo las veces de perfecto anfitrión y nos introdujo en el mundo de una bebida, el brandy, que poco a poco va contando con una importante legión de consumidores. Y para que realmente entendiéramos que no estamos ante una bebida alcohólica más, que el brandy, si es de verdad, hay que disfrutarlo placenteramente, realizó una cata en la que se llegó a degustar un brandy que cuesta nada más y nada menos que 400 euros la botella, Cardenal Mendoza Non Plus Ultra Gran Reserva y que, como explicaba con gracia Marcelino, fue uno de los regalos que recibió el entonces papa Benedicto XVI y este, al recibirlo, dijo alborozado: "Cardenal Mendoza, este es el único cardenal que no me produce dolores de cabeza".

La guinda del día fue visitar las Bodegas Tradición, también insertadas en el casco antiguo de Jerez y que, valga la licencia, es una auténtica ‘vinacoteca'. Y es que en su interior, aparte de la bodega propiamente dicha, hay una auténtica colección de legajos del siglo XVIII y XIX y, especialmente, el mayor de los tesoros, obras de Francisco de Goya, de Murillo o de Giordano, cuadros auténticos que, inicialmente, sorprende verlos en una bodega, Evidentemente, no están junto a las botas o toneles, pero quienes visitan Tradición se llevan por el mismo precio sabiduría enológica y artística.

El punto final del viaje, aperitivo en el Tabanco El Pasaje para asistir a una actuación vivo del arte flamenco y comida por todo lo alto en un restaurante, La Carboná, donde disfrutamos de las carnes y los pescados maridados todos ellos por los vinos de Jerez, un restaurante con encanto y que recientemente acaba de modernizar sus instalaciones en la cocina para poder dar avío a un número ingente de clientes que se da cita en uno de los templos de la restauración jerezana.